Por Sylvia Libedinsky
Ha tenido que suceder una invasión, la destrucción de varias ciudades en Ucrania y la muerte de miles de civiles para que el gobierno británico se lavara las manos con las que hasta hace poco recibía los petrorublos de Putin y sus acólitos

Sylvia Libedinsky es la poeta en residencia de Perro Negro. Ella es arquitecta, artista plástica, caricaturista y versificadora -a riesgo de no llamarla escritora porque quizá no le guste. Visita su página electrónica. Diseño tipográfico: Ferdy Carabott
ENTRE LOS DOS EXTREMOS…
Como siempre, Sylvia Libedinsky pone el dedo en la llaga y nos hace reflexionar. (¡Enhorabuena y gracias!!) Esta vez, no obstante, lo hace sin provocar la sonrisa que acostumbra . Tal vez por lo seria que es la situación.
Olvida, sin embargo, la autora que entre una generación (la pre revolucionaria) y otra (la monetaria) hubo otra importante generación de refugiados del viejo Imperio ruso que no era ni lo uno ni lo otro: la de los llamados (no siempre con acierto, porque no estaban todos en el mismo saco) rusos blancos. Eran los ex militares o aristócratas zaristas reaccionarios, los verdaderos blancos, pero también disidentes liberales de los bolcheviques, socialistas templados, mencheviques, burgueses asustados, e intelectuales varios (algunos ruso-judíos) que enriquecieron sin parangón la cultura, la ciencia y la sociedad del (todavía) Imperio Británico.
Sylvia Libedinsky responde:
No es que lo use como excusa
porque se que es importante
lo que me hace notar Chusa,
aunque no creo que sea parte
de la gran contradicción
en que Londres ha apoyado
expatriados tan diversos
como explico aquí en mis versos,
Y eso explica mi omisión.