La idea central bien puede ser el plan ingenioso de un artista conceptual pero al parecer va mucho más allá. Le hemos hecho siete preguntas a Mario y Olivia Flecha sobre el origen y la razón detrás del innovador Museo de las Palabras. Un museo sin paredes, sin presencia física, sin curadores, sin jerarquías artísticas y en último sin obra alguna

Andy Warhol dijo en alguna ocasión que las tiendas de departamento se convertirían en museos. No dijo lo contrario, que los museos se convertirian en tiendas de cachivaches culturales y en concurridos restaurantes y cafeterías. A lo que voy es a la transformación del museo en la era digital. Muchos predicen ya su desaparición como lo hicieron con la pintura tras invención de la cámara fotográfica, el cine cuando salió el video o el libro con el advenimiento del kindle. ¿No está el Museo de las Palabras haciéndole un guiño a la ya mencionada desaparición del museo en la era del internet y el arte virtual? 

Andy Warhol no se equivocó por mucho, las tiendas de departamento no se convirtieron en museos, los edificios de las ex fábricas de la revolución industrial sí se transformaron en museos respondiendo a la fantasía capitalista del progreso continuo. Las instituciones culturales crecieron  económicamente y sus colecciones de objetos de arte excedieron la capacidad de los edificios. Era necesario hacer algo. Si tomamos la Tate Gallery como ejemplo veremos que no satisfechos con un edificio en Pimlico, adaptaron las usinas de Southwark del otro lado del Río Támesis para su segunda institución, después se fueron a construir a Liverpool y por último a Saint Ives.

Es decir lo que fue un juego de acumulación de inmuebles y obras de arte se transformó en un monstruo capaz de devorarlos a todos porque para mantener la calidad de las muestras requiere una organización comercial-cultural capaz de recaudar  grandes cantidades de dinero.

Para ello necesitan producir mega exhibiciones que cautiven a un público sonámbulo en cantidades industriales, que después de pagar sus entradas para pasear por las salas de exhibición, compren un souvenir como una taza de té con la cara impresa de Warhol y se tomen un café con torta de banana.

Los museos no desaparecerán  simplemente porque son tan necesarios para la sociedad como el aire. El Museo de las Palabras no habla de la extinción del Museo sino por el contrario la multiplicación de los mismos bajo distintas formas y objetivos. No olvidemos que museo es, de acuerdo a los griegos, donde vivían las musas y ¿quién sería capaz de dejar a las musas en la calle?

Un museo sin paredes, sin curadores y sin un espacio físico; que existe como idea y como convocatoria. Parecería la idea de un artista conceptual compitiendo por el Turner Prize. ¿Qué tanto consciente o inconscientemente ha tenido que ver tu pasado y tu vinculación con el mundo del arte en esta idea? ¿Lo ves así o crees que no hay ninguna conexión? 

Es gracioso ya que nunca lo pensé así, nuestra idea esencial era construir una abstracción simbólica capaz de trascender la ausencia: sin libros, sin paredes y sin jueces. Es cierto que está vinculado a mi pasado alrededor del mundo del arte. Los artistas visuales nos influenciaron en el concepto del Movimiento de Liberación de las Palabras porque para ellos no existen los límites de la razón, tienen un coraje extraordinario porque lo investigan todo y están dispuestos a perseguir sus intuiciones sin ningún prejuicio.

Nuestro museo nace a través de un diálogo que tuvimos con mi hija, en el mismo adelantamos la idea de un Movimiento para la Liberación de las Palabras. La principal idea era liberar las palabras de los libros de los archivos, de películas y videos. Hemos tratado dar vuelta la noción de museo. Lo nuestro funciona como un punto de instigación no de nostalgia.

En una entrevista anterior tu apuntabas a la versión anterior del Musée Imaginaire del historiador de arte y filósofo francés André Malraux. Lo suyo iba por la democratización de la producción y consumo del arte. ¿Qué tanto se asemeja y qué tanto difiere el Museo de las Palabras con la propuesto por Malraux? 

La idea de la democratización de la producción es atractiva, sería como decir todos somos capaces de producir arte. El Museo de las palabra difiere con la propuesta de Malraux en cuanto al consumo del arte, nuestro museo no está interesado en el intercambio. Está interesado en las palabras, en ese instante que dejan de ser una aspiración y el sonido se transforma en lenguaje para luego perpetuarse en el tiempo.

¿Cuánto tiempo lleva ya el museo y que actividades o eventos se han hecho hasta ahora? ¿Cuál ha sido, en tu opinión, su mejor momento?

El museo lleva ya 8 años desde que celebramos sobre los restos de una pared de ladrillos en Jafre la fundación del mismo. Hemos hecho muchas convocatorias donde participaron gente de todo el mundo pero no tenemos maneras de cuantificar o calificar los eventos y no está en nuestro interés hacerlo.

Si es un museo sin paredes, sin curadores y consecuentemente sin jerarquía; abierto a todos y a todo lo relacionado con la palabra, ¿cuál es entonces la diferencia entre el museo y una sería de eventos locales o internacionales que se suceden de vez en cuando? 

La diferencia esencialmente es de objetivos mientras estos eventos en otros museos se producen, los organizadores tratan de tener constancia de los mismos, con discursos, fotos, premios que terminan en algún cajón archivados. El Museo de las Palabras de Jafre no promueve discursos, ni fotos, ni premios y no tiene archivos.

Hay un espacio el cual el museo, sea como sea, sí debe ocupar y es el de la red. ¿Te preocupa o altera de alguna manera lo que haces el que ya exista un Museo de la Palabra en Toledo, España, y una Casa de la Palabra o Verbum  -el vocablo latín- en Vigo, también en España?

No nos preocupa porque lo único que tenemos en común es el nombre pero nuestras actividades son diametralmente opuestas.

¿Qué tipo de convocatoría le harías a los lectores de Perro Negro? Lo pregunto por aquellos que quieran participar.

Invitamos a todos los lectores de el Perro Negro a que participen de nuestra última convocatoria para paliar la pandemia. Leer tres poemas cada día de la cuarentena. La única condición es que no halla records, ni escritos, ni fotos, ni audios, ni videos. ■

Visita aquí el inexistente pero real Museo de las Palabras