Por Teo Dunaljo
El deceso de Ozzy Osbourne dos semanas después de su concierto de despedida fue tan inesperado como simbólico. Fue un adios multitudinario y no deja de ser peculiar ver cómo una vida tan disipada y accidentada es tan celebrada. Ozzy, de manera improbable, se convirtió en “tesoro nacional” en Inglaterra y desde su ciudad natal esta nota sobre un aspecto un poco olvidado de la discografía de los verdaderos creadores del Heavy Metal
Cuando Black Sabbath pisó por primera vez tierra estadounidense a finales de octubre de 1970, el sueño de ese movimiento romántico tardio que fue el hipismo ya había muerto. A comienzos de mayo de ese año The National Guard había matado a cuatro estudiantes en la Universidad Estatal de Ohio. Como resultado se organizó un paro nacional estudiantil y tras la propagación de más protestas se dio la muerte de otros dos estudiantes, de nuevo a manos del National Guard, en Jackson a mediados de ese mes. Era una país generacionalmente escindido por la contracultura y la Guerra de Vietnam que actuaban como telones de fondo político y social.
Musicalmente el rock empezó a internalizar esa violencia que generó la muerte del ideal hippy. Eso se hizo particularmente visible a este lado del Atlántico. Bandas londinenses como Led Zeppelin y Deep Purple ya eran ejemplos de lo que después se llamaría Hard Rock. No así, en Birmingham y con Black Sabbath, se había empezado a cocinar un sonido de ritmos demoledores e intenso volumen acompañados de letras que hablaban de fuerzas supuestamente satánicas pero que en realidad eran himnos a la enajenación, el tedio cívico y el desasosiego juvenil. Esas letras se volverían más moralizantes que satánicas con el paso de los años y los subsecuentes albumes del grupo. Era un sonido y una estética musical que no provenía del London School of Economics (Rolling Stones), del Sutton School of Art (Led Zeppelin) or Camberwell Art School (Pink Floyd) sino de la fabricas metalúrgicas de las llamadas Midlands. Por ello ese accidente que sufrió Tommy Iommy en su último día de trabajo, como ya se ha dicho muchas veces, creó un género musical despreciado por la crítica, ignorado por las estaciones de radio pero inmensamente popular entre las hordas de jóvenes uniformados con pantalones de dril y chaquetas de cuero. La música que inventó Black Sabbath es el salmo musical de la clase trabajadora del mundo entero. Ninguna otro género musical tiene ese atractivo tan amplio y entusiasta esparcido por continentes e idiomas.
La primera persona en usar el término Heavy Metal fue el novelista norteamericano William S Burroughs, pero fue Lester Bangs quien lo empleó por primera vez en un contexto musical en sus entregas para la revista Creem. Lester lo aplicó a un estilo específico de música que él primero asoció con la canción Born to be Wild de Steppenwolf en el año 1968, el mismo en que se formó Black Sabbath. El nombre de la agrupación, incialmente llamada Earth, fue cambiado por el títiulo de una película de horror italiana de 1963 dirigida por Mario Brava con la participación de Boris Karloff. El nombre original en italiano fue I tre volti della paura o Los tres rostros del miedo que en inglés fue cambiado a Black Sabbath. Fue Geezer Butler, el bajista y principal liricista del grupo, quien sugirió el nombre con la idea de que si la gente pagaba dinero para ser aterrorizada en las salas de cine, la misma lógica mercantil podría aplicarse al rock.
Pero no todo lo que produjeron estos cuatro jinetes rítmicos de Birmingham tenía tonalidades de condena metafísica, maldad política o nihilismo moral. De hecho casi en todos sus diecinueve larga duraciones Black Sabbath dejó testimonio de melodias suaves, arpegios de guitarras acústicas y canciones de nostalgia y de soledad amorosa o existencial. A continuación una muestra.
Solitude, Masters of Reality (1971)
Uno de los dos temas suaves que aparecen en este álbum que para muchos es el mejor de su discografía completa. Una canción que temáticamente combina la idea biblíca en uno de sus libros poéticos sapenciales, Eclesiastés, y su famosa Vanita vanitatum, et omnia est vanita (Vanidad de vanidades todo es vanidad) con el del ensombrecimiento emocional que ocasiona la partida de ser amado que se ha marchado para ya no regresar. La voz de Ozzy suena diferente por un efecto de retraso creando una sensación de eco. He de añadir que en este corte, Tommy Iommy no solo toca la guitarra sino también la flauta y el piano.
Orchid, Master of Reality (1971)
La segunda “canción lenta” de este album y tema instrumental que sirve the interludio acústico. El significado metafórico o cualquier otro sobre el título de la canción, i.e. delicada flor éxotica, habrá que dejárselo a los lectores.
Fluff, Sabbath Bloody Sabbath (1973)
Otro tema netamente acústico y de nuevo un interludio y el más largo en su discografía. El título es un guiño al disc-jokey Alan “Fluff” Freeman de la BBC quien por esa época era de los pocos presentadores de radio que colocaba la música de Black Sabbath en sus programas.
Laguna Sunrise – Balck Sabbath Volumen IV (1972)
Supuestamante inspirado por una amanecer que Tommi Iommy presenció en Laguna Beach, California, tras haber estado de juerga toda la noche. Uno de los miembros técnicos de la banda, apodado Spock, le ayudó a Iommy con la orquestación pues sabía componer y escribir música. Este fue el tema musical que Alan Freeman utilizaba para la presentación de su programa musical en la BBC y de ahí el posterior tema de Fluff como ya vimos.
Planet Caravan – Paranoid (1970)
Un clásico porque está fuera del canon que impuso Black Sabbath. Es una canción que no posee una sola nota redundante o superflua. La letra fue compuesta por Geezer Butler y habla de dos amantes flotando en el espacio. La frase “The earth, a purple haze” bien pudo haber sido una alusión directa a Hendrix. La voz de Ozzy, al igual que con otras canciones suaves de la agrupación, es trabajada. Esta vez mediante un parlante Lesley para darle esos efectos de ensoñamiento envuelto en vibrato y tonos agudos. El piano fue interpretado por Tom Allen que fue el ingeniero de sonido de todo el álbum. Su atmósfera psicodélica, la voz de Ozzy, el uso de bongos y ese suave punteo de la guitarra acompañado de un bajo que tiene más de calipso lento que de metal pesado hace que Planet Caravan sea lo más cercano que Black Sabbath jamás estuvo de Pink Floyd o -si se escucha el tema con atención hasta los segundos finales- de Carlos Santana. Aquellos con inclinaciones metafísicas, pueden consolarse con la idea de que John Michael Osbourne ya es parte anónima de esa vasta y melodiosa caravana de planetas que incesantes cabalgan en círculos por el universo.
Teo Dunaljo es un escritor y uno de nuestros críticos musicales de cabecera. Reside en la ciudad inglesa de Birmingham con su novia Catherine que es actriz y cantante. Es autor de una colección de cuentos bajo el título Deja que la luna no salga.
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