Por Fermín Vilela
Justo tras publicar los poemas de nuestro joven corresponsal de Shanghai, desde Buenos Aires nos llegan este puñado de poemas inspirados en esa realidad soñada que para nosotros los occidenatles es China. La única cultural humana iniciada hace cinco mil años a orillas de los ríos Yangtze y Hwang Ho que ha sobrevivido hasta nuestros días de manera ininterrumpida y que aún hoy día sigue tan fascinante como lo ha sido por siglos
Gusano de seda
Basado en el carácter chino 蚕 (cán). Su ideograma podría ser el dibujo de un insecto (虫) celestial (天) pues produce seda.
Que los hilos de tu carne
se enhebren junto a los míos
y desarmen estos castillos del aire.
Si presto atención, puedo sentir un gusano
moviéndose entre las ramas y los cables,
entre los hilos dislocados de mi tráquea
que pronuncian, junto a los tuyos,
el pequeño nombre de la seda,
ligera como lo que nunca fuimos.
§
Interferencia
Basado en 电 (electricidad). El origen de su ideograma sería un rayo, un anzuelo o un garfio (乚) que cae sobre los campos de arroz (田).
Este bosque de antenas oxidadas
fue el horizonte en donde se perdió
mi pequeña transmisión. Y quien veía
cómo te alejabas hoy escribe,
distorsión y pala en mano.
Había tierra en nosotros.
Las bocas negras por dentro.
Cavamos. Tierra en nosotros.
Cavamos y cavamos hasta llegar
al otro lado del círculo.
En ese instante decidimos dejar
las palas en el suelo. Tu holograma
apareció y yo lo traje hacia mí,
escuchando el silbido del viento
sobre los eucaliptos y la carga
de tu alterna eléctrica—
que seguía cavándome
a través de la interferencia.
§
Peregrino
El pictograma de lo mudo (哑). Una boca (口) se queda muda ante la belleza de Asia (亚).
Millones de velas ardiendo
y ni una sola plegaria
que haya sido respondida,
ningún dios al que poder
culpar por su indiferencia.
Sin embargo el fuego, la esmeralda.
Creí estar moviendo montañas
pero sólo estaba poniendo
una palabra detrás de la otra,
tierra y un cuaderno deshojado
entre las manos.
Creí estar acariciando la luna
pero sólo estaba lamiendo una piedra
bajo el manto azul de la noche,
tierra y un tintero aguado
entre los dedos.
Millones de velas ardiendo.
Ando por ahí, despreocupado
como un vagabundo errante
que esquiva viejos fantasmas
y se miente con más palabras
al querer describir cómo era el sendero
sin sentarse a ver cómo era el sendero.
Cuando baja la noche
puedo ver esas pequeñas llamas
dentro de las casas. Sin darme cuenta
y sin ni siquiera poder creer en ellas
llevo esas millones de velas
ardiendo dentro mío.
Más tarde, dejó ir las palabras.
Empiezo a vivir.
§
Bosque de bambú
A partir del carácter 笛 (dí, flauta), que puede ser de bambú (竹). A través de ella (田) se hace pasar el aire para que suene.
Puertas que se abren dentro del bosque
me invitaban a entrar.
No era la caña retorciéndose
entre los bambúes secos,
caídos sobre los vivos, no.
Eran todas esas puertas
que debería haber abierto
para entregarme al picaporte
oscuro de tu corazón.
A veces, en el recuerdo
de esa tarde en la que pasamos
por el bosque sin dejar huella,
me encuentro con tu sombra.
Charlamos y nos reímos
sin pensar en el regreso.
§
La higuera
El carácter 注 (zhù) puede significar “verter”, “concentrarse” o “registrar”. Verter es servir agua a Dios (生), quien regula la irrigación. Ambos sentidos dan la idea de orientar el agua.
Me gusta dibujar las ramas
de la higuera, una por una,
cargada de grandes hojas.
Quise aprender a observarla
al final de la tarde, en ese minuto preciso.
Quise, bajo determinada perspectiva,
trasladar el vacío aguado entre sus hojas
y darles un lugar en el universo
de esta pequeña hoja en blanco
como si la higuera no tuviera
ninguna de esas cualidades,
como si necesitara ser trasladada
a la burocracia sagrada
de mi lenguaje.
Yo necesito dibujarla para poder amar
y así escarbar un túnel en la oscuridad.
Escarbar, escarbar, dos veces escarbar.
Las uñas negras de tierra y disciplina.
Aparece la imagen por un lado,
el brazo de tinta por el otro
hasta que el encuentro
se vuelve inevitable,
dos túneles uniéndose
entre raíces y lombrices,
justo bajo esta higuera.
§
Geología
Conversación entre un peregrino y un funcionario público, cerca de la ciudad de Shangai.
“Déjelo ir”, me dijo.
“Ni siquiera lo intente.
Renuncie a toda esa búsqueda,
esa inútil geología.
La poesía no sirve para nada.
Tampoco haga de su canto
un himno, dirá más trigo
y pan duro del montón.
Mi consejo, amigo mío,
es que se mantenga firme
en su carrera diplomática
y escriba relatos para la corte,
para la gente simple, no versos
destinados a todos esos ermitaños
que terminan muertos de hambre,
solos dentro de una montaña.
Sigamos, amigo mío,
las antiguas tradiciones
y sumémosle ladrillos de dignidad
al enorme tapial de la historia”.
Mientras el funcionario público
decía esto yo le daba una palmada
en el brazo, dándole toda la razón.
“De qué servirá la poesía, mi señor,
como de qué servirá una taza, un imperio,
una persona soñando bajo la luna.
Por mi parte, yo no necesito defender nada.
Los espíritus del caracter están vivos.
Mis caracteres no siguen a la tradición
porque el carácter es la tradición
y la tradición es poesía
Ahora me tengo que ir,
me gustaría llegar a casa
antes del otoño.
Usted sabe cómo se ponen los caminos
después de las grandes lluvias”.
Fermín Vilela nació en 1992 en la Ciudad de Buenos Aires. Es poeta, artista visual, librero y aprendiz de gráfico. Publicó los libros de poemas Dormitorio (Peces de Ciudad Ediciones, 2017), Purga (Buenos AiresPoetry, 2020) y Janeiro (Ediciones Arroyo, 2022). Recibió, en dos ocasiones, la beca Creación del Fondo Nacional de las Artes. Actualmente dicta talleres de lectura, dibujo y escritura, además de traducir poesía para diferentes revistas y publicaciones literarias.
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