Por Claudia Jaramillo
La cultura y su iconografía no son neutrales. Así, los capirotes poseen un simbolismo negativo por su uso durante la Inquisición española cuando herejes y otros infractores religiosos eran obligadas a llevarlos como humillación y penitencia pública. Pero la cultura es tambien espectáculo y por él siempre pagamos. ¿Y cómo explicarle eso a una menor que es puro amor e ignora la persistente maldad en el mundo?
Y al llegar al parque dice: Mami, tengo pis. No falla. No importa las veces que le insista antes de salir de casa. Ahora, Jueves Santo, tenemos que buscar un baño público y lo único que encontramos son las calles cerradas por las procesiones, bandas de músicos uniformados y gente con capuchones. Y me dice: Mami qué están haciendo y le respondo como puedo, y me enredo en la parte en que Jesús es su propio padre. Parecen un peine mamá, me dice y le digo que también un cucurucho al revés, y nos ponemos a buscarle forma a los nazarenos que si ella supiera lo que es el Klu Klux Klan no hubiera dudado en encontrar la relación entre esos sombreros puntiagudos y el clan supremacista blanco, pero ella es todavía puro amor y todavía no sabe mucho sobre la maldad del ser humano. A mí estas procesiones me parecen un arcaísmo, huellas del pasado que nos persiguen en el presente como para que no se nos olvide de dónde venimos*.
Hace años el único contacto que tengo con la iglesia es que somos vecinos. Me acuerdo de su existencia porque de vez en cuando las campanas rompen la rutina y me dicen que falta media hora, quince minutos, ya va a empezar la misa de 12. El cura es un tipo amable, los curas tienden a ser amables por contrato, para no espantar la clientela. Con este cura fui una vez a un concierto, bueno, no fuimos juntos, nos encontramos en el metro e hicimos el trayecto juntos. Habló todo el camino, los curas son muy habladores, tienden a serlo por contrato. Tenemos gustos musicales parecidos, rock, folk, jazz, alguna cosa tribal. También nos gusta la cerveza. Me cae bien este cura, los curas tienden a caer bien por contrato. Un día le pregunté por qué sonaban las campanas y me dijo que eran esenciales para sacar a la gente de la rutina y avisarles que había misa, me dijo que si en una iglesia había campanas era obligatorio tocarlas, como en aquella época en la que no había luz ni relojes ni internet. Yo insistí en que hemos cambiado, y que ahora todo el mundo tiene un reloj y que algunos son inteligentes que se pueden programar para eso, pero él me dijo que hay gente que siente la campana como un llamado a dios y que por eso es mejor que cualquier otra tecnología.
Ahora está todo el mundo en alerta con lo de la Inteligencia Artificial que se nos coló por internet a la mano de todos. En mi teléfono hay varias: la de Google, la de WhatsApp. No me molestan, yo no las uso, ellas a mí sí. Me da la impresión de que me espían, de que copian mis palabras, de que están pendientes de cada cosa que digo, por eso me está dando por pensar. Y ahora pienso a cada rato, pienso en cualquier cosa. Pienso y pienso y no digo nada. Creo que en mi cerebro no se pueden meter. De tanto pensar cogí el vicio de soñar y sueño que hablo alemán y soy capaz de escribir la palabra Nietzsche sin errores, sueño en los libros que me hubiera gustado escribir, sueño en la posibilidad de convertir mis pensamientos en literatura universal.
A mí no me tocó esa época en la que un verdadero escritor se hacía con una Olivetti. Yo soy de escribir en el cuaderno de religión cuánto me aburrían esas clases. Yo soy una escritora hecha a mí misma desde el aburrimiento. Freud ya estaba en mi vida antes de que yo supiera de su existencia.
No sé si Jesús soñó un culto en su nombre, unas procesiones que representan su vida. Ni siquiera sé si soñaba. Yo sueño con una vida tranquila en la que haya baños públicos no muy sucios en los que pueda llevar a mi hija cuando salimos a jugar.
Claudia Jaramillo es cofundadora y Editora Adjunta de Revista Perro Negro en Madrid. No sabemos si ella esté de acuerdo con su descripción, de madre, poeta, cronista y diseñadora. Y en ese orden. Sus poemarios Todo lo que cabe en un puño y Al margen de las cosas pueden adquirirse ya en formato digital en nuestra tienda o en Google Books
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