Por Claudia Jaramillo
Iba para no sé dónde, mirando el suelo, porque siempre hay cacas de perro sin recoger, orín recién hecho y a mí no me gusta pisar la mierda de los demás, así digan que es señal de buena suerte. Cuando me la encontré de frente, cargada de bolsas como si se hubiera comprado todo el supermercado, recuerdo que bromeé sobre eso, sobre el peso de la compra, la necesidad de tener cosas, y la conversación derivó a lo caro que está todo, al clima tan malo de estos días, a cualquier otra cosa que no fuera lo importante.
No hablamos de nada, tal como los desconocidos en un ascensor. Me dijo que se llenó de actividades, que ahora va a charlas, talleres, además de las clases en la universidad. Me dijo que se apunta a todos los congresos y que anda investigando sobre su tema. Yo no recuerdo su tema, no sé nada de temas académicos, lo mío son los libros, la poesía, y no pisar cacas de perro en Lavapiés. El día apenas estaba empezando, el sol, medio tímido, no calentaba nada. No le pregunté nada sobre la enfermedad. Le dije que estaba bien hacer cosas para no darle vueltas, para entretener la cabeza y que no se quede rumiando en lo que no nos gusta. Desde que me dijo lo del diagnóstico, me sentí fuera de lugar, no tengo ni una sola herramienta para ayudarla. Estoy si me necesita para unas cervezas, un café, un concierto en el barrio, estoy para hablar del clima, para cuidarla si le da fiebre, para llevarla al médico si quiero, pero no estoy para hablar del dolor, de la muerte, de salvarse, de las desesperadas ganas por vivir que vienen en el prospecto, y creo que ella también tiene la necesidad de no hablar de ello, no como un tabú, porque con no nombrarlo no hace que desaparezca.
No, yo creo que ella también necesita un reposo de médicos, una vida sin medicamentos, un final de tarde feliz, ocuparse en hacer compras, organizar la estantería por quinta vez, descongelar carne, probar una nueva receta. Un día de estar presente en la vida y no en la esperanza. Me di cuenta de que ya no era la misma, o ya no somos las mismas. A ella, la enfermedad le había robado un poco de la alegría, pero no las ganas de vivir, y yo, que siempre he defendido el derecho a no estar, ahora quería hacer todo lo posible por ella, como no pude hacerlo por mi papá, porque la medicina no es magia y yo tampoco tengo las claves para ayudarla. Ojalá supiera más, pero no sé, no lo sé.
Yo escribo y le dedico esto, porque es todo lo que sé. Se despidió, me dijo que las bolsas pesaban mucho, como se despide uno de cualquiera, no hacía falta una ceremonia.
Claudia Jaramillo es cofundadora y Editora Adjunta de Revista Perro Negro en Madrid. No sabemos si ella esté de acuerdo con su descripción, de madre, poeta, cronista y diseñadora. Y en ese orden. Sus poemarios Todo lo que cabe en un puño y Al margen de las cosas pueden adquirirse ya en formato digital en nuestra tienda o en Google Books
Imagen: Calle del Amparo, Lavapies, Madrid, Foto Wikimedia
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