Por Mateo Duarte del Castillo
Su verdadero padre biológico fue Chuck Berry y es el más conocido de todos los hijos bastardos del jazz y blues estadounidenses. Desde los Andes colombianos nos llega esta nota advirtiéndonos que -en materia de innovación musical- el rock como formato y género de la música popular parece ya haber agotado sus posibilidades. Los invitamos a leer y, de ser posible, también opinar
Si usted tiene en sus playlists a Led Zeppelin, Black Sabbath, Soundgarden y AC/DC, sabe en el fondo lo que estoy diciendo en el título de esta columna es cierto, no le gusta aceptarlo -si ya se dio cuenta-, pero es que el rock ya no tiene más para donde coger, porque llego al final de sus caminos y bifurcaciones.
Ojo, no estoy afirmando que el rock se murió, eso no va a pasar por más que quieran postearlo en redes para conseguir likes e interacciones a punta de escándalo mortuorio.
Desde hace 40 o 45 años a este género le han incorporado (afortunadamente) en cientos de bandas, sintetizadores, maracas, timbales, DJ´s, tiples, máquinas de ritmos, más cuerdas a las guitarras y a los bajos, lo han rapeado, susurrado, gritado, cantantes de ópera lo han cantado, no le han metido auto tune (afortunadamente, de nuevo), ya en el metal y sus decenas de sub géneros, lo han guturalizado en decenas, sino miles de bandas, que también lo “orquestan” con violines, se han compuesto discos enteros con afinaciones y compases extraños y/o básicos(as). En fin.
Hay cosas interesantes nuevas en sus propuestas, pero que van más por el camino del punk- post punk como IDLES, Amy and the sniffers, Viagra Boys y las Lambrini Girls, sobre todo en sus letras “antisistema”, a fin de cuentas, estos tiempos de guerras, genocidios y migrantes acorralados y expulsados de países son los propicios para hacerlo a grito herido, pero musicalmente se siente que están raspando la olla creativa.
“…pongámoslo así: cuando una orquesta sinfónica interpreta a Bach, Beethoven o Brahms, ¿no están haciendo covers?”
A ver, seamos sinceros, ir a un festival de bandas tipo Black Metal noruego, donde no se sabe cuando terminó una y entró la otra, porque las voces guturalizadas de todas esas agrupaciones hacen difícil diferenciarlas, tal vez se podría saber por los diferentes disfraces, que también son parecidos, (túnicas negras con cruces invertidas colgándoles del pecho, caras blancas con parches negros en los ojos, como mapaches adoradores de satán), pero la propuesta es la misma: En el infierno todos la pasaremos bien siempre y cuando le hayamos vendido el alma al diablo en vida.
Pero como el rock sobrevive, lo que está pasando hace ya un tiempo es la aparición de bandas que son casi de tributo y de frente en su propuesta vintage, Greta Van Fleet sonando igual a Led Zeppelin, el dúo canadiense Crown Lands a sus paisanos Rush, y los españoles Hermana Furia homenajeando estética y musicalmente a los White Stripes.
Las bandas de covers son cada vez mejores y están llenando auditorios y arenas, entonces pongámoslo así: cuando una orquesta sinfónica interpreta a Bach, Beethoven o Brahms, ¿no están haciendo covers? Bueno, eso está pasando hoy día y creo que podría ser un camino nuevo, en el sentido de hacer magia nuevamente con Queen o Black Sabbath.
Hay una necesidad apremiante, más que un nuevo horizonte para el rock y se trata de hacerse sentir en estos tiempos turbulentos. Su esencia de protesta se requiere hoy muchísimo, el rap ya lo está haciendo muy bien, pero bandas legendarias como Rage Against the Machine y sus letras de total protesta llevan décadas sin grabar nada, cada uno de sus integrantes desde sus redes condenan lo que está pasando con Trump y está bien, pero retomando un fragmento de una canción de ellos mismos que dice,” tiene que empezar en algún lado/tiene que ser en algún momento/ ¿Qué mejor lugar que aquí? / ¿Qué mejor momento que ahora?”.
Entonces por favor, señores de RATM el momento está servido en bandeja, hay que reunirse de nuevo y grabar un álbum, y cuanto antes mejor, lo necesitamos casi de urgencia.
Mateo Duarte del Castillo es artículista, es de los pocos colombianos que escriben sobre música y ha trabajo en cine y medios audiovisuales. Reside en Bogotá, Colombia y ahora nos entretiene y nos engalana con sus notas.
Imagen: cuerpo de la clásica Gibson Les Paul, Wikimedia
No Comment! Be the first one.