Por Jorge Chartier
Es un realizador británico con una confesada pasión por Jorge Luis Borges. Desde hace ya más de dos décadas ha intrigado a Hollywood con películas tan originales como complejas. No así, Tenet -palimpsesto que en inglés significa “credo o principio”- fue poco menos que un fracaso. Pero ¿por qué?
Christopher Nolan es uno de los directores más influyentes y reconocidos del cine contemporáneo, reconocido por su estilo distintivo que combina narrativas complejas, exploraciones filosóficas y una maestría técnica. Nolan ha dejado una marca indeleble en el cine a través de una serie de películas aclamadas que abarcan varios géneros, desde el cine de superhéroes hasta la ciencia ficción y el drama psicológico. Películas como Memento (2000), The Prestige (2006), Inception (2010), la trilogía de The Dark Knight (2005-2012) e Interstellar (2014) destacan como obras maestras modernas. Sin embargo, su obra de 2020, Tenet, ha generado divisiones entre sus más acérrimos seguidores y críticos. La pregunta inevitable es: ¿Qué falló en Tenet?
Tenet, una película que encapsula muchas de las características distintivas del estilo de Nolan, se destaca por su complejidad narrativa, ambición visual y exploración de temas filosóficos y científicos. La trama sigue a un protagonista sin nombre, interpretado por John David Washington, que es reclutado por una organización secreta para prevenir una catástrofe mundial mediante el uso de la inversión temporal, un concepto que permite que los personajes y objetos se muevan hacia atrás en el tiempo. Este innovador planteamiento se refleja en secuencias de acción impresionantes y visualmente únicas.
No obstante, a pesar de su ambición y originalidad, Tenet presenta desafíos significativos para los espectadores. La complejidad de su estructura narrativa y la densidad de sus conceptos científicos dificultan la comprensión en una única visualización. Aquí surge la cuestión crucial: ¿Habría sido Tenet más efectiva como prosa escrita?
A diferencia del cine, la escritura permite una inmersión más pausada y reflexiva casi que en cualquier tipo de narrativa. Los lectores tienen la posibilidad de releer secciones, repasar diálogos y meditar sobre los detalles, algo que una película, con su ritmo incesante y limitado tiempo de pantalla, no permite. En Tenet, donde cada escena, cada diálogo y cada detalle es crucial para la comprensión total de la trama, esta limitación se vuelve particularmente problemática.
Durante la producción de Tenet, Nolan parece haber sido consciente de esta dificultad. En medio de la película, en la persecución en la carretera, el antagonista ruso Sator, interpretado por Kenneth Branagh, dice a la cámara: “Watch everything. Give me all the details” (Mira todo. Dame todos los detalles). Esta línea subraya la necesidad de atención meticulosa que exige la película. Sin embargo, para muchos espectadores, esta demanda de vigilancia constante resulta abrumadora, exacerbada por la rápida sucesión de escenas y la inserción de fragmentos de diálogos de la siguiente escena antes de que la anterior haya concluido.
Un libro habría permitido a los lectores digerir y comprender la complejidad de Tenet a su propio ritmo. La posibilidad de releer y reflexionar sobre el texto escrito habría ofrecido una experiencia más accesible y satisfactoria. Además, el formato de libro podría haber proporcionado un espacio más adecuado para desarrollar y explicar las motivaciones de los personajes y los matices de la trama, que en la película a menudo se sienten apresurados y subdesarrollados. Por ejemplo, el arco de Katherina, cuya relación y motivaciones parecen artificiales y carentes de argumentos racionales en la pantalla, podría haberse explorado con mayor profundidad y coherencia en una novela.
Pero desde un punto de vista puramente lógico, el guión no tiene ningún error mecánico. La lógica funciona, y no se necesita ser experto en física para entender las premisas que sostienen el libreto. Nolan acelera el proceso de contextualización de la audiencia mediante un enfoque que podría describirse como kafkiano: introducir un personaje que desconoce cómo funcionan las reglas del universo, mientras su entorno se esfuerza por explicárselas. Y no solo eso, el parecido con El Proceso o El Castillo se puede ver en que el protagonista, a medida que destapa una regla del universo, insiste en transgredirla, lo que incomoda al resto de los personajes y exacerba su condenamiento. Este método kafkiano (tal vez melvilliano) no solo facilita la comprensión del espectador, sino que también crea una dinámica intrigante donde las acciones del protagonista desafían y transforman el mundo que lo rodea. Así, en una escena temprana, donde Priya, una traficante india interpretada por Dimple Kapadia, le dice al protagonista: “To get anywhere near Sator, it would take a fresh-faced protagonist. And you are fresh as a daisy” (Para siquiera acercarte a Sator, necesitarías un protagonista completamente nuevo. Y tú estás fresco como una margarita).
Sin embargo, una de las mayores fortalezas del cine es su capacidad para representar conceptos complejos de manera visual. Tenet se beneficia enormemente de esto, ya que la representación de líneas temporales que coexisten y se mueven en direcciones opuestas se vuelve mucho más comprensible a través de imágenes. Nolan utiliza efectos visuales para mostrar cómo los personajes “invertidos” interactúan con los personajes normales. Por ejemplo, en una escena se muestra a dos líneas temporales existiendo simultáneamente: una que avanza en la dirección acostumbrada y otra que retrocede, ambas moviéndose en su conjunto hacia adelante. En términos visuales, esta idea se capta de inmediato, y quizás es un medio escrito sería muchísimo más complejo describir como personajes invertidos pudiesen moverse y actuar de manera opuesta a la lógica temporal. Quizás el caso más notable sería el de Alejo Carpentier en su cuento El viaje de la semilla.
Tenet podría haber sido un libro. La película, con su densidad y complejidad, demanda una atención y un análisis que el medio cinematográfico, por sus limitaciones temporales y de formato, no puede satisfacer plenamente. Como libro, Tenet habría permitido a los lectores explorar y disfrutar plenamente de la brillantez de la narrativa que Nolan quizás tomó de los genios escritores antes nombrados, y quizás hasta en qué grado de Jorge Luis Borges.
Tal vez ya llegará la hora en que algún escritor iluminado haga del cine, lo que un Andrei Tarkovsky hizo de la literatura.
Jorge Chartier Navarrete es un poeta prosista y entusiasta de la filosofía. Nacido en Santiago en 1989. Es ingeniero civil industrial de la Pontifica Universidad Católica de Chile y diplomado de la escuela de negocios de Stanford University. Su más reciente publicación es el poemario De la pluma de la vida, Ojo de la Cultura, Londres 2023
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