Quienquiera que haya visitado Londres sabe que los músicos callejeros –buskers– son una de las características de esta urbe. En esta séptima entrega les ofrecemos versiones de tres temas musicales bastante bien conocidos pero interpretados en un colegio, una calle y una cantina respectivamente. Todas son grabaciones expontaneas de la diversidad musical de la ciudad

En la década de los 70 y 80 muy pocas personas admitían abiertamente su gusto por ABBA. Musicalmente hablando, el cuarterto sueco era el secreto sucio de no pocos melómanos del pop pero asimismo de algunos rockeros curtidos. Coldplay, el grupo londinense liderado por Chrtis Martin, es hoy día una de esas bandas que la gente ama odiar. Denigrados en entrevistas y comentarios públicos pero secretamente admirados no solo por sus canciones líricas, altamente melódicas y llenas de optimismo sino también por sus electrificantes actuaciones en vivo. Clocks es uno de sus temas más tempranos y emblemáticos. Afortunadamente los adolescentes de una escuela del sur de Londres no parecen sufrir de esa pueril antipatía. Esto fue grabado durante una asamblea de estudiantes de quince años de edad al final de su año escolar.
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Otra londinense, también cantautora e igualmente con uno de sus primeras canciones pero en este caso ella es de una clase social mucha más modesta que la de Chris Martin. Adele nació y creció en West Norwood en el sureste de Londres antes de que ese barrio fuese aburguesado. De hecho aún no es del todo burgués. Quizá eso lo salva pero también por eso sea que ahora Adele reside bajo el perenne sol y los atascos californianos de Los Angeles. Esta versión, estrictamente instrumental, es interpretada por un busker apunta de los soplos y las llaves de un saxofón. Fue grabada en la congestionada estación de London Bridge no muy lejos de donde se crió la extraordinaria compositora y vocalista.

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No hemos salido de Londres, de hecho seguimos en West Norwood, pero en vez del colegio o la calle aquí estamos en una cantina construida al lado de un café italiano donde los clientes se refugian después de que el café cierra sus puertas y el capuchino es remplazado por vino tinto y cerveza italiana. Lo que sí hemos cambiado es de continente y de idioma. Lágrimas negras en un bolero de desamor compuesto por Miguel Matamoros en esa sin igual cuna que ha engendrado tanta de la música que disfrutamos y admiramos en el continente latinoamericano: Cuba. La interprete es una colombiana que trabaja de enfermera para el NationaL Health Service británico y quién de alguna manera ha convencido a un par de colegas ingleses y un vecino de que era buena idea salir a tocar y cantar boleros cubanos en cafés y cantinas anónimas del sur de la ciudad. Si nos preguntan, nos parece una idea mágnifica.
Esta séptima versión de Paisajes sonoros se logró con la colaboración de hijos, de colaboradores y de nuestro editor.
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