Perro Negro preguntó a cinco autor@s qué lecturas recomendarían para empezar el 2017. L@s cinco basaron sus recomendaciones en lo más memorable o alucinante que leyeron el 2016, incluidos clásicos y modernos.

Lena Retamoso Urbano
Peruana, autora de varios libros de poesía entre ellos Blanco es el sueño de la noche. Candidata PhD en Hispanic and Luso Brazilian Literatures and Languages, The Graduate Center, CUNY

Siendo rigurosamente exhaustiva, dos fueron mis lecturas memorables el año pasado, y las recomiendo:

1. El libro vacío, de Josefina Vicens (FCE, 1958)
2. A Stranger to Heaven and Earth: Poems of Anna Akhmatova, traducción de Hemschemeyer (Boston: Shambhala, 1993)

Fueron mis libros clásicos favoritos porque cada uno encarna una mirada extraña en el fluir, supuestamente simple, de la existencia. José García, el protagonista de El libro vacío, es un genuino explorador de los lazos de la intimidad. El, quien en apariencia lidia como el
resto de personas con la cotidianidad, no renuncia al llamado de lo extraordinario a lo largo de las páginas de la novela.

Por otro lado, la voz lírica de Anna Akhmatova es como un salvavidas que hubiera sido lanzado a nuestro espíritu, pero no con la intención de sacarnos a flote del naufragio en el que nos pudiéramos encontrar, sino con la esperanza de que nos detengamos unos minutos a contemplar el privilegio (aunque cruel) de ser seres mortales e imperfectos.

Víctor García Ramírez
Venezolano, melómano, autor del libro de ensayos Todos cantando, todos tomando, doctorando en Literaturas en The Graduate Center, CUNY

Estas son las lecturas “alucinantes” que hice el 2016:

1. Guayabo, de Gabriela Kizer (Arte Dos Gráfico/ Esta Tierra de Gracia, 2002)
2. La sodomía en la nueva España, Luis Felipe Fabre (Pre-Textos, 2010)
3. El fin de la excepción humana, Jean-Marie Schaeffer (FCE, 2009)
4. Las cosas que perdimos en el fuego, Mariana Enriquez (Anagrama, 2016)
5. Ruega por nosotros, Alfonso Carvajal (Ediciones B, 2010)

Tenía años persiguiendo Guayabo de Gabriela Kizer. Mis amigos no lo tienen, las bibliotecas no lo prestan, Amazon no lo vende y no fui capaz de pedírselo a la autora cuando tuve la oportunidad. Por fin, no diré cómo, lo conseguí. Y, aunque tuve que devolverlo, desde que lo leí, “ni una pregunta tengo para siete respuestas” y otros versos de este poemario extraordinario me rotulan la cabeza. Es una gema. El encuentro con La sodomía en la nueva España, en cambio, fue tipo “cruising”. Una mano, completamente erotizada por Fabre, me lo metió en el bolso recomendándomelo exactamente como una amiga le recomienda a otro un buen amante: “aquí está, no lo leas, es mío”. Leerlo en el metro y releerlo en la cama me hizo la noche. Este libro no lo devolví, lo regalé, pero caerá en mis manos de nuevo.

El fin de la excepción humana es mi lectura filosófica del año. Ha sido un antídoto necesario para mi formación académica actual, pues sus argumentos me alejaron de mis presupuestos más queridos y me reconciliaron con algunas ideas sobre la cultura y lo humano que, en ocasiones, despacho con mucha facilidad. Leerlo fue como descender al Cañon del Colca donde me partí un dedo, perdí mi pasaporte y un burro casi me lanza por un desfiladero. Es decir: me encantó. Por su parte, Las cosas que perdimos en el fuego me lo recomendó un amigo en una borrachera. Bebíamos en la calle desde temprano, el sol tenía rato dándonos en la cara, él intentaba reconstruirme un cuento del libro y terminó inventando una historia inolvidable que no era de Enriquez, sino que pertenecía, descubrimos luego, a otro autor. Típico remix de lectores. En cualquier caso, busqué este libro y luego los anteriores. Desde entonces sólo puedo decir lo que casi todo el mundo dice cuando lee a esta argentina: “brillante, esa caraja es arrechísima, quiero viajar al Paraguay con ella”.

Ruega por nosotros es morbo puro. Vendida bajo la aberrante clasificación de “novela histórica” al estar “basada en hechos reales”, cuenta la historia de dos amantes sacerdotes colombianos que contraen VIH y contratan a unos sicarios para que los asesinen. No es mala: es malísima, pero por ello mismo pedagógica en el sentido que revela exactamente todo lo que no debe hacerse en la construcción de una novela. El tratamiento de la homosexualidad quiere ser tan vreivindicativo que termina siendo homofóbico. Otros asuntos como la pandemia del sida, el papel de la iglesia y el retrato de los sicarios se abordan prejuiciosamente y con una de falta de información que sólo puede clasificarse como aterradora. Sin embargo, la novela me sacó carcajadas como pocos libros en la vida. Esto por el peculiar uso del lenguaje, dado su puritanismo e ingenuidad: es como si “el niño predicador” de Youtube le explicara a todos sus seguidores lo que es el “fisting”. Para mí, es el equivalente literario de “Laura en América”. Tiene la no buscada virtud de ser una escritura televisiva de lo que no se puede mostrar en televisión, y eso es alucinante.

Amira Abouelazm
Estadounidense, feminista, escritora a tiempo completo y máster en Escritura Creativa en The New School, Nueva York

El 2016 leí estas joyas de lectura obligatoria:

1. Los días del abandono, de Elena Ferrante ( Salamandra, 2011)
2. Who Are You?, de Anna Kavan (Scorpion Press, 1963)
3. La subaste del lote 49, de Thomas Pynchon (Tusquets 2010 [1965])

He leído muchos libros contemporáneos e interesantes en 2016, pero hay tres clásicos que no me dejarán. El año pasado fue el año de las mujeres para mí: los libros que leí fueron en su mayoría escritas por mujeres o tuvieron como protagonistas a mujeres. El primer libro es uno que recomiendo altamente: Los días del abandono, de Elena Ferrante. Es una obra que tiene la cualidad de hacer que todo lo feo se vea hermoso. Me lo recomendó una profesora, a quien se le ocurrió que este libro porque iba a ayudarme con mi propia escritura, que es sobre mujeres de carácter fuerte. Me alegra haber tomado el consejo porque lo leí en dos días, con los ojos pegados a cada página de ese realismo adorable. Si el libro se llevara al cine, solo el mejor neorrealismo italiano como el de Visconti y Fellini podrían hacerle justicia plenamente. Lo mejor fue el lenguaje sencillo y directo. Por ejemplo, en la primera línea del libro se lee “Una tarde de abril, justo después del almuerzo mi marido me anunció que quería dejarme”. Una línea poderosa y directa que me hizo sentir como la protagonista, es decir, en busca de respuestas.

El siguiente mejor libro del año va para Anna Kavan y su oscuro libro maestro Who Are You? A Kavan la suelen llamar “la hermana de Kafka”, por su ambigüedad y porque resalta en sus obras las extrañezas sociales. Si a alguien le gusta el trabajo experimental, esta es la novela perfecta. Como la novela de Ferrante, aquí también tenemos como protagonista a una mujer en una situación incómoda. El personaje principal es solo nombrada como “la niña”, y su despiadado esposo es conocido solamente como “Señor Cabezadeperro”. La belleza en el lenguaje de Kavan todavía me persigue, pues pinta un retrato vívido de una chica que poco a poco va perdiendo su identidad. Cuando acabé el libro, me sentía como las aves que se mencionan al principio de la novela. Me seguiré preguntando, mucho después de leer la novela: “¿Quién eres tú?”

El último libro es La subaste del lote 49, de Pynchon. Escogí este en particular porque fue uno de los libros más retadores que he leído este año. Siendo una amante de las obras de Nabokov, naturalmente amé, también, esta novela. Pynchon no solo fue el estudiante de las clases que impartía Nabovok en la Universidad de Cornell en los años 50’s, sino que también un estudiante de su meta-estilo literario. Esta novela corta tiene como protagonista a una mujer de carácter fuerte como las otras autoras mencionadas arriba. Se trata de una detective en una poco-usual-novela de detectives. Una mujer buscando la verdad en un mundo de hombres. Una búsqueda en un mundo psicótico de la década del 60. Lo que Pynchon hace mejor es llevarnos hacia aquel tiempo remoto como si nosotros hubiésemos vivido durante esa época, de modo que todo nos parece familiar. Conoceremos a los personajes simpáticos y memorables que forman parte de una banda que obviamente está basada en los Beatles hasta a un científico alemán loco. Este libro vale la pena si estamos dispuestos a cerrar nuestros ojos y a volar en una odisea psicodélica, y cada quien encontrará su propia salida fuera del viaje. Yo aún trato de salir de ahí. Esas fueron mis lecturas viscerales favoritas para quienes amen a personajes y lenguaje bastante únicos.

(Traducción del inglés por Elena Chávez)
Gonzalo del Rosario
Peruano, estudiante del máster en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de varios libros de cuentos, entre ellos Los Socialystones.

Mis lecturas el 2016 fueron “too mainstream”:

1. La chunga, de Mario Vargas Llosa
2. Selección peruana, de Ricardo Sumalavia
3. En busca de Aladino, de Oswaldo Reynoso
4. Breve historia oculta del Perú, de Alejandro Neyra
5. La verdadera vida de Sebastian Knight, de Vladimir Nabokov
No recuerdo si mi celular se malogró o si hubo apagón y no funcionaba el router, pero acababa de llegar a mi casa de Trujillo desde Lima y en medio de la ansiedad-angustia rebusqué en la biblioteca de mi padre hasta dar con un libro corto de Mario Vargas Llosa que no haya leído. Como ando pegado al teatro elegí La Chunga. Esa mañana del sábado la devoré muy estimulado: nunca pensé que una obra tan machista, patriarcal, falocentrista y heteronominativa pudiera salir de su pluma ¡Pero si somos los inconquistables!

Un gran amigo periodista limeño-sanmarkino-larepublica me prestó su Seleccion peruana 2000-2015 de Ricardo Sumalavia, la cual leí de un tirón, como se debe. Me quedo con tres autores: Francisco Ángeles, Sergio Galarza y Claudia Ulloa, de lejos la mejor narradora del Perú actual.

Una semana antes de que Oswaldo Reynoso muriera encontré En busca de Aladino a unas miserables 15 ‘lukas’ en la Zeta Book Store (estaba escondido, flaquito y arrochado por su triste-modesta edición entre las llamadas vedettes de la “literatura peruana” actual). Lo acabé la mañana siguiente. No recuerdo mucho, pero sé que me gustó porque de lo contrario no lo hubiera leído tan rápido. Habla sobre China, Las mil y una noches y su gusto por los ‘chibolos’ en su prosa poética última.

Chambeando como corrector para una editorial emergente me tocó leer un mix de los libros Peruanos y Peruanas Ilustres de Alejandro Neyra, quizá el autor menos valorado de los más conocidos del panorama literario peruano actual. Sus cuentos “Guerrilla Gorilla Girl” (frikismo puro), “De la chicha su leyenda” (narración oral Inca en clave género) y “Cenicienta” (tributo a Chirinos Cuneo) deberían figurar en cualquier antología que pretenda ser algo más que basura orgánica. Ojo con “Breve historia (o)culta del Perú”: el humor transgresor sumado a los datos “culturosos” es igual a literatura pura y dura.

Ya en el máster que me tiene por Barcelona el profesor del seminario sobre el doppelganger nos dejó leer The real life of Sebastian Knight por Vladimir Nabokov. Qué belleza de novela. Todo un descubrimiento para una persona como yo que no suele leer traducciones. Si a alguien le gusta Borges, Vila-Matas, Bolaño, y aquellos, esta novela es una de las joyas “caletas” de quienes afirman que el mejor escritor norteamericano es ruso ¡Háganse un favor y léanla! Es contemporánea con Ficciones pero se lee como si la hubieran escrito a partir del 2000.
Claudia Jaramillo
Editora adjunta de Perro Negro en Madrid

1. Bajo el volcán, de Malcolm Lowry ( Tusquets, 2010)
2. Un artista del hambre y Un artista del trapecio, de Franz Kafka (ediciones libres en línea)
3. Pedro Páramo, de Juan Rulfo (Espasa, 2007)
4. La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (Destino, 1976)
5. Las Cenizas de Gramsci, de Pier Paolo Pasolini (Visor, 1975)

En 2016 leí algunos libros que tenía acumulando polvo en mi biblioteca y que los dejaba para después; descubrí a Malcolm Lowry con Bajo el volcán. Me pareció como un libro del pasado. Creo que ya no se escribe de esa manera y, al mismo tiempo, me parece muy actual porque está de moda la literatura basada en “hechos reales”. Volví a leer a Kafka, siempre Kafka, pero esta vez en sus diarios y dos cuentos muy cortos: Un artista del hambre y Un artista del trapecio, cuentos que relatan la precariedad laboral de una forma magistral. Y leí por quinta vez y dos veces seguidas a Rulfo con Pedro Páramo que es una obra de una actualidad aterradora; también me quité la espina que tenía con Camilo José de Cela leyendo de un tirón La familia de Pascual Duarte, una obra en la que la opresión está inmersa en lo cotidiano; también me atreví con Las Cenizas de Gramsci de Pier Paolo Pasolini porque tenía una deuda con él como poeta pero es una obra que no entendí muy bien, no sé si algo de culpa tiene el traductor o soy yo que ya no logro comprender la poesía.