Por Gunter Silva
Al parecer no solo de sol vive el hombre y menos aún el hombre literario. ¿Existe un existencialismo veraniego? Este autor peruano, amigo nuestro, nos recuerda cómo las llamas suaves de un verano ardiente desfiguran a una ciudad como Londres y que el calor es igualmente capaz de generar su propia melancolía, ya que en él sigue habiendo ausencia
Treinta grados centígrados. Este no es el Londres que me prometieron: ¿dónde están
mis nubes, mi té, los muchachos del barrio?
La vereda suda, exhausta, como un vagabundo en la estación de Brixton. Los postes
de luz se estiran hacia el cielo como mástiles de un barco sin sombra.
Buscan una nube que no llega, un amigo que no asoma la cabeza por la ventana del
hospital.
Sobre mis hombros cuelgan cables, esas cuerdas flojas de un circo eléctrico que
tiemblan bajo el peso del calor. Cada uno conectado al otro, tensos pero fieles, como
los comendadores del Reino de las Palabras de Jafre: amigos que sienten el mismo
voltaje sacudir sus cuerpos.
Miro esos postes, esos alambres negros como venas tendidas en el aire, y pienso en
nuestras conversaciones nocturnas, en pubs, de madrugada; en los mensajes que
chispean y chicotean entre nosotros como enchufes viejos.
En el silencio compartido del vino, del verso, del vaso. En esa red hecha de
sarcasmos, miradas y el ruido blanco de la ciudad que nos adormece.
Funambulistas del lenguaje, del voltaje. Nos tocamos sin rompernos.
Londres, en llamas suaves, nos funde, nos suelda. Somos cables. Estamos colgando de
un delgado hilo plateado.
Pero no caemos.
Pero no callamos
No hoy.
No todavía.
Y aunque el cielo estalla como un motor encendido, aunque nos corten la
electricidad, aquí estamos, tendidos entre los edificios de la ciudad como puentes
invisibles,
indivisibles.
Estáticos.
Cada uno de ustedes es un cable corto y cobrizo.
Cada cable es como un susurro en la garganta de la noche.
En mi parque, la gente se derrite como caramelo barato, pero nosotros seguimos
envueltos en humo y promesas incumplidas que los políticos hacen a todos los
inmigrantes, destrozados por la lucidez.
No importa si el tiempo nos corta la electricidad. Sabemos reconectarnos con un
poema que ríe, o que llora.
En esta ciudad invernal desfigurada por el calor, la única sombra verdadera es la que
proyecta ese abrazo de náufrago.
Mi sangre está llena de poemas,
en pena, en picada, en pedazos.
Mi cuerpo: un cable.
Mi voz: un zumbido.
Y tú estás ahí, del otro lado del poste, sosteniéndome.
Gunter Silva (Lima, 1977), autor de la colección de cuentos Crónicas de Londres (Lima. 2012) y Pasos Pesados (Lima, 2016) y mucho más recientemente de El baile de los vencidos (2022) y Neutrino (2024). Este último un íntimo diario personal de resistencia y sobrevivencia muy bien recibido por la crítica y los lectores. Estudió en la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Santa María La Católica. Además, obtuvo un BA en Artes y Humanidades y también un MA en Literatura y Creatividad Literaria de la University of Westminster. Ha aparecido en varias antologías de cuentos peruanos y asimismo colaborado en diversas revistas literarias y culturales.
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