Por Marla Melissa Rojas
Quizá ha sido el músico de rock en castellano más influyente y icónico de la historia. Y en esta nota desde Caracas habla de un aspecto poco comentado de él: su espiritualidad y cómo esta se reflejó en algunas de sus composiciones
Si en los ochenta y los noventa eras un adolescente, seguro llevas impreso en tu mente un nombre escrito con luces de neón dentro de la historia del rock argentino y latinoamericano: Gustavo Cerati (1959-2014). Músico, cantautor y guitarrista prodigioso que sacudió al mundo del rock de habla castellana desde 1982 a través de su legendario grupo Soda Stereo con el baterista Charly Alberti y el bajista Zeta Bosio en conciertos realmente multitudinarios por estadios en todo el continente
La banda grabó su primer disco epónimo en 1984. Álbum que los daría a conocer con canciones que los posicionarían en la cúspide más allá de ser un grupo revelación del año. Entre ese Lp y el último que grabaron como la agrupación que fueron hasta 1995 (Sueño Stereo), se escribe en la historia del rock en español una larga lista de aciertos musicales. Los mismos que siguen presentes en nuestra memoria musical colectiva. Son registros sonoros que le dieron al género del rock en castellano su merecido sitio de honor sostenido en el tiempo. Logro reflejado en cada melodía, imprescindible para trascender como una de las bandas rockeras más influyentes del continente latinoamericano, de mayor innovación y resonancia, entre aquellos jóvenes que una vez fuimos y, que crecimos oyendo temas con un sonido único, nuevo para la época. Piezas que todavía hoy tarareamos.
Mucho hay que decir de Soda Stereo pero en esta nota quiero remitirme a un solo músico y ese es, por supuesto, Gustavo Cerati. Aunque estuvo dentro de dicha banda entre los años ya mencionados, Cerati se lanza como solista en 1999 cosechando un éxito aún mayor que el adquirido en su primer conjunto. Su exploración dentro de la música continuó fértil y dilatada. Le valió el reconocimiento de múltiples premios Grammys además de entrar en la lista de las 50 mejores voces del rock latinoamericano, según la revista Billboard. Su primer disco en esas lides se llama Bocanada (1999) y su último disco se titula Fuerza Natural (2009).
Hablemos entonces, amigo lector, del aspecto a resaltar en este texto.
Gustavo Cerati en tres tiempos
Definamos primero que significa la palabra fe que según la RAE es la “creencia en algo de lo que no se tienen pruebas. Ejemplo: A Dios se llega por medio de la fe, no de la razón”. Teniendo presente este ámbito meramente religioso mencionaremos de manera rasante la teoría de que Gustavo Cerati creía en la existencia de una energía asociada con una luz infinita, positiva y poderosa que lo sostenía en los momentos más necesarios de su vida. ¿Por qué? Porque nuestro cantante hace mención no solo de esa luz que nombra como presagio si no de la presencia explícita del universo y de Dios en al menos tres canciones que líneas abajo nombraremos. Tendencia que en un músico de rock llama fuertemente la atención. Pero miremos con lupa este punto que resalto.
¿Cuáles son esos tres tiempos?
Lo que he definido como tres tiempos se refiere a tres canciones, que con sus respectivos períodos de diferencia y circunscritos en diferentes momentos del cantautor, formaron parte de su inolvidable repertorio y que resalta la atención por enunciar su faro; el reconocimiento de una energía inextinguible y luminosa con mayor potencia que su propio yo.
Las canciones son: Vuelta por el universo, tema inserto en el disco Colores Santos (1992) y cuya pieza fue escrita y compuesta por Cerati y el músico Daniel Melero. Tema realizado por el dúo en paralelo a la carrera de Gustavo con Soda Stereo. En remolinos situada en el álbum de Soda Stereo llamado Dynamo (1992) y Fuerza Natural, pieza escrita por la estrella de rock y que está dentro del CD homónimo (2009); quinto y último disco del guitarrista, como solista.
Estrellas, planetas y galaxias
De ritmo elíptico, potentes riffs de guitarras y timing circular de la batería en un mood que perfectamente abarca la sensación de un recorrido por el espacio, Vuelta por el universo, propone el viaje hacia el cosmos entre su pareja y él; quien está deslumbrado por su encanto, equiparable a la atracción de todo lo existente. Su coro, homónimo al título de la canción supone una invitación a voltear la mirada hacia la grandeza e imponente belleza del orbe. El inicio de este tema dice así: “Hoy que estás espléndida / y que todo lo iluminas/demos un paseo / Vuelta por el universo / pide algún deseo”.
A su afinidad con lo etéreo, se suma la espiritualidad vinculada a la fuerte presencia en sus letras de la luminosidad y la ambientación de un oasis o lado blando de la vida. Así las cosas, en esta canción se escucha como segunda estrofa: “Nuestras almas al flotar/son las nubes más brillantes / turbulencias / Vuelta por el universo / cada vez más lejos”. En una tercera estrofa se escucha: “Entre planetas navegar /atentos a un sonido / que no cesa / Vuelta por el universo.” Palabras que refieren que ese trayecto se hace al ritmo de la propia canción donde se señala acertadamente que es un bucle musical que no para.
Con este tema queda claro la necesidad de Cerati de habitar un espacio lleno de luz (enfatizado desde la presencia femenina) y pletórico de una fuerza descomunal como el espacio sideral. Su imaginación es sencillamente sorprendente, y con la que supone evadir la realidad por unos segundos para despegar de la tierra y de una vida llena de excesos poco saludables.
Este escape cósmico termina con un coro en el que a las palabras “Vuelta por el universo” se agregan a las expresiones: “cada vez más lejos” y “todo lo iluminas”. El tema finaliza con una descarga de guitarra eléctrica.
Psicodelia musical
La siguiente canción que expresa ese habitar necesario dentro y desde la luz haciéndolo un creyente de quizás, solo a ratos, lo conforma En remolinos. Un tema que hace pensar en esos hábitos autodestructivos del cantante y que concluyeron con su vida después de presentarse en un concierto en suelo venezolano hasta ser trasladado inmediatamente a la Argentina después del concierto, donde fallecería en el 2014 tras un prolongado estado de coma.
El tema empieza con un solo de guitarra con mucho peso en el ritmo que sostiene toda la canción. En una primera estrofa, Gustavo dice: “Déjame vivir este sueño/ el mejor que he tenido/una flor/una flor/otra flor.” Cerati contextualiza de entrada, éxtasis emulado con la mayor expresión de la belleza dentro de la naturaleza. Una razón que pertenece a la botánica, como lo es una flor. Este verso lo eleva al siguiente par de coplas para reafirmar dicha premisa: “Un maestro / una causa / un efecto / Quién sabrá el valor de tus deseos / Gira el sol / gira el mundo/gira Dios / Energía misteriosa / resplandor/al soltar mi cuerpo en remolinos.” Aquí pues vale decir que para Cerati, Dios representa el mundo y dentro del universo, al astro solar y que todo ello va envuelto en una energía potente, capaz de elevarlo a ese espacio que procura establecerse en un acto de fe en el que consigue una inexplicable perfección en la fusión con su pareja. Una vez más, se decanta por el universo y por lo religioso pleno de luz. De nuevo Cerati dibuja desde su inagotable imaginación, la necesidad de vivir en una zona de absoluto confort y bienestar y que en alguna ocasión se refiriera al tema como una canción de amor; sentimiento entendido por él, «como una fuente suprema de energía». Este sentir está presente en casi la totalidad de sus canciones interpretadas durante toda su exitosa carrera, incluyendo las piezas hechas dentro de la banda Soda Stereo.
Líricas de fe
La última canción con el aspecto de la fe, definido por la RAE líneas arriba, es Fuerza Natural. Un disco que marcó solidez en su trayectoria como solista. El tema, homónimo al título del disco, menciona a Dios y lo hace dentro de un contexto que evoca las fortalezas de la naturaleza como la robustez necesaria para seguir adelante.
Quizás las letras esgrimidas aquí, de Gustavo Cerati, responden a una búsqueda personal, a un encuentro necesario con y de libertad. De sentirse liberado y escuchado en medio de su turbulenta vida colmada de excesos. Crear un paraíso emocional desde su lírica dentro de una industria caníbal que terminó por tragárselo y en la que cada una de estas canciones pareciera buscar la redención que quizás todos hayamos deseado lograr en algún momento de nuestras vidas. Quizás también sea una manera de encontrar y vivir desde la paz, también una forma de pacificar su acontecida existencia. Nuestro protagonista musical, es pues, un filántropo de la fe.
Marla Melissa Rojas, Venezuela 1974. Es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela. Trabajó en áreas como la Comunicación Corporativa, la producción audiovisual y publicitaria. Es coautora del libro Barinas tan imaginaria y tan real (Publicarte, 2014). Actualmente su carrera se ha caracterizado por desarrollar textos de no ficción y poesía para publicaciones digitales generando gran alcance de lectoría. Trabajo que se ha caracterizado por transmitir acontecimientos culturales de manera accesible, creativa y entretenida. Es colaboradora de revistas y medios digitales de Hispanoamérica. También publica en su blog cultural: Habitante Plural.
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