Por Juan Toledo
Las crisis del capitalsimo no han generado revoluciones de clase como lo imaginó Marx sino su fatídico reverso: el fascismo. Con La literatura nazi en América Roberto Bolaño -siguiendo una idea de Borges- soñó una enciclopedia literaria de autores diversos unidos todos por la geografía y su devoción a una idelogía que renace cada vez que los “valores” de la democracia están en entredicho
El libro abre con un epígrafe de Augusto Monterroso: “Cuando el río es lento y se cuenta con una buena bicicleta o caballo sí es posible bañarse dos (y hasta tres, de acuerdo con las nencidades higiénicas de cada quien) veces en el mismo río“. El guatemalteco, con esa profundidad lúdica siempre tan suya, pasa de una idea pueril a una advertencia histórica sobre lo cíclico de las procesos políticos y los resultados electorales cada vez que hay una crisis sobre la legitimidad y viabilidad democráticas. En otras palabras: de cómo el fascismo nunca es del todo vencido o haya desparecido sino que resurge con una frecuencia que la preferimos inexistente.
Publicado en 1996, La literatura nazi en América posee, justamente treinta años después, una urgencia inusitada. Urgencia que nace de enfrentar ese plan de la extrema derecha coordinado desde Washigton. Estados Unidos es la Nueva Rusia y El Tercer Reich juntos. Trump y su sequito de turiferarios son los enemigos número uno de las democracias que aún no han han sido secuestradas por dictadores, teocrátas u orates mediáticos. El libro es una broma prolongada hasta el punto que has lectores lentos -como yo- o distraidos -como muchos- se percaten de su intención: las manifestaciones del fascismo son multifacéticas, mutantes y se hayan presentes en las más diversas geografías y personajes. De ahí la plétora de escritores febrilmente soñados y detalladamente descritos por Bolaño es este libro.
La idea es netamente borgiana -la de inventar autores y libros- y el módelo a seguir es el de Historia universal de la infamia pero en este caso la infamia de la que se habla se concentra en una sola idea: el fascismo y lo caleidoscópico de sus manisfestaciones. Son retratos que deslumbran no tanto por su factibilidad -en algunos casos bastante improbables- sino por su profusión y variedad.
Los escritores enlistados son autores nacidos en Buenos Aires, Bogotá, Caracas, Port-au-Prince, Los Angeles, Topeka, Pittsburgh y por todo el continente. La geografía de sus muertes es aún más amplia: desde Nueva York hasta París o Berlín pero también Cordoba, Caracas, Kampala y Rio de Janeiro. Una de las curiosidades más sobresalientes es que a esa amplia geografíá se le suma asimismo también una expansión temporal ya que en cada una de las biografías presentadas todos los autores en el libro ya han fallecido, en la “realidad” sus fechas de deceso todavía no se han cumplido (Willy Schürlholz, un terrateniente chileno, murió en Kampala en 2029 o Elizabeth Moreno, camarera de un cafe cubano, además de ser la tercera y última esposa del escrito Argentino Schiaffino, muere en Miami en 2040). Solo por contrastar el paso del tiempo, aquí se debe señalar que Bolaño murió en 2003.
El libro son trece capitulos, a su vez divididos en varias secciones, por donde desfilan socialités, aventureros, sicópatas, matones, místicos, terrateniente, atletas, pintores y demás; todos unidos por la obsesión de la literatura. Muy soterradamente Bolaño parece sugerir que uno de los géneros literarios más aptos para difundir puntos de vista extremos y fascistas -se urge usar el épiteto- es la ciencia ficción. En un remate humorístico acídico y juguetón, Bolaño enlista los nombres de las editoriales y revistas que han publicado tan magnas obras. Editoriales como El Águila Herida, Corazón de Hierro, Candil Sureño o El Cuarto Reich Argentino; y las revistas Command, Jardín de Acero, Literatura Entre Rejas, El General o El Hotel de los Bravos son debidamente enlistados y enlistadas.

Esa risita burlona Bolaño la sostiene a través de todo el libro. Y va desde la broma anecdótica hasta la mofa filosófica. Verbigracia, para aquel caso tenemos la descripción de Jim O’Bannon, poeta y jugador de fútbol americano quien a pesar de su fuerza bruta y su atletismo logró acoger en su ser la atracción por “las cosas delicadas y perecederas.” En 1962 viaja desde Macon, en Georgia, hasta Nueva York “en un autostop y se reúne con Ginsberg -con quien ha sostenido una profusa y entusiasta relación epistolar- y un poeta negro en un hotel del Village. Conversan, beben, leen poemas en voz alta. Luego Ginsberg y el negro le proponen hacer el amor. O’Bannon al principio no entiende. Cuando uno de los poetas comienza a desnudarlo y el otro a acariciarlo la terrible verdad se abate sobre él. Durante unos segundos no sabe qué hacer. Luego la emprende a puñetazos contra ambos y se marcha. “No los maté a patadas -dirá más tarde- porque me dieron pena.” Pese a la paliza Ginsberg incluirá cuatro textos de O’Bannon en una antología de poetas beatniks que se publica un año más tarde en Nueva York. O’Bannon, que ya está de vuelta en Georgia, intenta emprender acciones legales contra Ginsberg y la editorial. Los abogados lo desaconsejan. Decide entonces regresar a Nueva York y darle personalmente una lección. Durante días O’Bannon recorre la ciudad sin éxito. Más tarde escribira un poema al respecto, “El Caminante”, en donde una ángel atraviesa a pie Nueva York sin encontrar un solo hombre justo.”
En cuanto la mofa filosófica, encontramos la triste y extraña trayectoría de Luiz Fontaine de Souza, un filósofo brasileño cuya primera publicación fue una densa refutación de Voltaire, luego pasó a escribir voluminosas refutaciones de Diderot, D’Alembert, Montesquieu y Rousseau respectivamente y así arreglárselas para más adelante sacar a la luz una copiosa refutación de Hegel, posteriormente una más breve de Marx y finalmente una voluminosa de Feuerbach de 635 páginas “que muchos filósofos e íncluso algún lector consideran la obra de un demente”. Añade Bolaño, “Fontaine, es irrefutable, conoce la filosofía francesa (domina perfectamente este idioma), la filosofía alemana, en cambio, no. Su refutación de Hegel, a quien en no pocas ocasiones confunde con Kant y en otras, aún peor, con Jean Paul, con Hölderlin y con Ludwig Tieck, es, según los críticos, patética“.
Literatura nazi en América es una advertencia vestida de burla. Es una desromantización de la literatura y de su supuesta idoneidad y perenne beneficio. Es también un recordatorio de los innumerables y torcidos recovecos transitados por muchos hombres y mujeres literarios. De la misma manera Bolaño nos muestra como toda ideología es una falsa utopía, como toda utopía. Por eso, si nos adherimos al dictum de historiador británico G. M. Trevelyan de que la historia “es una rama de la literatura”, un trabajo donde se mezcla la ciencia y el arte, entonces debemos leer a Bolaño con toda la seriedad que tanto el buen humor como lo infrecuente nos invitan a adoptar.
La literatura nazi en América, Penguin Random House., Penguin Random House & Alfaguara.
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