Por Frank Pachas

Piensen por un momento en una especie de Borges japonés. Alguien que se encerró a leer infatigablemente a autores ingleses para luego darlos a conocer a sus coterráneos. Ese es el caso de uno de los poetas y novelistas más celebrados de Japón, quien a comienzos del siglo pasado pasó un par de años tan significativos como miserables en la entonces capital del Imperio Británico


En la fachada de una casa adosada en la calle The Chase, que lleva al parque Clapham Common en el suroeste de Londres, se encuentra una placa azul con la que Londres recuerda a Soseki Natsume que vivió en esta ciudad entre los años 1900 y 1902. ¿Quién fue él? y ¿por qué se le recuerda? Soseki Natsume fue un escritor que en su Japón natal se le considera un restaurador y modernista de la prosa nipona contemporánea.

Hasta el día de hoy su obra literaria —sobre todo sus novelas, aunque también fue poeta y ensayista— es lectura obligatoria entre los japoneses de la actualidad. No así, muchos desconocen que durante esos dos años en Londres, Natsume vivió en diferentes barrios con una beca bastante austera del gobierno japonés que lo envió a esta ciudad para que se especializase en literatura inglesa.

Cuando Soseki Natsume nació en 1867 sus padres en realidad lo llamaron Kinnosuke Natsume y fue el menor de ocho hijos, pero a los 20 años se puso el seudónimo de Soseki que significa “terco” en chino. Como sus padres ya eran mayores y no lo querían tener, lo dieron en adopción a una pareja que no tenía hijos con la cual Soseki vivió hasta los 9 años.

En su adolescencia asistió a un colegio privado donde la literatura era vista como una “distracción civilizada” y es aquí, mientras se educaba en las tradiciones literarias japonesas y chinas, de las cuales se volvería un experto, donde empezó a considerar la idea de convertirse en escritor. Pero su familia no estaba de acuerdo con él; así que decidió ir a la universidad y estudiar arquitectura en 1881.

Sin embargo, ese mismo año se cambió al Departamento de Literatura Inglesa y empezó a estudiar inglés convencido de su importancia en la Universidad Imperial de Tokio, la única universidad por ese entonces en un Japón que empezaba a abrirse al mundo occidental.

En 1900, obtuvo una beca que le concedió el Ministerio de Educación de su país con la que se vino a Inglaterra, pero esta era una beca muy austera que no le permitió estudiar en Cambridge, donde a Soseki le hubiese gustado; así que decidió estudiar en la University College de Londres.

Si antes de venir a Inglaterra Soseki creía que su admiración por la lengua y cultura inglesa se iba a extender a Inglaterra y los ingleses, imagino que se habrá llevado una gran decepción al ver que el país que lo estimulaba intelectualmente y que alimentaba su vocación literaria era a la misma vez el país responsable de hacerle vivir momentos muy desdichados. Soseki fue profundamente infeliz en Londres.

En los cuatro barrios donde vivió (Bloomsbury, Hampstead, Camberwell y Clapham), Soseki vivió en habitaciones miserables que lo deprimían al grado de enfermarlo mentalmente.

En La torre de Londres (1905) —que leí hace un par de años— Soseki recopila sus memorias londinenses y confiesa que su situación de soledad, pobreza y precariedad lo redujeron a vivir en circunstancias muy degradantes. Lejos de su tierra, de su mujer y su pequeña hija que dejó en Tokio, a veces no podía conciliar el sueño de lo agitado que se sentía por vivir como un foráneo en un país tan lejano y diferente al suyo.

Su experiencia en Londres le dejó huellas imborrables que incluso una vez ya de regreso en Japón confesó lo siguiente: “Los dos años que pasé en Londres fueron los más desagradables de mi vida. Entre los caballeros ingleses viví en miseria como un pobre perro que se había extraviado en una jauría de lobos”. Soseki fue también infeliz por lo que se conoce como “choque cultural”. Eso debió de haber sido muy agudo en él por lo fuerte y lo divergente dos culturas imperiales, particularmente hace más de ciento veinte años.

En sus memorias llegó a decir: “Soy alguien a quien no le gusta socializar incluso cuando estoy en Japón. Venir a Occidente e intentar socializar torpemente chapurreando en inglés es algo que absolutamente detesto”. Sin embargo, fue aquí en Londres donde, con el poco dinero que tenía, Soseki se tomó muy a pecho su seudónimo que le caía a la perfección, y se entregó de lleno a la literatura con una terquedad romántica que cuando uno lee sus memorias se queda conmovido.

En esos años infelices, el japonés dejó de ir a clases, de socializar, se encerró en su habitación y se dedicó exclusivamente a leer una cantidad asombrosa de aproximadamente 400 libros. Gracias a esas horas invertidas leyó extensamente a Laurence Sterne, John Swift, Jane Austen, entre otros y se convirtió en un experto en literatura dieciochesca.

Su contacto social con británicos fue mínimo. Uno de ellos parece haber sido el profesor William James Craig, un famoso editor en las obras de William Shakespeare, a quien Soseki contrató para que lo ayudase a profundizar sus conocimientos en poesía inglesa.

Cuando regresó a Japón en 1903 se dedicó a enseñar Literatura Inglesa en su alma máter y prometió nunca más regresar a Londres. En ese mismo año empezó a escribir y publicó su primer libro cuando bordeaba ya los 40 años. Su tiempo en Londres definió también los temas de sus obras que por lo general abordan la soledad, la alienación y la relación entre Japón y Occidente.

Sus novelas más recordadas son Soy un gato (1905), novela satírica donde el narrador es un gato sin nombre con rasgos y actitudes humanos que observa y critica la sociedad japonesa en la que vive —la novela se adelantó a otra gran novela satírica: Rebelión en la granja de George Orwell — y Kokoro (1914), considerada como una de las obras cumbres de la literatura japonesa que cuenta la historia de un joven alumno y su profesor a quien llama Sensei.

Hoy Soseki es recordado como el mejor prosista de Japón porque innovó la literatura japonesa con los mecanismos y estructuras que aprendió de las novelas inglesas, pero también porque sus novelas reflejan una perspectiva liberal y racional que obtuvo de esos escritores ingleses que leyó y que no eran muy común en el Japón de su época. El tan celebrado autor japonés murió finalmente en 1916 de una úlcera péptica a la temprana edad de 49 años, mientras escribía Luz y oscuridad, su última novela.   

De ese Londres victoriano que vivió solo quedan el clima inconstante, las calles angostas y esas casas adosadas como la número 81 de la calle The Chase. La ciudad ya no es la fábrica del mundo ni mucho menos la capital de lo que fue alguna vez el Imperio Británico, pero sigue siendo la misma ciudad ajetreada donde a la gente le falta el tiempo.

Confieso que cuando he paseado por Clapham y he recordado que en una de esas casas vecinas vivió alguna vez ese hombre tan extraño, pero tan extranjero como yo, he sentido una conexión especial con él y su vida y entonces me han dado ganas de correr a mi habitación, encerrarme a devorar los libros que he comprado. En esos momentos me siento tan terco como Soseki y hasta me atrevo a soñar con seguirle los pasos.


Frank Pachas es un docente y escritor peruano. Ha residido en Moscú, Edimburgo y Oxford. Actualmente está afincado en Londres y esta nota biográfica es sacada de su blog Franco en Londres, un bárbaro entre civilizados.

Imágenes: principal, billete de mil yens con la figura de Soseki Natsume. Portada de la edición japonesa de La Torre de Londres. Fachada con placa azul conmemorativa del número 81 de la calle The Chase en Clapham, al suroeste de Londres. Primer párrafo de la traducción inglesa de Soy un gato. Las dos últimas imágenes son cortesía de Frank Pachas