Por Redacción
En un país que hasta ahora no ha producido mucho cine, la muerte de uno de sus principales promotores, comentaristas y críticos deja ya un vació que tal vez tome algo de tiempo en llenarse. Hablamos de Colombia y de la figura del sociologo convertido en el crítico de cine non plus ultra de su país: Augusto Bernal Jiménez. Esta es una nota a la vez necrológica y celebratoria de su incansable labor
Para un país que carece casi por completo de crítica literaria o cinematográfica, el frío y montañoso Departamento de Boyacá ha producido -directa e indirectamente- dos importantes críticos en ambas artes. Hablamos de Rafael Gutierrez Girardot quien falleció en la ciudad alemana de Bonn en 2003 y de Agusto Augusto Bernal Jiménez quien hace unos días murió en el municipio boyacense de Jenesano aunque su cuna original fue Berlín, en el año de 1955.
Estos dos críticos tuvieron destinos bastantes diferentes pues mientras Gutierrez Girardot emigró a Alemania para desaparecer casi por completo del panorama cultural colombiano y a cambio ir a fustigar a lectores y críticos alemanes por su error en asumir que toda la literatura latinoamericana es una continua variación del realismo mágico; Bernal Jiménez, en contraste, nació en Alemania pero se convirtió en una de las voces más respetadas en la reflexión del cine colombiano, un país con un cine -hay que decirlo- bastante incipiente en materia temática y de producción si se le compara con las industrias fílmicas de países como México o Argentina.
Sociólogo egresado de la Universidad Nacional de Colombia e hijo de Jesús Bernál Pinzón, un ex-representante a la Cámara, ex-procurador general de la nación y también ex-magistrado de la Corte Suprema de Justicia. No es de extrañar entonces que Bernal Jiménez fuese educado por jesuitas en el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Eton College de Colombia. Ese centro educativo, a tiro de piedra del Palacio Presidencial en Bogotá, estaba también a corta distancia de la antigua Cinemateca Distrital. Fue allí donde empezó su afición por el séptimo arte pero su educación cinematográfica se consolidó y expandió estudiando sociología en la universidad pues hasta hace unos años esa fue la facultad de humanidades que siempre llevó el Cine Club de esa alma mater y siempre lo hizo con un enfoque muy europeo.
Quizá por la falta de apoyo estatal y carencia de inversión artística en su país, su labor fue exclusivamente pedagógica, destacándose como fundador y director de la Escuela de Cine Black Maria, creada en 1998 en homenaje al primer estudio cinematográfico de Edison. A través de esta institución, formó a generaciones de cineastas bajo una visión que integraba lo social, lo político y lo estético. A lo largo de su trayectoria, lideró instituciones clave como la Cinemateca de Bogotá y el departamento de cine del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO). Fue también un incansable editor y gestor cultural, dirigiendo publicaciones especializadas como Arcadia va al Cine, Arcadia Textos y Betty Blue, y coordinando la edición de la colección Historia Social del Cine en Colombia.

Bernal Jiménez creía firmemente en un cine libre y riguroso, capaz de construir memoria. Él colaboró en charlas y eventos en un cineclub llamado El Muro que por un tiempo funcionó en Black María. A través de ese foro acercó a miles de sus compatriotas al cine de Fassbinder, Pasolini, Eisenstein y también Scorsese. A raíz de su deceso, el Ministerio de Cultura de Colombia emitió un corto comunicado celebrando su labor y señalando como Bernal Jiménez “descomponía las películas para devolverlas al mundo como preguntas”. Una de sus citas más repetidas por estos días es “Estoy aquí para preguntar, no para responder” haciendo así hincapié a ese aspecto irredimible de la subjetividad de todo cinéfilo. Subjetividad que, a ojos de Bernal Jiménez, no debe ser anatema para la creación de una memoria colectiva a partir del cine.
“El último que salga que apague la luz…de la crítica“
A continuación un popurrí de observaciones sobre la crítica cinematográfica hechas por el propio Augusto Bernal Jiménez:
La función primordial de la crítica de cine, aquella de polemizar, de asumirse como función y oficio, para crear sucesos es algo pasado. Será que la crítica, ha dejado de hablar para esperar calmadamente como los comentaristas nos invaden, con sus artículos desarticulados carentes de oficio, de escritura y dejando atrás el destino del cine. Tal vez el último que salga pueda apagar la luz … de la crítica.

Las connotaciones fatalistas, son especialidad de aquellos diarios de alto tiraje donde se asume el oficio de la crítica como una necesidad más del destino, con el objeto de crearse seguridad frente al lector … amén.
La profesión de crítico, a mi santa manera, ha dejado de existir. Cohabitan los comentaristas de oficio, camuflados bajo el ropaje de críticos de cine o salón.
La hipocresía, este vicio -como decía Renoir-, sería aquello sin lo cual nosotros nos devoraríamos los unos con los otros, De igual manera, se podría crear el parangón con la crítica de cine en Colombia, donde encontrar un punto de acercamiento a esta sería aparentar un falso recuerdo, dentro de una ficción que nunca existió. La insistencia acerca de la aparente independencia de la crítica cinematográfica y ese temor a la creación de políticas o tendencias, se aprecia en la poca originalidad con que ésta se asume frente a su público: frente a la objetividad del medio; frente a los elementos universales que logre captar dentro de un contexto cinematográfico, por más elemental que este sea. De allí que se justifique un tipo de crítica con connotaciones fatalistas.
Y otra del erudito de condiciones inferiores que redescubre el cine como una función más y que frente al compromiso que se le plantea opta por ensalzar con gratitud, ingenuidad y desconocimiento por la profesión.
Más que un punto de fluctuación entre el oficio y la realidad, para la crítica de cine la aparente necesidad de crear una profesión de crítico, ha servido para inducir a los géneros de espías, esquiroles, políticos y magos de culturas desconocidas. Es esta la renovación de la crítica, la constitución de un nuevo rol : el de comentarista de cine.
Ante esta perspectiva de elevar el cine al concepto de comentario, de análisis, de narración somera, se plantea la posibilidad de generar un estilo propio que distingue la representación misma del cine como fenómeno cultural, y aquella representación de valores con respecto a la obra de un realizador. Es la invención y la contestación a un tipo de crítica banal y somera, que deja de ser específica para ser unilateral. Es la aparición dentro del contexto cinematográfico del crítico, que ensambla los diferentes elementos de la realidad en torno al autor: composición, cadencia, ritmo, privilegios y conocimiento sobre la obra.
El cine de autor, reivindicado en la crítica de autor. Es a partir de este concepto cuando se estructura un aporte teórico a la crítica de cine, constituida al mismo tiempo como estrategia e instrumento de educación, hacia ese “privilegio” vedado a muchos y elitizados por otros con respecto al concepto del lenguaje cinematográfico.
Esta política de autor es obra de un autor o los cambios radicales, casi politizados de la crítica cinematográfica, sean aquellos que consideran al cine como un todo integral. De esta forma la integración del autor frente al lector, etc. De allí que la enmienda con respecto al trabajo por los grandes clásicos, los ensayos sobre la obra de un autor o los cambios radicales, casi politizados de la crítica cinematográfica, sean aquellos que consideran al cine como un todo integral.
De esta forma la integración del autor frente a sus temas, se convierte en un punto fundamental, dentro del desarrollo mismo de la crítica cinematográfica, que complementa un estadio ritual de la misma, a través del desarrollo del cineclubismo en nuestro país. Por ejemplo, la identificación frente a un autor, que subyace casi escondido para el público, se convirtió en un acto casi de santidad entre el crítico que impulsaba su adoración y el cine club que permitía ese tipo de ceremonia, fomentando una presencia inmediata en el espectador. Era el espectáculo como conciencia y necesidad de reivindicar los autores.
La evolución de la crítica cinematográfica en los últimos diez años, marca el retorno a los someros comentaristas de butaca, el entorno de la gran crítica de los años 70s, de diversos trabajos y ensayos ha ido desapareciendo paulatinamente, se sostienen los poseedores de la esencia del cine, del santogrial de los cine clubes. Esta nueva forma de asumir la crítica bajo parámetros de vivencia urbana, de desconocimiento total y de aporte social, es lo imperante.
Este era el sentido inicial de este artículo. Crear un somero ensayo sobre la crítica de cine, como si abrieramos un álbum familiar y nos recordaramos todos cuando éramos felices e indocumentados. Disculpen el plural
Augusto Bernal Jiménez, sociólogo, pedagogo, critico de cine, editor y gestor cultural (Berlín, 1955 – Jenesano, Boyaca, Colombia 2026)
Imagen dentro del artículo: caricatura de la página de Facebook de Augusto Bernal Jiménez
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