Por Enrique Viana Suberviola
Proseguimos con nuestra serie de breves textos psicogreográficos. Esta vez con una visión personal, lírica y evocativa de la capital del corazón histórico y mercantil de Europa: Alemania. Una ciudad donde las cicatrices de su historia y un pasado que lastra y arrastra la han obligado a siempre mirar hacia el futuro
Un esqueleto de metal. Una catedral imaginada, tal vez real; quizá una añoranza.
Multiplicidad de esquematismos concurrentes, una visión fractal del espacio cuya máxima es mirar hacia el futuro. Porque el pasado duele, el pasado es herida y es vergüenza; y te repliegas y dispersas en
diseños y vanguardias que dibujen nuevas facetas de tu identidad; incluso algunas que ni siquiera sabías que poseías.
Berlín es pura melancolía. La descubres cuando te topas con el sobrevivido corazón de la ciudad. Un poema romántico con versos de piedra y métrica exacta que abovedan el cielo. En ese espacio recogido, hallé a Humboldt; un humanismo con anhelo de perfección, con ansia de conocimiento.
El centro del triple imperio sucumbió en cenizas junto al orgullo nacional; su impronta vienesa y su libertad parisina se esfumaron en humo de cañones. Solo quedó, de norte a sur, una cicatriz, un muro de infamias; y, aun así, maltrecha y fracturada, continuaste tu andadura patizamba: tu cesárea se convirtió en columna vertebral y tus ruinas calcinadas fueron el rostro de la modernidad. Aunque el pasado está tatuado en cada esquina, en cada rostro; no se puede huir de quienes somos, aunque lo intentemos. Berlín lo intenta; con neones y extravagancias, pantallas móviles, dimensiones imposibles; pero el pasado lastra y arrastra, es una identidad mortuoria, mortificadora. Y es precisamente aquí donde el berlinés marca la diferencia.
Nunca hubo en la faz de la tierra, un pueblo que aceptase sus lacras históricas con mayor fervor que el alemán. Nunca nadie entonó el mea culpa con semejante entusiasmo. Y eso es grandeza, eso es invulnerabilidad.
En Berlín me encandiló el espíritu alemán: resiliencia acerada y carácter triunfador.
No es posible derrotar a quien se niega a ser derrotado.
Enrique Viana Suberviola (España, 1982) es geógrafo, investigador y escritor afincado en Londres. Licenciado por la Universidad de Cantabria y Doctorado por la Universidad de Barcelona (2014) con una tesis sobre movilidad urbana. Sus investigaciones académicas se han enfocado en el análisis de grupos sociales vulnerables, abordando temáticas como la aporofobia, el crimen, la violencia y la población LGBT. Igualmente, ha acumuldoa una década de experiencia en el sector privado trabajando con Sistemas de Información Geográfica (SIG) en empresas de transporte y telecomunicaciones.
Imagen: Friedrichsbrucke y la Catedral de Berlín
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