Por Jorge Ramírez
Nuestro fallecido amigo y colaborador historíó los vaivenes del humor en la tradición cultural de Occidente, pues la risa es la última emoción humana que ha merecido la atención de los filósofos. Su omisión en casi todos los textos sagrados -La Biblia entre ellos- certifica la desconfianza que el humor despierta entre el sacerdocio, los tiranos y quienes denigran de la democracia como Platón en La República. Esta es la primera de cuatro entregas sobre el tema
Entre la tiesa seriedad del funcionario del saber, de ahora en adelante llamado mandarín, y la comunidad de la cual aquél se cree vocero se encuentra el payaso, quien reparte banderillazos a diestra y siniestra, poniendo patasarriba el mundo de los negocios cotidianos donde oscilamos, impotentes, entre el bostezo y el ataque al corazón.
Pero como quien escribe la historia es el acartonado mandarín, pues sencillamente ha excluido de sus mamotretos a los insolentes bufones o le atribuye sus mejores salidas al Demonio, quienquiera sea éste. Son pues los funcionarios del saber quienes deciden cual faceta de nuestra personalidad debe ser legada a futuras generaciones.
Basta pasear nuestra mirada por los anaqueles de la historia para comprobar que la seriedad prima sobre la risa. En vano fatigaremos las páginas del Antiguo o Nuevo Testamento intentando hallar un personaje que ría saludablemente. Entre los griegos, más dados a los placeres de este mundo resulta difícil toparse con una estatua que ría o refleje los gustos de la plaza de mercado. De los diálogos de Platón queda uno que otro fragmento humorístico, como aquél donde “cuenta que cuando Tales [de Mileto] estaba observando las estrellas cayó en un pozo, y que una criada tracia, que asistía a la escena, se burló de él diciéndole que eso le ocurría por querer saber lo que pasaba en el cielo, mientras ignoraba lo que tenía a los pies”.
De los textos religiosos de la Antigüedad tan solo uno Gnóstico menciona la risa. En el pasaje se lee que siendo Cristo hijo de Dios no pudo haber muerto en la cruz por lo que Cristo, rodeado por el espectacular paisaje del Mar Muerto, se ríe de la ceguera de los hombres al creer que le habían dado fin en la cruz. Risa verdaderamente tronadora.
El hecho de que casi todos de los libros sagrados de los diferentes pueblos de la tierra carezcan del sentido del humor dice mucho sobre los autores de esas obras, pues nos indica que de acuerdo con ellos la seriedad constituye elemento fundamental del cosmos, colocando a la risa en una posición secundaria como si fuese una mera nota al pie de página en el gran libro del universo.

De los textos religiosos de la Antigüedad tan solo uno Gnóstico menciona la risa. En el pasaje se lee que siendo Cristo hijo de Dios no pudo haber muerto en la cruz por lo que Cristo, rodeado por el espectacular paisaje del Mar Muerto, se ríe de la ceguera de los hombres al creer que le habían dado fin en la cruz. Risa verdaderamente tronadora.
El hecho de que casi todos de los libros sagrados de los diferentes pueblos de la tierra carezcan del sentido del humor dice mucho sobre los autores de esas obras, pues nos indica que de acuerdo con ellos la seriedad constituye elemento fundamental del cosmos, colocando a la risa en una posición secundaria como si fuese una mera nota al pie de página en el gran libro del universo.
Si dijésemos que la humanidad se ha pasado ensayando diferentes emociones en el curso de su accidentado deambular por la superficie del globo, inmediatamente caeríamos en cuenta de que la risa nunca ha tenido su momento histórico, en cambio sí lo han tenido el misticismo, la ambición, la humildad, la prepotencia, la codicia y hasta la esperanza. Ni un solo imperio ni una sola civilización se han erigido en nombre de la risa. El malhumor y la bilis alborotada han sido la argamasa con que se ha amasado el destino de la especie.
De las ruinas que los arqueólogos han estado excavando por más de siglo y medio solo se encuentran figuras tiesas y de rostro fruncido, confirmando de esta manera que nuestra sospecha no es un mero capricho tropical. Hemos heredado, en suma, una galería de difuntos atrabiliarios y poco enamorados de la alegría humana.
Cuanto más nos internamos en la sociedad ultra-tecnificada en la misma medida nos vamos tornando graves hasta el silencio, pues nuestra conducta es modelada por la necesidad de mantener funcionando la “aldea global” segundo a segundo por medio de repertorios conductivos aprendidos en la escuela, la empresa o asimilados por medio de la televisión, el cine y la video-industria. Llegamos desnudos a la civilización de la biogenética y los micro-chips, por lo que debemos entrenarnos en cómo debemos comportarnos hasta en los momentos más íntimos de nuestra vida: en la niñez, en el amor, en la aflicción, la maternidad o paternidad, la jubilación y hasta en la manera de morir. La espontaneidad abre paso a la conducta prefabricada. Hay cursos nocturnos para aprender a reír y a llorar, dizque para aprender a expresar nuestras reprimidas pasiones. Y los charlatanes hacen su agosto de cuenta de los pobres de espíritu en que nos hemos convertido.
“Basta pasear nuestra mirada por los anaqueles de la historia para comprobar que la seriedad prima sobre la risa. En vano fatigaremos las páginas del Antiguo o Nuevo Testamento intentando hallar un personaje que ría saludablemente. Entre los griegos, más dados a los placeres de este mundo resulta difícil toparse con una estatua que ría o refleje los gustos de la plaza de mercado.”
Fue Mijail Bajtin quien propuso una interpretación de la risa que desborda el marco estrecho en que se la encerró por los siglos de los siglos. Es ella, según él, expresión comunal de nuestras funciones reproductivas y digestivas con que celebramos la alegría de vivir en carnavales y fiestas colectivas; eructos, flatulencias y carcajadas animan las fiestas del verano cuando se recoge la cosecha. El bípedo humano rinde homenaje a su contingencia propiciando con la bebida, las comilonas y las carcajadas su capacidad de sobrevivir como especie: la única inmortalidad probada hasta el momento.
En Asia y el Medio Oriente existe una vieja tradición de emplear la risa y alcanzar la Iluminación espiritual, pues en el exacto momento de la Iluminación el iniciado descubre el simple sentido de las cosas oculto tras una maraña de deseos irrealizables: el río de la vida se pierde en el mar de la muerte y viceversa. El tonto supera en salidas brillantes al sabio, tú eres yo, y yo soy tú, etc., etc. Comprender es abolir las diferencias, y las carcajadas son el mejor medio de lograrlo. Según el Diccionario clandestino de la risa, Crónicas escandalosas del paraíso y El libro de los burdos insultos, obras todas inéditas hasta el momento, Mulla Nasrudin, figura legendaria del folclor asiático se paseó de reino en reino iluminando a poderosos y humildes con oleadas de carcajadas.
Por eso, amable lector, si en tus extravíos por los vericuetos y callejones de la ciudad te encuentras con sospechosa repetición, bien en individuos o bien en corrillos, que la risa se ha ido expandiendo no te preocupes, pues su blanco no eres tú, sino estos tiempos tan aciagos -como todos- y cargados de efectos cómicos. Has entrado a la zona donde se oficia una comunión irreverente y dichosa: la de la risa contagiosa.
Jorge Ramírez (1951-2026) fue educador, escritor, podcaster y acérrimo promulgor de los Derechso Humanos. Sin duda una de los seres más brillantes y chispeantes que hemos conocido y alguien muy muy cercano a esta revista. Colaboró, comentó y crítico nuestra labor desde su creación hasta el día de hoy. Hemos decidido honrar su memoria con la recuperación y publicación de varios de sus artículos e ideas.
Imágenes. Principal: Cabeza de hombre riendo, cultura Totonaca, México. Dentro del artículo: Carita sonriente, tambien de la cultura Totonoca, Museo Amparo, Veracruz, México.
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