Por Teo Dunaljo

La agresión rusa contra sus primos hermanos ucranianos ha cumplido ya ochocientos días de duración. Es una guerra que hemos comentado a tráves de la música rock antibélica, contra Putin y también con una muestra de poesía ucraniana contempóranea. Esta nota puede leerse como una genealogía de la forma en que Rusia ha sido percibida por músicos británicos en el último medio siglo


El 22 de junio del 2002 se estrenó en el National Theatre de Londres la primera parte de una trilogía escrita por el dramaturgo Tom Stoppard sobre la Rusia decimonónica de mediados de siglo. La obra era The Coast of Utopia y el personaje principal es el intelectual y exiliado ruso Alexander Herzen. Herzen, quien vivió por años en Londres, creó y editó la Free Russian Press, una revista y casa editorial que desde la capital británica buscaba promover «la voz sin censura alguna del pensamiento ruso.» Cuatro años después Stoppard estrenaría Rock ‘n’ Roll en el Royal Court Theatre de Londres. Un trabajo sobre la importancia del rock ‘n’ roll en la emergencia del movimiento socialista y de contracultura en la antigua Checoslovaquía que se dio en Praga entre 1968 y la «Revolución Terciopelo» de 1989.

The Coast of Utopia es magistral y gira sobre dos temas centrales: los usos que se le deben dar al pensamiento crítico y la libertad personal, así como también la intrincada idea de la «identidad rusa.» En el caso de esta última Stoppard no lo hizo de una manera abstracta ya que en la obra teatral explicitamente se plantea la pregunta: ¿podemos considerar a Rusia como una nación europea? Herzen se oponía vehementemente al atraso social y económico de la Rusia zarista y sus publicaciones querían agenciar cambios en su país nativo. Por ello que uno de sus figuras de adoración fueron los millones de siervos rusos que sobrevivían en una pobreza casi abyecta bajo los Romanov.

Recopilando y escuchando canciones de rock que tratan directamente el tema de Rusia -hay más que lo hacen indirectamente- nos percatamos que los temas de libertad e identidad, tal y como los aborda Stoppard en su quehacerde dramatúrgico, han estado vigentes desde que los Beatles grabaron Back in the USSR en el otoño de 1968. Los temas escogidos, creo, representan las diferentes actitudes que han prevalecido en Occidente sobre Rusia, desde el cliché icónico de Boney M y su Rasputin hasta las desgarradora crítica histórica de The Waterboys con la historia de un joven regresando de la guerra después de haber estado en la toma de Berlín con el Ejército Rojo.

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Back to the USSR, The Beatles

Es el primer corte del famoso álbum The Beatles, conocido mejor como The White Album. Es un breve número rockanrolero de menos de tres minutos concebido por McCartney a modo de respuesta paródica a ese tono patriotero que había sido Back to the USA de Chuck Berry. La canción también contiene un remedo del sonido californiano de The Beach Boys. Se trataba de bastardizar esos sentimientos nacionalistas de superioridad que Berry expresaba cantando lo bueno que siempre es regresar a los Estados Unidos después de visitar países menos afortunados: «I’m so glad I’m living in the USA.» McCartney lo convierte en la historia de un espía ruso que regresa a casa después de pasar un tiempo trabajando en Estados Unidos. El número empieza con el ruido de un avión aterrizando. La forma positiva en que The Beatles presentó a Rusia les generó críticas por ser «simpatizantes» del comunismo. Los liverpulianos fueron castigados tanto por la derecha como por la «nueva izquierda.» Sí, esa izquierda que ya para esa entonces estaba desilusionada con la Unión Soviética. Para no pocas personas fue como si la canción hubiese sido compuesta por John Lenin y Pavlov McCartney. Lo evidente es lo relevante que eran The Beatles como figuras públicas en aquella entonces y el coraje y el humor que mostraron al componer una canción como esta en plena furor de la Guerra Fría. Dos cosas más: hoy día escuchamos la parodia de The Beatles con mucho más asiduidad que la canción de Chuck Berry; lo otro es que en este tema quien hizo la percusión no fue Ringo Starr sino el propio Paul McCartney.

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Rasputin – Boney M

Habrá quienes disientan pero disco puede verse como un gran predecesor de la música electrónica y Alemania fue la partera de ambos géneros. Los dos no cuentan con mucha improvisación pero sí mucha producción. Boney M fue una agrupación con sello teutónico completamente manufacturada, tanto así que años después se supo que Bobby Farrell, el urabeño que supuestamente era la voz masculina del cuarteto nunca había cantado una sola sílaba. La voz que escuchabamos era en realidad la de Reggie Tsiboe, un británico de origen ghánes un tanto mayor y menos fotogénico que los otros cuatro. En Boney M tenemos una visión cliché de Rusia. Rasputín el siervo carismático que consiguió el oído de la zarina y según Frank Faria -escribano de las canciones de Boney M- «a lovely dear» y «Russia’s greatest love machine» para las jóvenes moscovitas de la época. Lo que Boney M dislumbró pero quizá sin saberlo del todo es que Rasputín representa el charlatán prototipo de los evangelistas americanos o africanos y de los curanderos del Amazonas. Esos autonombrados sacerdotes siguen aún embaucando a ilusos y desesperados. Rasputín puede verse tambien como el populista que salido de las clases más bajas y su ascenso al poder. Esta es una de las constantes de muchos dictadores incluyendo Stalin. La canción concluye con la frase: «Oh those Russians» a modo de decir: en verdad es difícil entender a los hijos de la Madre Rusia.

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Lev Bronstein – The Redskins

Continuando con las figuras mas icónicas de la historia rusa y con otro personaje también asesinado -toda revolución se nutre de sus muertos- tenemos a Lev Bronstein que fue el verdadero nombre de León Trotsky. El asesinato de Trotsky en Ciudad de México en 1940, a ordenes de Stalin, constituye uno de los primeros asesinatos internacionales de la historia. The Redskins era un trio punk de la ciudad norteña de York. Dos de sus integrantes eran miembros del Partido Socialista de los Trabajadores y el cantante y guitarrista, Chris Dean, era crítico en la revista New Musical Express donde firmaba sus artículos bajo el seudónimo X Moore. The Redskins se vestían como las cabezas rapadas pero eran serios militantes de izquierda lo cual se reflejaba ampliamente en las letras de sus canciones. En este tema de 1982, Dean nos canta casi con enfando y hasta mordiendo las palabras: «Russia is a man who turned into stone his is a sad history / There was another man who fought along and left a legacy / The lesson never learned the passion killed by state bureaucracy / The other man killed too & so fulfilled his tragic prophesy, tragic prophesy.» Y, como si estuviese hablando sobre su novia en el pub con un amigo suyo, agrega: «she said to me, Moscow is like Leeds.» La canción termina con una profecía marxista-trotskista «Moscow will burn again and so will Leeds with Solidarity / With Solidartity his legacy, legacy.» Es posible que al camarada Trotsky le hubiese gustado esta ofrenda cantada en su nombre y la clara imputación a la traición revolucionaria de Joseph Stalin.

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Mother Russia – Iron Maiden

Del funk al punk y ahora al heavy metal. Este es el primer de dos temas que llevan el mismo nombre, compuestos con tres años de diferencia y con un enfoque y estilos musicales disímiles. Curiosamente, es una canción un tanto diferente dentro del canon musical de Iron Maiden. Es, en cierta medida, una balada con pasajes instrumentales que no tienen el ritmo galopante de muchas de las canciones de esta conocida banda londinense. Esta oda metalera a la nueva «libertad» de los rusos fue escrita en 1990 por Bruce Dickinson, vocalista y letrista de la banda. Para esa entonces el muro de Berlín ya había sido demolido por los martillazos del capitalismo y Gorbachev había iniciado ese breve período de apertura rusa que fue «Perestroika» que en ruso significa «reestructurar.» Era la última década del siglo pasado y el filósofo americano Francis Fukuyama hablaba ya del «Fin de la historia.» En la mente de muchos, incluyendo la de Bruce Dickinson, Rusia iba a unirse al gran «concierto de naciones libres y progresistas.» Los marxistas podrán decir que lo que canta Iron Maiden aquí es coyuntural y bien pudo serlo pues el verso final de la canción dice: «Mother Russia / Dance of the Tsars / Hold up your heads / Remember who you are / Can you release / The anger the grief? / Can you be happy / Now your people are free.» Ah….si tan solo Dickinson hubiese tenido razón con respecto al futuro de Mother Russia.

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Mother Russia – The Sisters of Mercy

Este tonada homónima de la anterior fue escrita tres años antes pero The Sister of Mercy, o mejor deberíamos decir Andrew Eldritch, nunca compartió el optimismo de Bruce Dickinson. Eldritch después de todo es un Kierkegaard con ademanes de Elvis Presley -sus propias palabras- y es tan goth que hasta se vestía totalmente de blanco. Eldritch es, sin lugar a dudas, uno de los mejores letristas del rock. Recuerdo an Allan Jones, ex-editor de la mítica Melody Maker, definir a Eldritch como el T.S. Eliot del rock y la verdad es que lo es. Él es de esos poetas que celebran la extraña belleza de la destrucción. Al final del penúltimo verso nos canta: «There’s a lighthouse in the middle of Prussia / A white house in a red square / I’m living in films for the sake of Russia / A Kino Runner for the DDR / And the fifty-two daughters of the revolution / Turn the gold to chrome.» Las 52 hijas de la revolución es una crítica directa a los Estados Unidos y una alusión a Penelope Barker y la creación, con 51 más de sus amigas, del Boston Tea Party que fue uno de los primeros pasos hacia la revolución americana. Esta balada rock concluye con la frase «Mother Russia / Mother Russia rain down, down, down» repetida varias veces hasta el final. Pero ¿a qué tipo de lluvia rusa se refiere Eldritch? La respuesta solo la sabe él pero bien podría ser que tenga que ver con el letal juguete que Oppenheimer construyó en el desierto en 1945 y al cual Putin se ha referido en más de una alocución.

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Babooshka – Kate Bush

Todo lo que tenga que ver con Kate Bush es superlativo y magnificente. La mujer más inteligente del rock y unos de los músicos más originales de nuestro tiempo. Ella es mucho más que una cantante, es una artista visual y hasta una pensadora. Sus últimos trabajos tienen una profundidad insospechada en el rock pues habla del lenguaje de los pajaros –Aerial– y de la inasible semántica de las palabras, 50 Words for Snow. Este tema es de 1980 y pertenece a una primera etapa más histriónica. Babooshka es una palabra que en ruso significa mujer vieja o abuela. Kate Bush la compuso para expresar el tema de los celos que una mujer mayor pueda llegar a sentir por la imagen de ella misma cuando era más joven. En la canción la mujer idea una artimaña que ella misma ejecuta. Intenta que su marido se interese por una supuesta admiradora más joven que le envía cartas perfumadas firmadas como Babooshka. En el vídeo el contrabajo representa el marido y la estratagema de la mujer fracasa pues al final el marido grita «I’m all yours /Babooshka, babooshka, babooshka ja, ja.» Vladimir Putin bien es la Babooshka de la historia y con su agresión lo que ha logrado es que uno de sus países más cercanos, Ucrania, le grite ahora a Europa «We are all yours now, ja, ja

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Russians – Sting

De las canciones que hemos escogido para esta nota esta es indudablemente la más elaborada. Fue compuesta por Sting usando un collage sonoro que incorpora apartes de una suite de Prokofiev. El vídeo acompañante fue dirigido por Jean Baptiste Mondino. En él, el modisto y videográfo trata de imitar la estética expresionista New Wave del cine francés pero de alguna manera es también reminiscente del realismo socialista del cine de Serguéi Eisenstein. En las imágenes iniciales vemos un reloj con una sola manecilla como si se tratara de una metáfora visual de la autocracia. La letra de la canción no es nada ambigüa y es, muy a lo Sting, bastante didáctica. Lo que dice apunta al nihilismo absurdo de la doctrina de la Mutual Assured Destruction (MAD) que aún prevalece entre las naciones con capacidades nucleares. Sting es a la vez elocuente y sombrio: «In Europe and America there’s a growing feeling of hysteria / Conditioned to respond to all the threats / In the rhetorical speeches of the Soviets / Mister Krushchev said, «We will bury you» / I don’t subscribe to this point of view / It’d be such an ignorant thing to do / If the Russians love their children too / How can I save my little boy from Oppenheimer’s deadly toy?» Un instante después Sting nos recuerda que «no existe un monopolio del sentido común» y que todos poseemos la misma «biología independientemente de nuestra ideología.» Dificilmente se podría haber compuesto una canción más significativa de lo que está sucediedo ahora mismo.

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Red Army Blues – The Waterboys

Es la mejor canción que se ha escrito sobre la Segunda Guerra Mundial. Narra la historia de un joven de 17 años que con el Ejército Rojo se tomó Berlín en 1945. Cuando regresa a casa, en lugar de recibir una bienvenida de héroe, lo envían a un gulag a morir ya que Joseph Stalin teme que él y sus compañeros soldados, habiéndose mezclado con estadounidenses y otros europeos, difundan los ideales occidentales. La canción está basada en dos libros: El soldado olvidado de Guy Sajer y El diario de Vikenty Angarov de Victor Muravin. El soldado olvidado presenta la perspectiva de un soldado alemán mientras que El diario de Vikenty Angarov es el relato del soldado ruso. Mike Scott de The Waterboys, quien escribió la canción, dijo: «Estos dos libros fueron muy inspiradores para mí, y por eso escribí la canción. Y recuerdo que mi novia en ese momento era una gran fanática de Roxy Music. Una de sus canciones favoritas era A Song For Europe, en la que Bryan Ferry cantaba ‘jamais, jamais, jamais‘ al final de la canción. Tenía esa secuencia de acordes de La menor, Fa, Sol, Mi menor. Así que eliminé esa secuencia de acordes e ideé esta letra basada en estos dos libros». Con más de ocho minutos de duración es ejemplo de lo que The Waterboys llaman «La gran música.» Mike Scott puso mucho esfuerzo en la letra. «Me sentí muy inspirado y cada vez que llegaba al final de un verso, quería una línea realmente espectacular, como, ‘Diecisiete años, nunca había besado a una chica,» dijo. «Eso no fue de los libros o de la canción de Roxy Music. Eso salió de mi corazón. Así que quería una línea espectacular al final de cada verso para realmente despertar al oyente». Hay que ver el vídeo de Red Army Blues con imágenes reales de la guerra que solo se puede ver en YouTube por cuestiones de edad. Solo con esas imágenes se logra entender la magnitud de los que Mike Scott ha logrado. De ese momento histórico en que las ideas de libertad e identidad conflagaron de la manera más brutal y pérfida posible: La Segunda Guerra Mundial. Es un vídeo y una canción que simplemente, vistos al mismo tiempo, no se olvidan.


Teo Dunaljo es un escritor y crítico musical afincado en la ciudad inglesa de Birmingham. Es un colaborador habitual de Perro Negro y es autor de una colección de cuentos bajo el título Deja que la luna no salga.