Por Pablo Manzano
Reminiscente de El jardín de los senderos que se bifurcan, esta nota de nuestro colaborador en Viena habla del Malvinismo como un movimiento parecido más a un tango que a otra cosa. Un tango algo paródico y revestido de una banalidad demagógica y mediática que no empaña ese sentimiento patriotero que, curiosamente, parece resurgir cada vez que Argentina no gana la final de una Copa del Mundo. Reflexión historiográfica breve y con una buena dosis de humor
Qué tiempos aquellos, los de Luis Vernet, primer referente de nuestra administración y por ende de nuestra primera población (trasplantada, sí, aunque legítima y soberana). Se hacía llamar Louis, Lewis o Ludwig, había nacido en Hamburgo: un argentino nace donde quiere. Fue Louis quien llevó al Gaucho Rivero a las islas, en 1829.
Todo cambió a los pocos años, en 1833. Han pasado casi dos siglos. Ocurrió incluso antes de la anexión de Texas y la usurpación de la mitad del territorio de México por Estados Unidos. Sin duda no somos como los mexicanos.
Desde entonces ya van siete generaciones de trasplantados ilegales, de gobiernos ilegales, con breves interrupciones, el 27 de agosto de 1966 (Argentina recuperó la soberanía durante 24 horas) y el periodo entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.
En 1982 un hombre llamado Galtieri (con G) lanza la Operación Rosario para opacar el inminente 150º aniversario de la ocupación británica.
En 2026 una mujer llamada Altieri (sin G) llama al rearme de Argentina y cuestiona que no se haya gastado lo suficiente en el mantenimiento de los F16 para tenerlos hoy en Río Gallegos apuntando hacia las islas o sobrevolándolas. «Yo misma aprendería a pilotar uno», dice Altieri, que recibe aprobación unánime en la sección de comentarios.
No hay banalidad que empañe la virtud del malvinismo.
El año 2033 no está muy lejos. La vida es un soplo, 200 años no son nada. El país parece querer prepararse para opacar un nuevo aniversario y declarar otro feriado.
El 2 de abril se convirtió en feriado, lo mismo que el 24 de marzo, solo que el 2 de abril no se conmemora con el NUNCA MÁS (pese a que coinciden los inspiradores de ambos feriados). Para el 2 de abril prevalecen otros eslóganes: MALVINAS NOS UNE / FUERON, SON Y SERÁN NUESTRAS / CON O SIN PETRÓLEO, SON UN SENTIMIENTO…
Y sin embargo hoy escucho a un hombre en pantalla, simpático y entrañable, que habla de desmalvinización y la atribuye a todos los gobiernos democráticos que siguieron a la guerra. «En el 82 yo tenía 15 años –dice el hombre–, por eso no fui, pero me habría encantado». De chiquilín te miraba de afuera…
No hay banalidad demagógico-mediática que empañe el malvinismo.
El hombre en pantalla es un porteño que se las sabe todas, de los que todavía hablan diciendo campeón, campeón, campeón… En uno de los senderos que se bifurcan este hombre tiene la suerte de tener 18 años en 1982, pero su familia mueve hilos para que no tenga que ir a la guerra. En otro de los senderos va a la guerra y su madre se queda con cinco medallas (y el soldado David Parr con su oreja izquierda). En otro es honrado en persona con condecoraciones del Senado y la Armada y se suicida tiempo más tarde. En otro es torturado por sus superiores, como castigo por la derrota en Pradera del Ganso. Hay varios senderos en los que el hombre vuelve de la guerra y sigue vivo a día de hoy, pero sin ser el hombre bromista, simpático y entrañable que hoy vemos en la pantalla: campeón, campeón…
En abril de 1982 Pugliese graba la marcha Son y serán nuestras. Domingo La Valle y Damián Ficarra, por su parte, graban el Tango a las Malvinas ese mismo mes.
El desembarco del 2 de abril se lleva a cabo tras el abucheo en la Cámara de los Comunes a una propuesta diplomática británica de transferir la soberanía a Argentina a cambio de que el Reino Unido controle las islas durante un siglo más.
La Operación Rosario fue una operación incruenta (ese era el objetivo), para minimizar la reacción británica y poder negociar.
«Guarda, guarda, guarda con lo de negociar –advierte alguien en una sección de comentarios en 2026–. Es como pagar por algo que ya es tuyo».
Tras el exitoso desembarco en el archipiélago, Galtieri con G confirmó los planes de atacar Chile. Tres meses antes, la dictadura argentina había anulado el Tratado de Solución Pacífica firmado con la dictadura trasandina. Tres años antes, había estado a punto de empezar una guerra entre ambos países (conflicto del Beagle). Ahora Galtieri estaba decidido a declararle la guerra de Pinochet.
«Que saquen el ejemplo de lo que estamos haciendo, porque después les toca a ellos», declara Galtieri en presencia del Brigadier General Basilio Lami Dozo.
El 2 de abril de 1982 una Plaza de Mayo llena se manifiesta coreando: «Tero, tero, tero, tero, tero, hoy le toca a los ingleses y mañana a los chilenos».Después de eso los chilenos nos traicionaron, y nunca se lo perdonamos.
Perú, en cambio, mostró lealtad y le vendió a Argentina diez cazas Mirage VP.
En uno de los senderos que se bifurcan, Altieri sin G cumple su sueño de pilotar un avión de combate argentino y festejar la destrucción de un destructor británico con un grito de gol. En otro de los senderos que se bifurcan sale eyectada. En otro también consigue eyectarse, pero no sobrevive. En otro muere aturdida y calcinada, en otro despedazada.
La Libia de Gadafi (antes socia comercial de la Triple A) también proveyó armamento a Argentina. Mientras que el principal aliado de la Junta Militar en la ONU fue la Unión Soviética.
La ONU exige (como si pudiera exigir algo) la retirada de las tropas argentinas de Malvinas. La ONU exhorta (siempre se le dio mejor exhortar que exigir) a Argentina y Reino Unido a encontrar una solución.
Durante todo el mes de abril de 1982 la ONU sigue exhortando, instando, proponiendo, solicitando, recomendando, apelando «con fuerza».
Con el hundimiento del Belgrano (que era un crucero de guerra y no de turistas y que se hallaba fuera de la zona de exclusión tras haberse abortado una maniobra de ataque en la que estaba participando), se perdieron todas las esperanzas de una solución pacífica.
Tres semanas antes, Galtieri con G había salido al balcón. Lo hizo tras una reunión en la que el secretario estadounidense le advirtió que si había guerra la ganarían los británicos. En el balcón Galtieri con G arengó y soltó su gran frase.
Y así fue, pese a todo. Porque vinieron, y porque se les presentó batalla. En Caleta Foca (algo menor), en Bahía Agradable (los British que allí estuvieron nunca podrán recordarla por su nombre). En Monte Longdon (donde se llegó a combatir con bayoneta). Incluso en Pradera del Ganso, y en Puerto Argentino, durante once días.
He aquí algunas voces que disparan la testosterona épico-bélica:
«Tantas mentiras que se nos dijeron acerca de que no querían pelear, y están peleando como leones». Teniente Clive Livingstone.
«No vio mi ametralladora MAG». Artillero Oscar Ledesma, tras abatir al Coronel Jones en Colina Darwin.
«¿Cómo diablos capturo Goose Green? ¡Están luchando con determinación!». Mayor Chris Keeble.
Sin portaaviones, los pilotos argentinos debían volar desde las bases de Río Grande y Río Gallegos, con escaso margen de tiempo para buscar un blanco o participar en un combate. Los ataques aéreos causaron numerosos daños y hundimientos en el bando británico, pero la mayoría de los aviones que volaron a las islas durante la guerra no sobrevivieron. Misiles aire-aire y antiaéreos en manos británicas fueron responsables de un gran número de pilotos argentinos muertos y aviones derribados.
Y sin embargo, en 2026, el seguimos ganando sigue pegando.
El 11 de junio los británicos inician el asalto final a Puerto Argentino, coincidiendo con la visita de Juan Pablo II en Buenos Aires (a estas alturas solo quedaba rezar).
Pese a que Galtieri con G quería seguir presentando batalla, el 14 de junio se firmó la rendición. Pero no hubo renuncia ni cesión. Lo que se firmó no fue otro Utrecht. Sin duda no somos como los españoles. Tampoco como los mexicanos. Nunca cejamos en nuestro reclamo.
Porque se ha dicho que en 1833 y durante todo ese siglo no nos importó. Se ha dicho que, aunque no hubo una renuncia explícita, tampoco hubo un reclamo, que las Provincias siguieron celebrando amistad, comercio y empréstitos con Inglaterra, que estuvimos todo el siglo XIX demasiado ocupados: matándonos entre nosotros, mandando a explorar territorios para exterminar a quienes hiciera falta y expandir la patria, preparándonos para ser la gran potencia agroexportadora y la gran esperanza de europeos hambrientos.
Se ha dicho incluso que recién en el siglo XX Malvinas resurgió como una causa milica, promovida por gobiernos de facto, coincidiendo con los años dorados del tango.
«Se equivocan, la malvinización nunca fue de arriba hacia abajo, siempre de abajo para arriba. Es un sentimiento del pueblo, campeón, con o sin petróleo, con o sin pesca, siempre Malvinas» (El hombre simpático de la pantalla al que le hubiera encantado ir a la guerra).
Para el historiador Luis Alberto Romero, Argentina sin Malvinas está incompleta. No es La Gran Argentina, esa que debía integrar a Paraguay, Uruguay y Bolivia a las Provincias Unidas, la del sueño irredentista, ese que alentó proyectos expansionistas en la Patagonia y el Chaco, ese sueño que se extiende a todas las islas del sur. Romero se refiere al «mito territorial» en el que vive la sociedad argentina. «No somos lo que debemos ser porque no tenemos todo el territorio que nos pertenece. Recuperar las tierras arrebatadas es una misión, un mandato. La idea central es que no seremos una nación completa hasta que lo consigamos».
En 2026 un antropólogo escribe en redes que las islas serían de los yaganes (Tierra del Fuego), si entre ingleses y argentinos no los hubieran exterminado. Le contestan que la apreciación no tiene en cuenta la incompatibilidad entre pueblos originarios y administración, instituciones, estado. La primera administración fue española; luego, con la transmisión de los títulos territoriales, siguió la de las Provincias, con presencia estatal, con Lewis Vernet y el Gaucho Rivero. La administración posterior a 1833 no extingue nuestros títulos.
Las Malvinas, además, se hallan dentro de la plataforma continental de esa parte del continente que Julio Argentino (gran segundo nombre) Roca nos legó.
Sin duda lo que juega a nuestro favor es lo antiguo, el pasado, el tango.
Pero también las Naciones Unidas, que no reconocen el derecho a la autodeterminación de los habitantes actuales de las islas. Aunque, puestos a pensar, lo que dice la ONU es tan relevante para el rumbo del mundo como para nosotros lo que dicen los kelpers.
Dar entidad al deseo de los habitantes actuales de las islas es algo que el tango Malvinas no se puede permitir, si es que quiere seguir sonando.
En 1994 la nueva Constitución argentina dejó claro que se respetará su modo de vida (no queremos que dejen de hablar inglés ni que celebren nuestros goles), pero también que el objetivo de recuperar esas islas es irrenunciable (lo que queremos es nuestra tajada del pastel).
En 2026, Argentina es un país con vencimientos de deuda que se extenderán hasta que se pueda viajar a Marte y porcentajes deprimentes de todo tipo: pobreza, empleo no registrado, caída salarial, inflación, recesión industrial, morosidad social… Sin embargo, el superávit fiscal y unas reservas netas de 10 mil millones de dólares animan a gente como Altieri (sin G) a apoyar la moción de un mayor presupuesto para gasto militar.
No es que el tango haya vuelto, como se cree, por efecto de aquel trapo que se exhibió tras derrotar en la semifinal del Mundial a nuestra madre patria. El tango vuelve a sonar por el dolor de perder la final contra España. De haberse ganado esa final el país entero ahora estaría narcotizado por el triunfo y nadie habría vuelto a pensar en las islas hasta el próximo 2 de abril.
No todo el mundo, sin embargo, fantasea con otra gesta de feriado. Los más pacifistas y pacientes también se hacen leer en las secciones de comentarios:
«Argentina tiene que esperar hasta que Gran Bretaña acabe de joderse. Están inundados de musulmanes, están en decadencia como toda Europa y están quebrados. Pronto no podrán mantener esas islas y tendrán que devolverlas».
El apoyo mediático al rearme argentino se extiende también a la iniciativa de imitar a las grandes potencias e imponer sanciones. «Quien explore y explote yacimientos en Malvinas que se olvide de explorar y explotar en nuestro territorio». ¿No es un contrasentido, no son las Malvinas parte de nuestro territorio?
En 2026, tras perder la final y con el renacimiento del petronacionalismo malvinero, la gente más joven y lista de las pantallas ve en el abundante crudo de Malvinas (5 Vacas Muertas, dicen) la oportunidad definitiva para que el país salga por fin de su bucle histórico de semi-desarrollo y se convierta en una especie de Noruega del Sur global.
Noruega del Sur, qué buen nombre para un país.
Pablo Manzano es cuentista y escritor argentino quien reside actualmente en Viena. Es autor de los siguientes libros de ficción: Spoiler ((Batata Libros, Argentina, 2025), Celebración (Equidistancias, Londres-Buenos Aires, 2022), El rencor de los bufones, El puente de la jirafa (Barataria,. España, 2006 y 2008), El asesino de canciones (Tandaia, España, 2017). En 2008 tradujo cuentos de O’Henry, publicados con el rótulo de Esto no es un cuento y otros cuentos (Barataria). En 2009 participó en la antología argentina La erótica del relato (Adriana Hidalgo Editora). Ha colabroado con diversas publicaciones literarias, como Quimera, Hermano Cerdo y Boca de sapo, e igual y más recientemente en la publicación digital Revista Polvo
No Comment! Be the first one.