Por Océane Ragoucy
La arquitectura es el único arte que cambia la apariencia del mundo. Jordi Colomer es un catalán cuya trayectoria artística tiene mucho que ver con el urbanismo. Su obra cubre desde las falanges utópicas de Charles Fourier hasta ideas de comunidad e identidad existentes en los recintos que habitamos. Hace poco el MACBA mostró una retrospectiva suya que abarcó desde sus comienzos en la Galeria Juana de Aizpuru y su paso por el Reina Sofía de Madrid, el Jeu de Paume de Paris, el Bronx Museum of the Arts hasta su nominación como artísta de España en la Bienal de Venecia del 2017. Reproducimos una entrevista publicada en la revista digital francesa AOC (Analyse Opinion Critique) el 31 de Agosto de este año
Condensada en “crier sur les toits” (“Gritar en los tejados”, “gritar a los cuatro vientos”), una obra icónica que invita a la ciudadanía a ocupar las terrazas para hablar, la obra de Jordi Colomer es siempre participativa. Concebida como una ciudad, la importante retrospectiva que le dedicó el MACBA, el museo de arte contemporáneo de Barcelona, ofrece también la oportunidad de realizar una mirada más teórica a la trayectoria del artista catalán.
Conocíamos la obra de Jordi Colomer en Francia desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde su gran exposición en 2008 en el museo Jeu de Paume, y esperábamos con impaciencia una importante retrospectiva de la obra del artista catalán que finalmente le dedica el MACBA, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, comisariada por Martí Peran. Sus piezas más antiguas, de principios de los años 90, se despliegan junto a las más recientes en una brillante escenografía sin jerarquías donde deambulamos sin fronteras o intentando orientarnos en un mapa como si viajáramos por una ciudad desconocida. Conocíamos sus famosos Anarchitekton (2002-2004) donde un personaje cargaba literalmente en brazos con edificios montados sobre un poste en Barcelona, Bucarest, Brasilia y Osaka, Crier su les toits (2011), ofreciendo a los ciudadanos ocupar las terrazas de los tejados para hablar o incluso su auto rematado con un neón ¿No? ¡Future! imaginado para la ciudad de Le Havre en 2006. Estas piezas icónicas se codean con más de cincuenta otras instalaciones, maquetas, vídeos, performances y otros proyectos, cada uno más apasionante que el anterior, que cuestionan con humor e ironía temas tan profundos como el nomadismo, la periferia, la comunidad, la ficción y los límites de la utopía.
Actualmente se está celebrando en el MACBA una gran retrospectiva de tu obra. Recordamos tu retrospectiva en Francia en el museo Jeu de Paume. ¿Cómo es posible que las instituciones españolas hayan esperado tanto para dedicarle una gran exposición?
La exposición del Jeu de Paume data de 2008, hace ya mucho tiempo, viajó luego a México y a España, a la Panera y previamente en 2005 se presentó en el museo Patio Herreriano de Valladolid la exposición que venía del IAC de Villeurbanne. Jean-Louis Maubant, que era el comisario, me habló de una retrospectiva a mitad de carrera, mid-career retrospective como dicen los anglosajones, y me convenció. La verdad es que el MACBA me propuso hacer esta exposición durante cinco o seis años y me resistí a la idea. Si finalmente acepté es principalmente porque allí se presentan tres nuevas piezas. Lo curioso es que entonces vivía en un apartamento en la esquina de la Plaza dels Àngels, donde se encuentra el MACBA. Podía ver el museo desde mi despacho en el tercer piso y me entusiasmaba mucho la idea de poder construir una escalera que te llevara allí arriba y convertir esa habitación en una sala más de la exposición. He intentado hacer una retrospectiva singular, sin orden cronológico, para ver cómo funcionaban piezas que a veces tenían treinta años de diferencia colocadas a pocos metros de distancia. El montaje de la exposición me sorprendió, fue el momento que más me agradó y el que más disfruté. Aparecieron nuevas perspectivas y relaciones inesperadas. En esta exposición hay tantos recorridos como visitantes.
Cuando dices “montaje de la exposición”, pienso inmediatamente en montaje cinematográfico. No todo el mundo se imagina montar una exposición como montar una película, pero eso es lo que pareció ocurrir en este caso…
Cierto. A veces narraciones no planificadas surgen de forma natural. En el espacio expositivo, la idea era recrear la lógica de una ciudad, pero también la de una feria. Hay calles, callejones, avenidas, plazas donde perderse. Hay atracciones, chiringuitos, este tipo de arquitectura efímera, un poco precaria.
Vemos el entrelazamiento de dos tipos de arquitectura: la que aparece en las propias obras y la de las situaciones expositivas que, con las gradas, el mobiliario y su disposición, se enfrentan…
La instalación X-Ville, retoma libremente algunos temas expuestos por Yona Friedman… En mis piezas siempre existe esta idea de participación. Es una palabra un poco compleja, creo que mi trabajo al final también cuestiona el papel del habitante, su rol como participante. En mis instalaciones suceden ciertas cosas en la pantalla, hay ficciones, pero también suceden cosas en el propio espacio expositivo. Podemos simplemente observar, por ejemplo, la forma en que otros se instalan allí, esto me parece importante. `La instalación X-Ville, retoma libremente algunos temas expuestos por Yona Friedman… En mis piezas siempre existe esta idea de participación. Es una palabra un poco compleja, creo que mi trabajo al final también cuestiona el papel del habitante, su rol como participante. En mis instalaciones suceden ciertas cosas en la pantalla, hay ficciones, pero también suceden cosas en el propio espacio expositivo. Podemos simplemente observar, por ejemplo, la forma en que otros se instalan allí, esto me parece importante.
¿Por qué “participación” es una palabra difícil?
La palabra participación puede tener un lado un poco demagógico, ¿no? La participación suele ser tramposa. Cuando hablamos de participación parece también que hay algo que está dirigido. La mayor parte de mi trabajo busca dejar espacios abiertos. Lanzo una idea, una especie de marco dentro del cual lo inesperado es posible. Cómo sucede depende de otras personas involucradas. En la exposición se encuentran dos piezas que datan de 1991, Operetes, están entre las más antiguas ubicadas en la entrada de la sala y que están formadas por soportes metálicos sobre los que se instalan carteles de madera, con escrituras. En ese momento yo estaba haciendo escultura, y quería abandonar mi propia escritura, que empezaba a ser reconocible. Invité a mis vecinos del taller, gente que trabajaba con plásticos, un electricista, los que construían las piezas metálicas gente que trabajaba en el barrio de hecho y les pedí que escribieran nombres de profesiones y animales para crear los personajes de un potencial opereta. Las señales funcionaban de manera muy similar a las señales de tráfico. Al comienzo de una obra de teatro, siempre hay una lista de personajes, esa era la idea. A partir de ahí podríamos imaginar las relaciones entre estos personajes. En 1991 ya tenía la idea de invitar a otras personas. Todo esto creaba un marco bastante abierto para una posible obra de teatro. En la exposición nos damos cuenta de que mi modo de actuar finalmente, no dista mucho del de hace treinta años.
Cuando habla de espacio abierto, ¿es en el sentido de “obra abierta” de Umberto Eco?
Podría ser, lo leí hace mucho tiempo. Es cierto que este concepto fue muy importante en su momento. Pero lo digo más en un sentido práctico. Doy reglas dentro de las cuales suceden cosas inesperadas. Y en algún momento, las reglas mismas pueden cambiar.
Me gustaría que habláramos del tema de la comunidad. Me parece que hace tiempo que usted reivindica un trabajo sobre las comunidades y la forma en que se crean. Al mismo tiempo, en Francia es un término que a menudo es criticado por deslizarse hacia el comunitarismo. Como catalán, ¿cómo lo ves?
En Francia el comunitarismo ha adquirido incluso una connotación negativa ¿verdad? Es una palabra compleja. Creo que también podemos hablar de un grupo. Un grupo dura un tiempo determinado, es algo efímero y como el tiempo es limitado las cosas tienen más intensidad, más libertad, aunque siempre haya conflictos y problemas.
¿En España el término comunidad adquiere un significado diferente?
No creo que la comunidad esté necesariamente vinculada a la identidad. La identidad es algo muy problemático me parece. Creo que lo ideal es cuando se crea un grupo (o una comunidad) por voluntad de las personas que quieren unirse. Cuando hablamos de comunidad, muchas veces esto viene definido desde afuera, ¿verdad? Si nos preguntamos por la pertenencia temporal, creo que tenemos mucha más libertad para integrar grupos muy heterogéneos. En mi pieza L’Avenir, por ejemplo, un grupo recrea un modelo de falansterio transportan también una maqueta del mismo. Todo sucede en un nivel ficticio. La forma en que se creó el grupo fue completamente aleatoria. Algunas personas trabajaban conmigo en ese momento, había italianos, franceses, una chica del País Vasco… Fuimos al delta del Ebro, la región del arroz del sur de Cataluña. Allí conocimos gente a las que invitamos a integrar el grupo. Les describí en cinco minutos qué era un falansterio y de repente hubo una especie de entusiasmo. Vino gente, trajeron a otros…todo funcionó muy orgánicamente. En el falansterio, Fourier, precisa los porcentajes de personas que deben formarlo, un 15% de melómanos, un 10% de ricos, etc., las proporciones eran muy deta- lladas. Se trataba aquí de improvisar una comunidad utópica.
¿De donde surge su interés por el falansterio de Charles Fourier?
Proviene de una historia personal, una completa coincidencia. El anarquismo fue muy importante durante el período de la República, y durante la Guerra Civil en España, pero en cierto modo desapareció con Franco y el exilio. Cuando tenía trece o catorce años, justo después de la muerte del dictador, hubo una especie de explosión política, en todos los sentidos de la palabra. En ese momento mucha gente empezó a regresar del exilio, por ejemplo Federica Montseny, la única ministra anarquista en el gobierno de la República dejo para reflexión paralela esa contradicción. Destacó un evento en particular, Las “Jornadas Libertarias” que tuvieron lugar en Barcelona, en el Parque Güell de Gaudí, durante una semana [en 1977] y en las que participaron personas más o menos cercanas a la ideología anarquista en sentido muy amplio. Participaron más de cien mil personas. Durante esas “jornadas libertarias”, se vendían también libros, en una paradita vendían libros de Charles Fourier. Fui allí con un amigo y dijimos: “¡Oye! Socialismo utópico, que interesante…” Compré el libro y alguien se acercó por detrás diciendo que lo habíamos robado. No era cierto pero se reunió mucha gente a nuestro alrededor y empezaron a discutir animadamente sobre “robar”. Algunos decían “el robo es revolucionario”, otros hablaban de “ la propiedad.”… Desde entonces, Fourier es un personaje que me interesa, también su lado un tanto misterioso, un comerciante que trabajaba durante el día, escribía todas estas utopías increíbles por la noche: una comunidad reunida fuera de las ciudades en un edificio de más de mil personas. El vínculo entre estas personas era un principio lógico universal y cósmico: la atracción pasional. También lo reivindicaron los surrealistas. Lo más impactante de Fourier es que lo tenía todo planeado. La Unité d’habitation de Le Corbusier se inspira directamente en el falansterio de Fourier: un edificio autónomo, fuera de la ciudad, que se organiza por si mismo … Fourier es divertido porque sugiere soluciones para todo. Como la comida es muy importante en los falansterios, por ejemplo, no habla tanto del placer de la comida sino de lo que hace falta para organizarla. Imagina por ejemplo que todo sucederá como en la ópera con mesas magníficamente dispuestas que bajarán del techo y ¡listo, desaparecerán al final del banquete! Como consideraba que a los niños les gusta jugar con la basura, serían los niños quienes estarían encargados del tema limpieza…

Según Fourier los niños serán los encargados de recoger la basura !
Las jornadas en el falansterio están organizadas con mucha precisión: a las seis de la mañana, recogida de fresas. Después enviamos cartas utilizando palomas mensajeras. Luego pasamos un momento en la biblioteca, luego hay intercambios pasionales… El día entero organizado con todo detalle, como un reloj. Algunos seguidores intentaron llevar a la realidad los falansterios, con evidente dificultad y muchos fracasos. Creo en todo caso que el planteamiento utópico, abre la posibilidad de pensar sin límites y de imaginar otras formas de organizarse. Creo que en este sentido la utopía es útil al pensamiento humano porque nos permite ir más allá. La imaginación no tiene límites.
Y tu trabajo, ¿está en la utopía?
Son utopías que duran muy poco tiempo. Algunos grupos o acciones duran un día o una semana. Es un poco como una fiesta, la posibilidad excepcional de querer hacer algo que nunca tenemos ocasión. Registrar imágenes de todo ese momento y el hecho de que algunas personas ciertamente lo vivieron quizás pueda servir para imaginar otras posibilidades.
¿Quieres decir en la vida?
Sí en la vida. Tú eres arquitecta… Las arquitectas siempre acaban pensando la utopía y sus límites, ¿no? La utopía también puede tener una connotación negativa porque puede significar “algo imposible”. Creo que esta contradicción, este doble sentido de la utopía es útil. La utopía sirve para hacer avanzar las cosas.
¿Dijiste que los surrealistas reivindicaron a Fourier?
Los surrealistas reivindicaron a Fourier, André Breton llegó a escribirle una larga Oda. La escritura de Fourier parece a veces el guión de una película, con situaciones a veces aparentemente absurdas. Describe con todo detalle escenas de esa vida futura. Hay una fuerza de imaginación en Fourier, un poco como Loyola por ejemplo…Cuando André Breton viajó al Oeste Americano y estuvo en contacto con los “Pueblos”, Fourier se le apareció como el único filósofo occidental que tenía algún sentido…
Entonces, ¿para ti sus escritos se parecen a un guión, al texto de una obra de teatro?
¿No crees que los arquitectos siempre imaginan cómo se comportarán las personas dentro de un espacio cuando diseñan un proyecto? Se dicen: “la gente irá a este lugar, allí encontrará a otros, aquí se instalará, estará cómoda, este lugar es un pasaje…” Entre imaginar usos y un pensamiento dictatorial donde nos decimos “la gente debe hacen esto, deberan comportarse de tal manera”, creo que cabe también la posibilidad de imaginar maneras de organizarse y en particular posibilidades en la organización del espacio. Esto puede crear también espacios de libertad.
En 2018 fundaste La INFINITA de l’Hospitalet, un lugar en Barcelona que sigue funcionando…

Sí. Otra palabra que aparece frecuentemente en mi trabajo es nomadismo. He trabajado en muchas ciudades y países diferentes, con diferentes grupos, pero en un momento me dije que tal vez deberíamos hacer lo contrario, tener un techo sobre nuestras cabezas y acoger a la gente durante un tiempo determinado, de un día a tres meses, depende. Tenemos suerte de que nuestro lugar sea grande. Hay tres apartamentos pequeños, una cocina, otra habitación y una sala grande que sirve para todo: una sala de ensayo donde podemos construir cosas, también es donde hacemos presentaciones públicas.
No somos una institución y eso no es lo que queremos ser. Por eso la gente se siente cómoda presentando cosas en público porque no hay presión, siempre puedes rehacer y seguir trabajando. Teóricamente, la idea era establecer un vínculo entre las artes visuales y las artes escénicas. También hay gente que viene del teatro, de la música…
Si no es una institución, ¿qué es? ¿Un lugar para crear?
En la web dice que es un laboratorio de creación y producción. Quizás la palabra “laboratorio” tampoco sea perfecta, pero existe la idea de que es un espacio donde puedes probar cosas. Hay una compañía que realmente queremos mucho, que casi empezó aquí. Ya crearon tres piezas en la Infinita. Hoy son reconocidas en un circuito de “teatro experimental”, se llaman Las Huecas.
En tus obras reivindicas el nomadismo pero tenemos la impresión de que son las arquitecturas las que se mueven con los usuarios. En última instancia, es un lugar fijo que la gente va transformando con el tiempo. ¿Sería entonces un nomadismo de usos?
Sí, cambia cada vez. Mi pareja, Carolina Olivares, está muy implicada en el proyecto y últimamente es ella quien realmente se ocupa del mismo. Nos dijimos que teníamos que hacer seis proyectos al año, que ya es mucho. También hay otros eventos que duran un día, una noche, la gente viene a ensayar durante una semana… Es un lugar abierto y nos gusta que esté habitado, que se use. Yona Friedman decía que los cubiertos que tenemos en casa –el cuchillo, el tenedor, etc pasan veinte horas en un cajón donde nadie los utiliza. Tenemos la idea de un cajón abierto que la gente pueda utilizar en lugar de permanecer a oscuras, en las sombra del abandono. Es un espacio para ser utilizado.
En una entrevista en AOC, Lorenzo Romito del colectivo de Roma “Stalker” nos dijo que para él el urbanismo estaba obsoleto. ¿Qué opinas?
No me parece. Pensar en las ciudades y su organización no me parece nada obsoleto, sino cada vez más necesario. Creo que debemos repensar lo que tenemos en mente cuando usamos la palabra “urbanista”. En mi opinión, la mayoría de las veces los urbanistas deberían ser los propios habitantes. Parte de mi trabajo refleja la forma en que los habitantes transforman las ciudades, la percepción que tenemos de ellas, las posibilidades imprevistas que se producen en espacios pensados para otros usos… Podríamos hablar- por ejemplo del skate. En el MACBA los skaters se instalaron en la plaza, lo que ha generado polémica desde la inauguración del museo. En Instagram utilizan el hashtag #macbalife. Todos los patinadores del mundo lo utilizan. Hay personas que consideran que esto es un problema, pero yo no veo cuál es el problema. Creo que animan y dan mucha energía a este museo. Que se haya convertido en un lugar de encuentro es un éxito, al menos en el exterior. Y nadie lo había planeado. Cuando se imaginó la plaza y el edificio, el barrio estaba formado por pequeños callejones, había dificultades en el barrio. Este museo fue construido para gentrificar de algún modo el barrio. Según ciertas teorías urbanísticas, un museo de arte contemporáneo en medio de una ciudad debería tener efectos positivos, pero siempre hay usos imprevistos, es lo que en mi opinión hace que una ciudad sea interesante.
Y al mismo tiempo, los estudios de género urbano muestran que el skate es una apropiación masculina del espacio público…
Sí, es cierto…
También evita otros usos por parte de otras personas. La filósofa Joëlle Zask diría que no deberíamos hablar de apropiación del espacio sino de usos en otros lugares. En cualquier caso, el skate, a través de la velocidad y la práctica, previene tanto como permite pero quizás las condiciones sean diferentes hoy que cuando se construyó el MACBA. Me pregunto si el skate sigue siendo tan bienvenido en los espacios públicos hoy en día…
El MACBA se construyó a principios de los años 90. Sobre estas reflexiones a partir del skate, cabe citar a Beatriz Colomina y Paul Preciado que trabajaron hace mucho tiempo sobre la sexualidad y el espacio. Es obvio que los usos implican cuestiones de género… Hoy en día, la plaza es objeto de un proyecto de remodelación pero siempre ha tenido mil usos diferentes siendo una de las únicas plazas del barrio se utiliza para las celebraciones de la independencia de Filipinas, para ferias gastronómicas, eventos infantiles, mítines políticos, etc. Cada fin de semana, mucha gente viene allí a tomar cervezas. Se produce por tanto una convivencia con los skaters.
¿Tienes todavía ese despacho con vistas a la plaza?
Ya no tengo ese despacho, me mudé.
Por eso la exposición se queda dentro del museo.
¡En la exposición hay gigantes! En Barcelona todos los colegios y barrios tienen gigantes, pero ni el MACBA ni la plaza los tenían. No quería decidir yo mismo cómo serían pero organicé un taller con niños de una asociación muy conocida del barrio del Raval llamada Casal dels Infants que acoge a niños de más de cuarenta nacionalidades diferentes. Les expliqué el proyecto, empezamos dibujando, luego hicimos modelos en plastilina y de esas propuestas elegimos dos y los construimos a escala gigante. Se trata, pues, de gigantes que nacieron para el MACBA y para la Plaza dels ángels. Encima de la puerta del MACBA hay un pequeño balcón, muy formalista, muy corbusiano, que realmente nunca se había utilizado, la pregunta sería ¿quién saldría a ese balcón, para hablar con quién? ¿Qué significaría el arte contemporáneo dirigiéndose al barrio? En definitiva, la idea era tener un gigante o giganta en el balcón y otra en la plaza. Al principio bailaron, dialogando y al final se reunieron dentro del museo. Esta es una de las nuevas obras que quería hacer para la exposición, en relación al edificio y esta plaza que conozco bien. Este edificio de Richard Meier aterrizó en este barrio y bien podría haberlo hecho en Los Ángeles o en Alemania, poco importa. Es un objeto muy icónico que todo el mundo conoce pero que tiene un interior y un exterior. Algunas personas conocen el MACBA pero nunca han esta- do dentro, por lo que existe una separación muy clara.
¿Estos gigantes seguirán siendo los del MACBA?
Mira, esto… no lo sé. El 24 de septiembre, final de la exposición, tiene lugar la Fiesta Mayor de la Ciudad de Barcelona, la Mercè. Suele haber una reunión de gigantes. Hace unos años utilizaban el espacio del MACBA, pero ya no. Estoy en conversaciones con ellos porque propusieron que se volviera a realizar en la plaza, así que me gustaría intervenir, pero eso plantea preguntas… ¿Se trata de la llamada cultura popular o es el elitismo del arte contemporáneo? ¿Hasta dónde llega todo esto? Son gigantes pero un poco raros, bailan como los demás pero vienen de otra tradición.
Esto también cuestiona el lugar del arte en la calle, uno de tus temas favoritos. Has trabajado mucho con actores no profesionales y la mayoría, si no todas, de tus obras están filmadas en espacios públicos…
En una de las salas del MACBA reuní tres proyectos que están separados entre ellos por unos diez años. Uno tuvo lugar en Noruega en Trondheim, otro en Módena en Italia y el último en España en Castellón. Yo los llamo el tríptico de las “tradiciones inventadas”. Se trata de recuperar fiestas que existieron en el pasado en el caso de Noruega o inventar fiestas en la calle como si siempre hubieran existido o que van a tener continuidad en el futuro. Me gustaría desaparecer como autor de estos proyectos y que se convirtieran en una tradición autónoma, de la que se apropiaran las ciudades. Los tres proyectos funcionaron muy bien pero siempre está el tema “esto viene del arte contemporáneo». En Módena participaron más de quinientas personas. Que una fiesta forme parte de las tradiciones de una ciudad no es algo que se pueda decidir. No podemos instituir que tal celebración tendrá lugar en tal o cual día, son los vecinos quienes deben decidir. Por mi parte he probado de organizar y literalmente inventar tradiciones o fiestas populares.
En Barcelona hay muchas fiestas de barrio, ¿no?
Sí. Las tradiciones se repiten, pero evolucionan. Se produjo una renovación de la figura de los gigantes tras la muerte de Franco. Antes se representaba a los nobles, a los caballeros, a la reina, luego empezó a haber personajes populares: tal comerciante, tal mujer conocida en el barrio, personajes importantes pero no desde el punto de vista aristocrático. Se ha producido una renovación pero creo que aún quedan cosas por hacer. Es muy interesante ver cómo cambian estas imágenes.
Y así participas en esta renovación.
Pregunté a los niños del barrio de diez a doce años qué gigantes les gustaría tener para su barrio.
El título de la exposición es Façana Foto Festa Futur Fideus… porqué los Fideus?
Los fideos son de hecho, la única palabra del título que es un poco diferente en otros idiomas (nouilles, noodles). No quise traducirlo porque me parecía bien que la gente se preguntara que es. ¡ la idea es la de mezclar las cosas como en una sopa de fideos!
Océane Ragoucy es arquitecta y curadora. Esta entrevista fue originalmente publicada en francés en AOC. el 31 agosto 2024. La revista original puede leerse aquí. La revista española El Cultural recientemente declaró esta exposición de Jordi Colomer como una de las mejores del 2024 después de Lee Byars y Hilma af Klint
Agradecemos a AOC y a Jordi Colomer por otorgarnos el permiso de publicar le entrevista. Y también a Norma Lejop por su trabajo en la preparación y transcripción de esta entrevista en Francés.
No Comment! Be the first one.