Por Mateo Duarte del Castillo
Revisitamos esos "sucesos globales" que han sido Back To The Beginning y el deceso de Ozzy, corroborando el gusto global por su música. Desde Tunja, en los Andes Orientales colombianos, nos llega esta nota de cómo el muerto debió haber sido un género musical inventado en Panamá a finales de la década de los ochenta y no uno de los padres biológicos del metal
A cualquier persona en todo el mundo que Black Sabbath le haya marcado la vida (obvio, me incluyo, ese sábado 5 de julio fue la montaña rusa emocional de su vida, y parece que fueron un montón de gente y de emociones. 40 mil almas en el Villa Park más los 5.8 millones que pagaron por ver el concierto vía streaming, y será difícil calcular cuántos millones más lo vieron pirateado, pero yo apostaría que entre diez y quince.
Lo han comparado con el Monster of Rock en Moscú, con el Live Aid, y sí, fue todo eso y un poco más. Súmenle, si desean también, un We Are the World pero en vivo y un Woodstock 1994. Fue un hito en la historia del metal y uno de sus más definitivos. Así de simple.
Si Roger Waters y Gilmour no se pueden ni ver, allá ellos con sus sentimientos de hermandad y comunidad, el de la gran mescolanza de mega estrellas demostró una unión que a todos nos emocionó al punto de la lágrima, ¿Quieren ver llorar a un(a) metalero(a)? pónganlo a ver Mama I´m Coming Home cantada por Ozzy ese sábado.
La curaduría de Tom Morello fue buena, pero como nada es perfecto, obvio faltaron los System of a Down (su versión de estudio de Snowblind es bien interesante) y Megadeth y Slipknot y Iron Maiden y…en fin.
Pero por fin pudimos ver en Pro Shot a Tool, el cuarteto angelino que tiene un sonido en vivo tan imponente que a nadie le dio por hacer un pit, solo daban ganas de cerrar los ojos, oír y dejarse llevar por los riffs de 46&2. Así nos mostró la transmisión a mucha gente. Nada más que agregar, su señoría.
El presente y futuro del metal estuvo presente sobre todo con Gojira, los franceses hacen temblar hasta la atmosfera, son un terremoto y ahí sí el pit se hizo sentir.
Slayer es como esa chamarra o chaqueta llena de parches de grupos de todo metalero, que ha sobrevivido a inmersiones de cerveza y quemones de cigarrillo y la adoran. Sus canciones han sobrevivido el paso del tiempo y suenan más que bien en pleno 2025.
La presentación de Black Sabbath pues deja lecciones. La primera, si se lleva una vida tan caótica y “Stoner o junkie” como la de Ozzy…hay consecuencias, y no son muy agradables, pero su muerte jamás quedará en vano. Dicho esto, pues son Sabbath y aunque pareció que no hubieran ensayado en algunas canciones, lo importante fue ver la alineación original.
Pero con el Reguetón, el asunto es que no es difícil odiarlo, en especial lo más reciente. Sus inicios barriales en países caribeños son muy interesantes, pero por ejemplo El Tiempo de Bogotá reseñó el pasado 17 de julio la captura de un influencer por fraude electrónico y lavado de dinero, la nota termina así: ”De igual manera, en sus redes sociales posa en fotos en mansiones de lujo en El Poblado, con carros de alta gama e incluso con cantantes reconocidos de la música urbana.”
¿Sumamos 2+2? Esos influencers están quien sabe hace cuanto reclutando jóvenes para en 15 días volverlos “artistas emergentes que luchan por sus sueños”. Los disfrazan con tatuajes, ropa de colores chillones, les fabrican tres canciones igualitas, un vídeo clip con un Bugati y unas cuantas modelos en ropa interior que se amanceban “con la revelación de la música urbana” y listo.
Están de esta forma, y presuntamente, lavando plata con decenas de reguetoneros. ¿Cómo no odiar eso?
El que se debería despedir es el Reguetón de hoy día, no a bandas de rock o metal que llevan medio siglo componiendo su propia música y sin delincuentes como managers.
Mateo Duarte del Castillo es artículista, escribe sobre música y ha trabajo en cine, televisión y otros medios audiovisuales. Aparte de Perro Negro ha publicado artículos par la revista Las2Orillas. Pueden seguirlo en Instagam donde se puede apreciar su trabajo fortográfico. Reside en Tunja, Colombia.
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