Redacción
El supuesto encuentro entre el maestro argentino y Mick Jagger se dio en el vestíbulo de The Palace Hotel de Madrid, según Maria Kodoma, pero años más tarde fue desmentido por el propio cantante de The Rolling Stones. No que a ninguno de los dos les preocupase mucho historias apócrifas. No así, con Borges sí hay historias -y nada tangenciales- de drogas y rock and roll mientras que las de sexo son otro cuento
Hoy en día es una obra vanguardista y de culto pero cuando Performance, de Nicholas Roeg, se estrenó en 1970 fue recibida con críticas muy divididas y hasta su dosis de controversia. Los ejecutivos de Warner Bros estaban tan confundidos y horrorizados por la mezcla de violencia, sexo y montaje experimental que retrasaron su lanzamiento dos años. Periódicos como The New York Times no la consideraron una gran película, pero destacaron el carisma de Mick Jagger y James Fox en pantalla. No pocos críticos la encontraron incomprensible. El Los Angeles Times la calificó de película “pretenciosa y repugnante”, mientras que Variety la criticó por su sadismo aburrido y guion soso.
En la actualidad es una película recordada por ser una de las primeras y únicas actuaciones de Jagger en el séptimo arte y, más aún, por la “presencia” de Jorge Luis Borges en el filme. Esa “presencia” es explícita en la película. El personaje de Mick Jagger lee fragmentos de El Sur, un cuento sobre la fantasía de una muerte valiente. Además, el escritor aparece en un momento clave: cuando uno de los personajes recibe un disparo, la cámara viaja hacia el interior del cerebro y se funde con una imagen fija del rostro de Borges. Hay quienes arguyen que la lectura del cuento de Borges y su imagen son el alma intelectual del largometraje ya que no se trata solo de un detalle sino de una influencia fundamental que da forma a toda la narrativa del filme.
Esta última afirmación quizá sea un tanto fantasiosa, como la trama misma de la película, ya que Performance en realidad es un ensayo visual y narrativo sobre la identidad, un tema nada ajeno a Borges y que él mismo discutió en su primer libro en prosa, un libro de ensayos publicado en 1925, titulado Inquisiciones. El ensayo en cuestión es La nadería de la personalidad. Debe agregarse que Borges, en vida, prohibió que el libro volviese a ser publicado. Lo hizo María Kodoma tras el fallecimiento de su esposo.
Se dice que la película de Roeg no fue la única ocasión en que Jagger y Borges cruzaron sendas. Existe una historia bastante bien documentada -y tal vez apócrifa- de Jagger reconociendo a Borges en el vestíbulo de un céntrico hotel madrileño. La versión del posible encuentro viene de no otra opersona que Maria Kodoma -lectora, acompañante y eventualmente esposa de Borges. Según su relato, los dos se conocieron en el vestíbulo del hotel mientras esperaban la cena. Jagger lo reconoció, fue hasta Borges y se arrodilló junto a él para expresarle su admiración por su trabajo. Como Borges era ciego, no reconoció a Jagger hasta que el cantante se presentó, a lo que Borges respondió con naturalidad: «Ah, uno de los Rolling Stones».
Es muy posible que Borges supiese de Jagger y The Rolling Stones justamente a raíz de Performance y de acuerdo a Kodoma, al cuentista argentino le gustaba no solo la música de los Beatles y los Stones sino también de Pink Floyd. Al parecer todo un roquero “Don Jorge”. Kodoma afirmó publicamente que Borges prefería que le colocaran la música de The Wall de Pink Floyd en vez de que le cantaran el Feliz cumpleaños pues encontraba ese canto vernacular demasiado banal. Es muy factible que ella haya sido la verdadera iniciadora del gusto de Borges por el rock.
No así, Jagger negó haberse encontrado con Borges en la capital española. Durante una rueda de prensa en 1998, le preguntaron sobre el encuentro, y él afirmó que nunca conoció a Borges en Madrid. Sin embargo, sí compartió algunos comentarios positivos sobre la obra del autor. Jagger admitió haber leído gran parte de la obra de Borges en la década de 1960. Fue entonces cuando los libros del autor se hicieron muy populares en Inglaterra. Kodoma insistió hasta su muerte en que el encuentroi sí tuvo lugar, que Jagger se arrodilló, le tomó las manos a Borges y le dijo: “Maestro, lo admiro, he leído toda su obra”. Afirmó que Jagger se sorprendió de que Borges supiera quién era.
La prueba faltante es una fotografía que corroborase el encuentro. Los interesados en el tema señalan que no existen fotos ni reportajes periodísticos de aquella noche. Kodama siempre viajaba con una cámara pero nunca fotografió el encuentro. Algunos piensan que Jagger simplemente olvidó la breve interacción, mientras que otros creen que la historia podría haber sido inventada.
Y no solo es el gusto de Borges por el rock britanico, igualmente documentado está su coqueteo con las sustancias psicoactivas. En una entrevista de 1984, dos años antes de morir, relató haber experimentado con marihuana y cocaína en México y Argentina durante su juventud. El mítico autor afirmó que probó la cocaína de joven, cuando aún era legal, pero la encontró completamente decepcionante. Según declaró, no sintió nada más que una “sensación de frío en las fosas nasales”. Posteriormente, comentó a sus amigos que la experiencia fue similar a “comer un Mentos” y que no valía la pena repetirla.
El único elemento restante en está reconstrucción del Jorge Luis Borges rockero es el sexo, pero para eso habrá que remitir a nuestros lectores a su relato Ulrica en su última colección de cuentos: El libro de arena. Aunque tampoco esperen una descripción garciamarqueziana del acto íntimo en ese relato. Y es que las pruebas de sexo en Borges, personales o literarias, si son harto más escasas.
Si desea ver la versión completa en inglés de Performance, pulse aquí.
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