Por Daniel Kabul
He aquí un breve recorrido de lo que está siendo expuesto en Venecia con imágenes exclusivas para nuestra revista. Todas has sido tomadas de la sexagésima edición de la Bienal de Venecia que a partir de este año ya entra en la llamada “tercera edad”
El arte conceptual ha desvirtuado por completo esa noción de que “una imagen vale más que mil palabras.” Desde Duchamp para acá la obra de arte no se basa meramente en su valor estético o representacional. No, ahora lo símbolico ya está bastante untado de lo politico en el caso de todo arte que busque ser evaluado y comentado. Dicho esto, es esencial recordar que de alguna u otra manera el arte siempre ha sido conceptual. Existe el concepto sin arte pero no el arte sin concepto. El primero de ellos, el arte sin concepto, pertenece al terreno de la filosofía.
La obra de arte que ahora denominamos conceptual no es meramente una representación de nuestro tiempo y entorno sino también una crítica subjetiva y política -lo político como lo moral siempre es subjetivo- a los discursos y representaciones de poder que incesantemente intentan moldear nuestras conciencias. Esa es la idea de aquellos cuyo objetivo es hacer dinero y que el homo qui consumit subordine al mundus civis. Por ello no debemos olvidar que aquel es acrítico mientras que este, que aprecia el arte como otra herramienta crítica, lo es mucho menos ya que todo artista o esteta también es en gran parte la suma de sus prejuicios y contradicciones. Sí, al decir eso pensamos en Nietzsche. En esta sexagésima edición parece que se nos ofrece una narrativa alternativa dictada por el llamado “Global South“. En parte tal vez por la labor curatorial del carioca Adriano Pedrosa y de la glamorosa historiadora Aindrea Emelife.

Jeffrey Gibson, Pabellón de Estados Unidos
Gibson es presentado como descendiente de la cultura Choctaw de los Cherokees del Mississipi. El primer indio nativo estadounidense que representa a su país mediante una exposición individual en el pabellón nacional. Su trabajo es un sincretismo vibrante entre la modernidad pictórica abstracta y unas esculturas más naturalistas y figurativas correspondientes supuestamente a los cherokees.
Jeffrey Gibson, Pabellón de Estados Unidos
Cabe preguntarse si las curadoras Kathleen Ash-Milby y Abigail Winograd conocían con antelación el trabajo del artista británico-nigeriano Yinka Shonibare que este año se presentó en su segundo pabellón nacional. Los artistas y curadores prefieren argüir que las nacionalidades no importan pero la realidad es otra. ¿Quién se parece a quién o, peor aún, quién plagia a quién? Eso ha sido parte del cotilleo y la crítica del arte desde que el arte se ha mostrado a terceros.


Astronauta refugiado, Yinka Shonibare, Arsenale
El anglonigeriano siempre ha sido un artísta lúdico, su popularidad radica en gran parte en ello. Aquí él nos presenta en el principal espacio de la bienal -Arsenale- su astronauta nómada. Un cosmonauta revestido de lienzos africanos cargando posesiones terrenales. Es, a la vez, un mensaje ecológico y una advertencia a esa idea apocalíptica de los libre mercaderes de que aún todos queremos “un crecimiento infinito” para seguir acumulando bienes terrenales.
Monumento a la restitución de la mente y el cuerpo, Yinka Shonibare, Pabellón de Nigeria
¿Quién otro que Shonibare para apuntar sin ambigüidades hacia el saqueo británico que se dió en Benín en 1897 cuando miles de artefactos culturales y espirituales fueron robados? Aquí Yinka reproduce en arcilla una fracción de lo que fue hurtado. La sobriedad de los objertos contrasta con la figura pavoneante del general saqueador.


Ven, déjame curar tus heridas. Dana Awartani. Arsenale
Del saqueo corporal y espiritual pasamos a masacres y -hay que decirlo- a un genocidio contemporáneo. Lo que Dana Awartani ha hecho es demasido sutil para las realidades que esa franja del mundo está viviendo en este momento. Es un trabajo con textiles en donde la artista ha logrado capturar sobre su textura las lágrimas derramadas por las innumerables y anónimos habitantes de Gaza. Es una metáfora visual de una delicadesa que no corresponde a nuestra generación.
El Pabellónde Israel
En contraste con el trabajo de Dana Awartani, el espacio que el gobierno israelí ha comprado y construido -es un número contado que países que tienen pabellones propios en Venecia- ha permanecido cerrado y de hecho los primeros días hasta vigilados por soldados israelies que bien pudieran haber sido utilizados en otras labores. La vergüenza es un sentimiento más adscrito a lo artístico que a lo político. Se puede ser un paria internacional pero es justamente esa falta de vergüenza lo que permite que más de un gobernante o gobierno paria se aferre al poder a cualquier costo.


Ersan Mondtag Monument eines unbekannten Menschen. Monumento al artista anónimo (2024)
De la misma manera que muchos mueren violenta y anónimamente, hay todavía un número aún mayor que crea también anónimamente pero sueña de manera comunitaria. Hay que agregar que no ha habido filas para entra al pabellón alemán. Esa montaña de tierra es quizás tanto o más simbólica que las supuestas tumbas a los soldados desconocidos caídos en guerra ante las cuales figuras políticas se arrodillan solemnemente.
Kith and Kit, Archie More, Pabellón de Australia
Los mormones, cuya génesis es de por sí más que dudosa, han creado toda una industria de la genealogía. Su motivación es monetaria. ¿Cómo construir entonces una genealogía de toda una nación como la australiana? Quijotesco es el epíteto. Harto difícil y eso también requiere de explicaciones y complicidades dolorosas. No obstante, hay que saludar la valentía gráfica de Archie More.


John Akomfrah, Pabellón de Gran Bretaña
Cualquier persona que haya estado en Londres y se haya molestado en visitar el último piso de la Tate Modern se dará cuenta inmediatamente que lo que Akomfrah expone en el pabellón británico no es muy disimilar de la obra totémica Babel del brasilero Cildo Mereiles. Hemos de añadir, no obstante y a manera de atenuante de su pequeño plagio, que John Akomfrah es el fundador del colectivo Black Audio Film. Y es que Venecia nos recuerda a menudo que es el arte europeo y estadounidense el que a veces sí es derivativo y fagocitado.
Glicéria Tupinambá, Pabellón de Brasil
De la misma manera que Jeffrey Gibson es el primer indio nativo estadounidense en representar a su país, Tupinamba es la primera aborigen en representar a esa gran nación suramericana que es Brasil. Eso no hubiese sucedido si Bolsanaro continuara en el poder. Con una escultura que se asemeja a la figura de un pájaro rodeadas de “jaulas vacías”, el mensaje aquí es de índole ecológico así la artista no se lo haya propuesto. El arte no nos va salvar de la catastrofe ecológica pero sí tiene la facultad de hacernos pensar y de imaginar un modus vivendi más equitativo y ético para todos los que tenemos la obligación de habitar este planeta.

Todas las imágenes son de Daniel Kabul quien es un fotografo afincado en Venecia. Si deseas seguir sus proyectos los puedes hacer desde su cuenta en Instagram: @venice.foto.stories
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