Por Sergio Sotelo

Estados Unidos es el segundo país hispanohablante del mundo. Quienquiera que lo conozca sabrá que es un territorio, hoy por hoy, bilingüe. Y quizá sea justo decir que antes de la aparición de Radio Ambulante y su vinculación a la red de National Public Radio, ese bilingüismo no había producido ningún ejemplo mediático de calidad. La creciente popularidad de Radio Ambulante y su nuevo semanario El hilo son testimonios fehacientes de que sí es posible hacer una radio sin urgencias, inteligente, global y en castellano


Nada sucede en abstracto. Las cosas siempre le ocurren a “un alguien”, cuya peripecia, además, está condicionada por unas circunstancias personales particulares, y por las idiosincrasias y los contextos casi siempre excepcionales de un lugar dado. Un lugar al menos tan concreto como su toponimia. Guayaquil. Bergen. Tapachula. 

Esto lo saben bien los creadores de Radio Ambulante, un podcast de periodismo narrativo con predilección por las historias en primera persona que, en nueve temporadas memorables, ha conseguido persuadir a sus oyentes de algo que los medios mainstream de Europa y Norteamérica, por falta de imaginación, o por cínico cálculo editorial, no están demasiado interesados en mostrar o enfatizar… Que América Latina, un orbe sociopolítico difícil de entender si no se incluye en su puzzle a ese otro país latinoamericano que integran los 55 millones de hispanohablantes de Estados Unidos, es una realidad diversa y equívoca. Mucho más abigarrada y confusa, desde luego, que el continente que retratan los titulares de prensa y ciertos clichés perpetuados por series de televisión como Narcos. Más vibrante también.

Visto el inapelable éxito que ha cosechado Radio Ambulante, que desde 2016 distribuye la prestigiosa red emisoras públicas estadounidense, NPR, era quizá una cuestión de tiempo que el equipo de producción que encabeza el novelista Daniel Alarcón se atreviera a ensayar su fórmula de “periodismo de historias” más allá de la crónica sin urgencias (que es el “subgénero” por el que han transitado la mayoría de los más de 150 episodios que están disponibles, para su escucha gratuita, en su web).

Han resuelto hacerlo con El hilo, un espacio de radio semanal de media hora que —sin renunciar a la potencia iluminadora del relato clásico— promete hacer foco en la actualidad ahora sí más apremiante de América Latina para, en palabras de su productora ejecutiva y presentadora, la hispano-uruguaya afincada en Londres Silvia Viñas, “explicar las noticias” y “ponerlas en contexto”. 

El hilo tiene una factura formal similar a la de otros podcasts ya señeros dentro del periodismo anglosajón, como sería el caso de The Daily (que produce The New York Times) o Today In Focus (The Guardian). Una fórmula con una edición de estudio muy deliberada, donde el comentario y el trabajo de reportería in situ que aportan sus colaboradores internacionales se combina, en un tempo narrativo muy controlado, con el recurso a clips de archivo y con un uso, también muy intencional, casi cinematográfico, de scorings musicales. “Esperamos que se entienda que no somos una tertulia, o un programa de radio tradicional”, me comentó hace unos días Viñas en una charla vía Skype.

Desde su estreno el último viernes de marzo, la cobertura de El hilo la dictado, irremediablemente, la crisis del Covid-19. Para tomarle el pulso a la pandemia, el podcast que co-presenta desde Ciudad de México el periodista argentino Eliezer Budasoff ha traído al primer plano informativo algunos de esos topónimos a los que uno se refería arriba, los cuales quizá no sean la elección más obvia para capturar la trascendencia del momento. 

Lugares como la ciudad de Guayaquil, en Ecuador, que ilustra de forma estrepitosa cómo el virus y la incompetencia política pueden colapsar en cuestión de días todo un sistema de salud. O el condado de Bergen, en el estado de Nueva Jersey, donde está ubicado un centro de detención para extranjeros en el que se registró uno de los primeros contagios de coronavirus entre una población en la que casi nadie repara en estos momentos funestos, los inmigrantes ilegales. O Tapachula, un municipio en la frontera entre México y Guatemala donde en medio de la emergencia han quedado varados, en unas condiciones de auténtica crisis humanitaria de improbable respuesta por parte de las autoridades, cientos de migrantes centroamericanos. 

Desde esos escenarios de la periferia informativa, recolectando las voces autorizadas de expertos y los testimonios extraordinarios de algunas personas comunes, como la atribulada dueña de una funeraria, o un joven hondureño que huía de un reclutamiento forzoso de la Mara Salvatrucha, El hilo ha contribuido en sus tres primeras entregas a hacer un relato más empático y reflexivo de la crisis, que anticipa lo mucho que podrían dar de sí estos repasos semanales de la actualidad con estilo “ambulante”.

Según Viñas, el desafío de El hilo es apostar, dentro de la infinidad de potenciales ángulos bajo los cuales cabría atender un asunto noticioso como el coronavirus, aquel que sea “diferente” y que mejor se ajuste a su propósito editorial de contar “la historia detrás de la noticia”. “No somos un daily, sino un semanal”, me explicaba Viñas, que ha estado vinculada a Radio Ambulante Estudios como productora y editora desde hace siete años. “Hay tantas ideas y tanto que cubrir, que nos encantaría salir todos los días. El reto es escoger qué cubrimos cada semana”.

El hilo empezó a tramarse hace más de un año como una colaboración entre la entidad periodística sin ánimo de lucro que Daniel Alarcón y la colombiana Carolina Guerrero fundaron en California en 2012, y El Times, el outlet de noticias en español de The New York Times. Después de que la compañía de la familia Sulzberger echara el cierre a ese canal el pasado septiembre, el nuevo show ha tenido que confiarse, para su prometedor estreno, al mismo esquema de financiación que hizo posible en su día la consolidación de Radio Ambulante. Un modelo que se nutre de subvenciones —cuatro entidades filantrópicas estadounidense respaldan El hilo— y de un sistema de membresías que invita a los oyentes a hacer donaciones regulares. “Queremos, sobre todo, mantenernos independientes y poder elegir quiénes son nuestros patrocinadores”, me dijo Viñas.

Dieciocho millones de descargas, y 150 “clubes de escucha” en 20 países, atestiguan la popularidad de Radio Ambulante. Ese público entusiasta y global que sigue sus crónicas radiales —“joven”, “profesional”, “bilingüe”, según Viñas— es a priori el target al que apunta El hilo. También, ese otro segmento que la productora ejecutiva del podcast califica como “news junkies”… Los adictos a la actualidad. 




** Si te interesa la propuesta de El hilo, puedes suscribirte a su podcast en su web y recibir cada viernes el episodio más reciente junto con un resumen de las principales noticias de la semana. Si aún no conoces Radio Ambulante, en este enlace encontrarás una selección de algunas de sus mejores crónicas.