Por Juan Manuel Roca
Es otro de los regalos que Ucrania indirectamente le ha dado a las letras latinoamericanas. Esta poeta polaca nacida en Lviv ha sido responsable de traducir a grandes poetas latinoamericanos al polaco. Aquí una nota de nuestro poeta favorito sobre esta generosa hispanista del país de Copérnico y Chopin
Resulta un verdadero gusto presentar estos poemas de Krystyna Rodoswska vertidos por ella misma del polaco al español. Ensayista, y es bueno recordar la sentencia de Alfonso Reyes de cómo el ensayo es “el centauro de los géneros”, esta autora no da tregua a su pasión por las letras.
Nacida en un mes largamente celebrado en la poesía por autores como T. S. Eliot, un tiempo que mezcla “memoria y deseo” (1937), la autora es una de las más grandes líricas de su país. Además de periodista cultural, Krystyna posee una mirada aguda y crítica para la obra de creadores de nuestra lengua, de poetas como Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, Octavio Paz o José Revueltas, entre otros poetas de nuestra lengua.

Por estos lares ha sido participante de eventos en países como México, Cuba y Colombia y por supuesto es un referente infaltable en Polonia, su bello país. Poemas como estos y como otros traducidos y publicados en “Abajo Fuego, Arriba Fuego”, Colección Sur, o en “Nada Menos la O” (La Habana), 20O9), y en otros memorables conjuntos editados por el Instituto Estatal en Polonia, dan muestra de su decantado lirismo y de una conjunción natural de este con una prosa cotidiana, sencilla y misteriosa a la vez. Conocer su poesía es como conocerla a ella misma en su lucidez, en su discreto y agudo humor, en su generosidad.
Quiero publicar estos dos poemas traducidos por ella misma a nuestra lengua y por supuesto celebrar su afecto por nuestras letras, su aguda visión para traducir a poetas de este lejano y rumoroso entorno.
Juan Manuel Roca
§
El dia de los muertos Xochicoatlan
De los muertos me habla tal vez más la noche
aquella en Xochicoatlán.
Por las calles circulaba la gente junto con los fantasmas.
Los difuntos conocían el sendero
luminoso de flores de cempaxúchitl
que fluía hacia las puertas abiertas,
para que las ánimas, sobre todo jóvenes,
lleguen entre los suyos, vuelvan en las fotos,
quedándose, ya sin respirar, ente velas y coronas de flores.
Los de la familia, y yo, la invitada,
rezábamos con los pies, de ida y vuelta,
entre el panteón de arriba y la fiesta que no callaba.
Éramos hermanos y hermanas, paridos por Ella,
que reía sin voz con los dientes recortados
en papel de color, mientras nosotros
clavábamos los nuestros en pan de muerto
(al comerse la muerte, la saboreamos,
antes de que ella nos quiera tragar).
Xochitl, es decir, flor.
Coa-serpiente, víbora.
Tlan- lugar, en nahuatl, idioma
cuyas raíces hundidas
salían a bailar libres en el aire,
como si la Conquista no hubiera ocurrido.
El nombre mismo de Xochicoatlán
Vencía póstumo a los vencedores.
Los mortales, éramos los íntimos
de la anfitriona de esta casa.
Hasta les prestemos nuestros rasgos.
En la sede de la flor de víbora
(cuyo “rostro” me estaba siguiendo
desde la pared de mi hotel)
no nos perdemos de vista, Malquerida.
El jubilado
Por primera vez el tío Leonard(o) regresó
a su país tras casi medio siglo de ausencia,
directamente del encuentro de veteranos
de la batalla de Monte Casino
(donde él, siendo médico, fue indispensable).
Su pecho estrellado como el firmamento
resplandecía por las medallas de sus méritos de guerra.
Ahora, sentado a mi mesa de cocina,
devoraba con gusto el pan seco con mostaza
( de seguro revivía sus hambres de antaño
de un gulag en el campo polar de Pechora)
Sus cartas siempre las firmaba “ Leonardo”.
Como si hubiera querido agradecer con la última letra de su nombre
a la patria de Borges, Cortázar y Astor Piazzola,
sin haberlos leído ni escuchado. Desde lejos
tenía su mano puesta sobre el pulso de Rusia,
en español se extendía sobre la historia de Polonia,
únicamente para que en el país de los generales-verdugos
pudiera prevenir a los jóvenes del fantasma comunista.
El tío Leonardo apenas me llega al hombro.
Ya está casi sordo. Hace poco caminaba
con energía por los callejones silenciosos de San Isidro
(hace diez años subía de un salto al tren
en la estación de metro de Retiro en Buenos Aires,
ya tan célebre gracias a Witold Gombrowicz).
A la edad de ochenta y dos años
el – médico “tradicional” – aprendió acupuntura
y se volvió a casar por segunda vez a los tres meses
después de acompañar al cementerio a su primera esposa.
No quería esperar; tenía un gran apetito por la vida
( “me preocupas – escribía – deberías
tener un marido, o al menos un amante”).
El tío Leonardo en un par de días va a cumplir
noventa y nueve años, siempre practicaba
los ejercicios tibetanos de la longevidad, por lo visto
con éxito, y nadaba, nadaba en el mar,
nadaba en la piscina, en un montón de periódicos
y cartas no terminadas de leer, con más placer
se calentaba horas enteras en la playa como un lagarto,
como si hubiera querido entregarse al sol y no a la tierra.
El exceso del sol fluía de su ojo, el único
que todavía percibía algo.
El jubilado duerme bastante bien, se cuida
(en casa hay una empleada de Paraguay), vive
en su mundo, en los paisajes imaginarios,
anclados en variantes infinitos de los recuerdos de Pechora,
de Irán, Irak, Italia y finalmente Inglaterra.
„ Él quiere alcanzar los cien años “-
según lo ha formulado en su polaco inventivo María,
su mujer mucho más joven, la que no llegó al jubileo.
¿Desearle ciento cinco, o ciento diez?
¿o un encuentro en el más allá del poema?
La versión en castellano de estos poemas es de la propia autora
Juan Manuel Roca ha publicado más de treinta libros de poesía así como también narrativa y ensayo. Ha sido galardonado como periodista, pero es como poeta que ha ganado tres veces el Premio Nacional de Poesía en Colombia y también los Premios Internacionales de Poesía Casa de Las Américas, Lezama Lima, 2007 y Premio Casa de Las Américas de Poesía Americana, 2009. En el año 2014 recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia. Esta es la página de Poetry International dedicada a Juan Manuel Roca. ESte texto pareció por primera vez en Asedios a la palabra. Editorial Siglo del Hombre. Bogotá, 2015.
Imagen dentro del artículo: la portada de Ciudadano de la noche de Juan Manuel Roca en polaco traducido por Krystyna Rodowska
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