Por Enrique Zattara
Fundada en plena pandemia, Equidistancias inició su camino en el mundo editorial a principios del 2022. Su perfil: dar voz a escritores latinoamericanos que escriben en español fuera de sus países de origen. Con sede en dos polos, Buenos Aires y Londres, su lema recoge la realidad de “escribir afuera”. Cinco años después, Equidistancias ha publicado cerca de sesenta libros con tres colecciones -narrativa, poesía y ensayo- en su catálogo. Esta nota continua con nuestro deseo de reseñas algunos de su cada vez más extensa lista de títulos
Parece claro que, entre los autores que afrontan la experiencia de hacer su obra en esa especie de “tierra de nadie” cultural que significa “escribir afuera”, el tema de la migración, el cambio cultural (y a menudo idiomático), sea una temática predominante. Me parece importante aclarar que la identidad reflejada por este perfil editorial refiere a la situación migrante del escritor, más allá de que la obra publicada tenga o no referencias concretas a esa experiencia. En ese sentido, entre sus títulos hay todo tipo de literatura y de temas. Aunque de manera inevitable, la experiencia de la transculturación está presente en la mayoría de ellos, aunque sea como escenario. Pero en esta nota inicial me gustaría destacar aquellos libros que, más allá de situarse en escenarios y experiencias ajenas al origen de sus autores, los convierten en su tema específico.
Es el caso, por ejemplo, de El baile de los vencidos, del peruano Gunter Silva Passuni; o de Oportunidades, del argentino -hoy regresado a Buenos Aires después de más de una década en España y Reino Unido- Andrés Tacsir.
En el primero de ellos, reelaboración ampliada de una colección de cuentos previa llamada Crónicas de Londres, la capital británica, residencia habitual del autor peruano, es el escenario principal de la mayoría de sus historias, que tejen los diferentes destinos de quien busca un lugar en el mundo que no traicione sus aspiraciones o incluso -a veces- sus fantasías. Relatos que hablan de vidas dispersas en sus imprevisibles itinerarios existenciales, pero revelan espacios y búsquedas comunes que se resuelven en una mirada que los refleja indemnes ante su propia soledad, que es -al fin y al cabo – la inevitable soledad del ser humano.



En contraste con la visión idealizada de lo que significa emigrar a los países ricos, los relatos que componen Oportunidades nos recuerdan ciertos aspectos de la experiencia de vivir afuera que muchas veces se disimulan, ocultan o, directamente, se los hace desaparecer del discurso. Como muestran estos diez relatos, la inmigración da oportunidades, pero también es una imparable máquina que hace que los inmigrantes -incluso cuando están relativamente integrados en las sociedades de acogida- reflexionen sobre su pasado, se obliguen a releer sus decisiones, magnifiquen culpas sobre los dejados atrás, teman por las dificultades para hacer una nueva vida y, tengan despiertos el sueño o la pesadilla del retorno. Ambientadas en ciudades que perfectamente podrían ser Madrid y Londres en la primera parte del siglo XXI -cuando la globalización y la inmigración no habían sido todavía puestas bajo la lupa-, los personajes de estos relatos van aprovechando con entusiasmo, cinismo y mucho realismo las oportunidades que la inmigración les presenta mientras sienten que siguen siendo de otro lado, que siempre serán de otro lado.
El trapecista, volumen que reúne los mejores relatos del autor argentino-paraguayo radicado en Reino Unido desde hace más de tres décadas, Mario Flecha, es una colección de cuentos por la que circulan, sobre todo, los migrantes: historias que comienzan en el instante de poner un pie sobre la escalera del avión que cruzará el charco. Pero no piense el lector que se trata de las habituales historias que se limitan a describir los esfuerzos, sinsabores y desengaños de quienes han tenido que transitar el complejo camino de la adaptación a culturas y hasta lenguas diferentes a las suyas. Porque en estos relatos, ambos mundos se funden en experiencias insólitas pero al mismo tiempo perfectamente reconocibles, donde la realidad le guiña un ojo a la verdad, escondiendo la mentira, el amor, la astucia, el engaño y la poesía. Entre Londres y Buenos Aires, los personajes de Flecha hacen verosímiles las realidades más disparatadas. Y logran crear con todo ello una mirada nueva, diferente, sobre la realidad, que va desde unas cintas clandestinas con las órdenes de Perón que viajan de Madrid a Buenos Aires o la mejor estrategia para expulsar a los incómodos zorros que se apropian de una casa en Londres, hasta la magia seductora de un par de zapatos compartido o unos vendedores de humo que se divierten a costa de turistas muy convencionales.
La migración incide definitivamente en la manera de mirar la realidad, como también crea rupturas inesperadas en el propio lenguaje (que no es más que, al fin de cuentas, el instrumento con el que miramos e interpretamos dicha realidad). Esto se refleja en muchos de los títulos publicados por este novedoso proyecto editorial, y lo ejemplificamos en esta ocasión con Una lengua sin mundo, del argentino radicado en Francia Martín Lombardo. En un hotel de Lyon, Fusaro limpia sábanas, atiende teléfonos y, desde el minúsculo cuarto en el que vive, observa un mundo hecho de fragmentos, de equívocas apariencias y de nombres falsos. Quizás sólo le interese infiltrarse en casas de gente desconocida o visitar a un antiguo exiliado de un país que ya no existe. Fusaro viene de una ciudad innominada y ya no sueña con ir a ninguna parte. Los que trabajan o pasan por el hotel, los que proyectan viajes, los que desaparecen sin dejar rastros o sobreviven al borde de la ilegalidad, no son más que sombras que no pertenecen a ningún lado. En un mundo de repeticiones, cada gesto es una fuga y cada historia, un fragmento que no encaja en ningún sitio. Una lengua sin mundo es una novela sobre el exilio íntimo, sobre la vida de los que no dejarán huellas en la ciudad, los que van de la lucidez cínica a la inevitable derrota; una novela sobre la imposibilidad de fijar una imagen propia cuando alrededor todo se encuentra en movimiento y se evapora. Un relato coral, por momentos íntimo, por momentos feroz, donde lo que de verdad importa se filtra en los silencios, en los márgenes, en las palabras que no alcanzan a pronunciarse.
La migración en el ensayo
La experiencia migrante se ve transcripta en todos estos textos narrativos (y también en la poesía, de la que daremos cuenta en una nota aparte), pero el complemento perfecto para su comprensión lo encontramos en la crónica y el ensayo. En esta oportunidad mencionaremos dos títulos publicados en esta colección. Se trata de Anónimo neoyorquino, del colombiano radicado en Nueva York Joaquín Botero; y de Ires y venires, selección de textos recopilados por Leonardo Senkman.
Botero, como muchos otros latinoamericanos esperanzados, viajó a Nueva York para poner en práctica su recién adquirido título universitario en periodismo, y descubrió allí que su propia experiencia era la fuente más valiosa para ponerlo en marcha. Claro que, también como tantos otros latinoamericanos esperanzados, no fue su carrera lo que le permitió encontrar su lugar en la dinámica pero sufrida sociedad de la Gran Manzana: repartidor de comida en bicicleta, dependiente de una tienda de bollería o empleado de un hotel de categoría media, el autor padeció los cambiantes vaivenes que acechan a los indocumentados que llegan a diario a la ciudad más famosa del mundo. Pero la mirada de Botero, aunque certera al retratar la injusticia y la dificultad de la experiencia migratoria -la suya y la de muchos de sus compatriotas colombianos- no se regodea en el malestar y la mera denuncia, y sorprende por su manera de recoger la parte de disfrute y descubrimiento que ella también significa. Y la transforma de manera vívida, entusiasta y analítica al mismo tiempo, en tres libros de crónicas que se han resumido en este Anónimo neoyorquino, y que el lector también sabrá paladear en estas páginas. Este volumen fue elegido recientemente por el Ministerio de Cultura colombiano, para su publicación destinada a 1.500 bibliotecas públicas de la nación sudamericana.
Ires y venires, por su parte, reúne textos testimoniales de treinta y un escritores judíos latinoamericanos migrantes (compilados por el ensayista y crítico literario argentino residente en Tel Aviv Leonardo Senkman), entre quienes se cuentan muchos de los más prestigiosos escritores y ensayistas de las últimas décadas como David e Ismael Viñas, Juan Gelman, Alberto Spunzberg, Saúl Sosnowski, Alicia Dujovne Ortiz o Moacir Amancio. Algunos de los autores escriben desde su exilio forzoso en las décadas de 1960 o 1970, otros son sojourners que regresaron durante los ‘80 y ‘90 pero volvieron a irse y transmigran por dificultades laborales y económicas, otros ya como ciudadanos de los países de emigración. Aunque con diferentes ires y venires, todos los autores expresan la experiencia de la migritud, el sentirse extranjero, con marcas indelebles de extraterritorialidad y dislocación en sus textos como son los cambios sobre la idea de nación y ciudadanía, las mezclas idiomáticas o el entendimiento de los exilios de sus propios antepasados. Escritos entre sus ires y venires, distintas prosas testimoniales y autoficcionales de migrantes argentinos, chilenos, uruguayos, peruanos mexicanos comparten la indagación del ensayo autobiográfico con la narración literaria. Y pese a la diversidad de las trayectorias migratorias, los textos tienen esenciales elementos en común: evocan a la tierra natal, elogian la lengua madre o sueñan con la tierra prometida.
Naturalmente, entre estos escritores migrantes dispersos por toda la geografía del planeta, no podía faltar la exploración del mundo de aquellos cuyo campo de realización -o de expectativas- se encuentra en la literatura misma. Que al fin de cuentas, es la experiencia de los propios autores, aunque siempre -o casi siempre- mediada por el tamiz de la ficción. Este será el tema de nuestra próxima entrega.
Enrique Zattara es poeta, novelista, promotor cultural y Co-Director de la Ediciones Equidistancias y El Ojo de la Cultura. Ha escrito dos novelas: Sinfonía de la Patria, Lazos de tinta, Dos cuervos en la rama y El callejón del gato. Y dos de sus poemarios han sido ya reseñados en nuestra revista bajo el título La persistencia de la melancolía.
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