Por Juan Toledo


Por estos días se ha vuelto una ley casi inexorable del mercado – y una ley que el Coronavirus bien puede que transforme de manera radical – que para sobrevivir como artista se requiere ser poco menos que un renacentista. Es decir: los artistas de hoy día necesitan por lo general de varios talentos en varias disciplinas. Ser unos Leonardos Da Vincis del rebusque. Pero si el ser multifaceta es una categórico imperativo de las personas que buscan vivir exclusivamente de sus creatividad, también es cierto que existen aquellos individuos que han explorado el arte desde varias plataformas y disciplinas pero sin alejarse casi nunca de una estética central. Tal es el caso de la arquitecta, artista plástica, caricaturista y versificadora Sylvia Libedinsky. 

Sylvia Libedinsky estudió arquitectura en su nativa Buenos Aires porque le gustaban las matemáticas y el dibujo, pero al mismo tiempo ha sido su inclinación por la musicalidad del lenguaje, la versificación y su ojo por lo absurdo de la cotidianidad lo que la ha distinguido como caricaturista no solo del dibujo si no también del verso irreverente y humorístico. Y es que si hay una especie de constante en el trabajo de Libedinsky es la caricatura, la mofa a costa de la realidad, la mirada irónica y burlona de los muchos de los objetos que nos rodean, así también como de los acontecimientos políticos y de las tendencias sociales del momento.

Sylvia Libedinsky

Sobretodo de Sylvia Libedinsky

Por eso resulta a la vez un poco extraño pero igualmente gratificante ver un libro como este ahora publicado. Extraño el que le haya tomado a su autora todos estos años para sacar su primer libros de poemas, Sobretodo, y gratificante por la naturalidad y la diversión que nos depara su lectura. Y es que como buena donna universale nada es totalmente ajeno a su versificación: la situación política de su país de origen, así como también la de su adoptada isla, Brexit, Donald Trump en la Casa Blanca, los papeles de Panamá enlistado las compañías y los dirigentes evasores de impuestos, las patrañas filosóficas –Significante vacío es el título de uno de mis versos favoritos, los políticos de toda índole y nacionalidad, la abdicación del rey español y por supuesto temas más personales como su supuesto origen maya-ruso o las vicisitudes de llenar la declaración anual de impuestos.    

Y aquí hemos de advertir dos características esenciales este libro. Primero su accesibilidad ya que Libedinsky en ningún momento condesciende con sus lectores, ella no escribe desde un púlpito si no desde la calle, se ubica al mismo nivel de sus lectores sin aleccionar si no sólo para comentar. Lo segundo a destacar es cierto ingenio matemático en la forma como el libro está presentado y compuesto. El libro viene acompañado de las caricaturas de Madelon Vriesendorp, el prólogo es un anticipo; frase por frase, del contenido del libro. Y encima de todo ello está la precisión cuasi arquitectónica que su presentación tipográfica requiere lo cual en sí es todo un logro. Esa presentación, hay que aclarar, es el trabajo de Ferdy Carabott quien a su vez se inspiró en los famosos caligramas de Apollinaire. 

Mientras leía Sobretodo recordé la lectura de The Golden Gate, la primera novela de Vikram Seth – escrita años antes de que se consagrara con su épica A Suitable Boy–  basada en el Silicon Valley de San Francisco en la década de los 80’s del siglo pasado. The Golden Gate es una novela en verso tan actual e ingeniosa como cualquier otra novela escrita en prosa. Otro caso de rescatar de novelas versificadas en inglés es Byrne, una de las últimas novelas de Anthony Burgess, autor entre otros de La naranja mecánica. Byrne, publicada en 1993 es una meditación sobre arte, fascismo y la no siempre explorada afiliación de Irlanda con la alemania de Hitler. En lengua castellana tenemos la poco conocida pero intrépida El cumpleaños de Juan Ángel de Mario Benedetti escrita también en verso pero sin puntuación -un recurso que Benedetti usó varias veces- lo que implica un ejercicio de interpretación por parte del lector pues al no existir puntuaciones, a momentos se vuelve impreciso quién está narrando la novela. 

Estas remembranzas tienen que ver con un deseo muy personal como lector de que Sylvia Libedinsky se anime a escribir una novela en verso y pase a formar parte de ese grupo ultra selecto de novelistas versados. Ella tiene el talento y la templanza para hacerlo, tiene esa actitud lúdica y esa capacidad versificadora de hacerlo. Es solamente un deseo. ¿Y por qué no?  Mientras tanto tenemos el deleite de Sobretodo que no es poca cosa.     


Visite la página de Sylvia Libedinsky  y escuche su entrevista en ZTR radio 

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