En lengua castellana, y en cualquier otra lengua, hay muy pocos poetas como el colombiano Raúl Gómez Jattin.  Autor en la tradición de los poetas malditos a la manera de Baudelaire, Rimbaud o Edgard Allan Poe. Brillante, drogadicto, pordiosero, enfermo mental y hasta donde sabemos es el único poeta que ha escrito eulogías inteligentes sobre el placer de la bestialidad.

La gran metafísica es el amor

 

Nos íbamos a culear burras después del almuerzo
Con esas arrecheras eternas de los nueve años
Ante los mayores nos disfrazabamos de cazadores
de pájaros. La trampa con su canario. De colectores
de helechos y de frutas. Pero íbamos a gozar el orgasmo
más virgen. El orgasmo maravilloso de cuatro niños
y una burra. Es hermosísimo ver a un amigo culear
verlo tan viril meterle su órgano niño
en la hendidura estrecha del noble animal. Pero
profunda como una tinaja. Y el resto del
grupo se preparaba gozoso. Gozando el placer de otro.
La gran religión es la metafísica del sexo
La arbitrariedad perfecta de su amor. El amor
que la origina. La gran metafísca es el Amor
creador de Amistad y Arte
Eso no me preparó para someter a la mujer
sino para andar con un amigo.
Amanecer en el Valle del Sinú / Antología Poética / Ediciones Fondo de Cultura Económica, Bogotá 2012