Por Juan manuel Roca
¿Es ya quitarse y ponerse el sombrero ante alguien una especie de metáfora de antaño? Quizá no si se es un poeta de la calidez, candidez y calidad de Juan Manuel Roca. Aquí, el conocido "espantapárrafos" colombiano nos cuenta con algunos pormenores del porqué esa decisión de hace más de dos décadas de cubrirse la cabeza
“He pensado muchas veces: ¿por qué el hombre no nace con sombrero? Y es que el sombrero no puede considerarse como una prenda arbitraria del vestido, sino, en cierto modo, como un órgano específico, como una cualidad esencial del hombre”.
Luis Tejada
Que un buen amigo, paisano y columnista como Óscar Domínguez me pregunte desde cuándo uso de manera más o menos cotidiana un sombrero me pone en un ligero apuro, porque lo he adoptado o él me ha adoptado a mí, de manera intermitente.
No tiene data mi gusto por los sombreros de todo tipo, desde la chistera de los magos de piñata un tanto cenicientos por la cagarruta de alguna paloma, hasta el que llevaba en su testa bulliciosa un mimo llamado Chaplin, un bombín de pobre con el que se burlaba de banqueros y atildados caballeros. Del de Rembrandt, de quien usé uno parecido alguna vez con la diferencia de que el suyo tenía una mejor cabeza, estuve atraído y cómo no, del chambergo del querido poeta Ciro Mendía cuando iba de visita en mi casa. No me atreví a usarlo, pues un adolescente con chambergo parece que hubiera asaltado una pieza de teatro, a lo mejor de una de esas lamentables obras que vi ocasionalmente en el teatro Junín de la Avenida La Playa.
Nunca, jamás, me llamó la atención esa especie de canotier que usan los gondoleros de Venecia, parecidos al birrete que nos encasquetaron a Óscar Collazos y a mí cuando la generosidad de la Universidad del Valle nos dio un doctorado que, para quitarle solemnidad, decidimos llamarlo Honoris Cauca. Y es que como dicen los guambianos, siempre sutiles, “un sombrero no puede pensar”.
Hay personas a quienes no podríamos dejar de asociar con su sombrero. Yo imagino que cuando Gardel cantaba sin él, muy seguramente desafinaba. Y que un gánster como Al Capone cuando no estaba bajo su sombrero alón erraba el tiro de gracia.
Hay quienes respetan o irrespetan al mismo hombre si tiene o no puesto su acostumbrado sombrero. Y seguramente muchos prefieren del abogado esa prenda, como dice una posible adaptación de un viejo adagio salvador.
Ahora, no usarlo, si se piensa bien o lo expresa un hombre cabal, tiene también su alta dignidad. A mí me gusta el viejo y austero Coronel de la novela que más aprecio de Gabriel García Márquez, un héroe de la dignidad que quería no usar sombrero solamente para no tener que quitárselo ante nadie.
Y me gusta ampliar ese dicho festejante y respetuoso que dice que hay “quitarse el sombrero ante algo o ante alguien” como señal de admiración, para decir mejor, con cierta soberbia, que me decido a “ponérmelo ante alguien”.
Yo me quito el sombrero frente a sombrerudos como Leonard Cohen, Kafka o Emiliano Zapata pero me lo pongo frente algunos artistas de la medianía, a quienes simplemente lo usan como una prenda de exótica utilería.
Me lo quito ante un escritor de cabeza bien habitada y me lo pongo ante el farsante. Hay autores desiguales que me ofuscan un poco pues en una misma página me pongo y quito el sombrero de manera intermitente, y esto puede parecer el rapto de una feroz locura.
Casi de una manera maquinal y sin tener que pensarlo dos veces me quito el sombrero ante un cantante de blues o ante algún sonero, y me lo pongo, lo encasqueto al trote de un soberbio caballista.
En fin. No hace ni 20 años, que como sumaba un ensombrerado cantor de tango “son nada”, uso en muchas ocasiones un sombrero. No lo hago porque esto me parezca el distintivo de una tribu extravagante de poetas o pensadores que, por lo demás, creo que en la gran mayoría de los casos es una secta calva.
Para Francisco Zumaqué, una tarde en las sombrererías de la Plaza de Bolívar.
Juan Manuel Roca ha publicado más de treinta libros de poesía así como también narrativa y ensayo. Ha sido galardonado como periodista, pero es como poeta que ha ganado tres veces el Premio Nacional de Poesía en Colombia y también los Premios Internacionales de Poesía Casa de Las Américas, Lezama Lima, 2007 y Premio Casa de Las Américas de Poesía Americana, 2009. En el año 2014 recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia. Esta es la página de Poetry International dedicada a Juan Manuel Roca.
Imagen: Sílaba Editores
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