Por Jennifer Smith
Es diciente cómo la prensa angloparlante y europea -exceptuando algunos diarios españoles- ha ignorado el reciente fallecimiento de una de las fotógrafas más famosas de Latinoamérica. Prueba del intrínsico jingoísmo del periodismo en general y del desconocimiento de la historia y las letras latinoamericanas en particular. Esta, la primera de dos notas, es un intento por corregir esa omisión
Sara Facio, (18 de abril 1932-18 de junio 2024) junto con Alicia d’Amico y Annemarie Heinrich conforma el triunvirato vital de la fotografía y la historia visual no solo de Argentina si no, por extensión, de América Latina en sus últimos sesenta años. Y esta proyección más allá de las fronteras gauchas es particularmente apropiada en el caso de Facio pues de las tres ella es la más documentarista además de haberse convertido en la “fotografa oficial” de esa plétora de escritores latinoamericanos que redefinieron lo qué significaba haber nacido al sur del Rio Bravo.

Pocos o nadie ha especulado lo que nos robó a todos la ceguera de Borges. Podemos especular el tipo de escritura que hubiese seguido produciendo si su miopía degenerativa no le hubiera quitado su facultad de ver. Lo digo porque cualquier conocedor de la obra borgiana puede notar la diferencia entre ese primer Borges gauchesco con el subsecuente autor de El Aleph y Ficciones y por el último el escritor ya ciego de El elogio de la sombra y El Libro de Arena. Hubiese sido un Borges que habría continuado escribiendo sobre cine como lo hizo para la revista Hogar y, quién sabe, tal vez hubiese prologado el libro sobre Perón en el que Facio plasmó el culto de los pobres y del resto del país por un lider que llegó a ocupar a la vez y para sus vastos seguidores los dos opuestos del espectro político: el de extrema izquierda y extrema derecha. Esa revolución la anticipó Roberto Artl en la figura de El Astrólogo en su majestuosa distopia Los siete locos. En esa novela El Astrologo promete organizar una revolución que sea un poco de todo para todos. Es decir: “una ensalda rusa” así la gente no tendría forma de saber de qué se trataba o para donde iba. A Borges le hubiese interesado hablar de las imágenes peronistas de Facio y de ese credo craso que es todo populismo.
El hecho de que Facio se convirtiera en la fotografa “oficial” de los íconos literarios latinoamericanos tanto de los que vivían como también de los que pasaban por Buenos Aires fue, como muchas cosas que trascienden su propia época, pura casualidad. Su primer “sujeto literario” no fue en la capital argentina sino en París fotografiando a un Julio Cortázar en su casa, bien razurado y de aspecto ultra juvenil -Julio siempre lo tuvo. Cortázar que siempre dijo estar interesado en la fotografía le advertia a Facio que esas fotos no iban a salir por la falta de luz. Facio le recordó que ella era la fotografa y por favor le dejara hacer su trabajo. Posterioremente ella publicaría un libro entero de las fotos de esa tarde. La fotógrafa confesó tener que haber estudiado la obra de su compatriota un poco antes de visitarlo en su piso parisino. Cortázar ya había publicado Rayuela y Sara Facio era una joven virtualmente desconocida. Después habría otras oportunidades de fotografiar a Cortázar y de hecho llegó a producir algunas de las instantaneas más recordadas del escritor que ya en la década de los 70 era un ídolo de la juventud y un autor que hoy día debería volver a ser recuperado y releído.










Lo otro por recordar es que Facio fotografió a los imperecederos de la literatura latinoamericana -tan solo los que escribían en español hay que advertir- en la época de los 60 y comienzo de los 70 cuando se estaba gestando ese proyecto sociocultural que fue el Boom novelesco. De ahí que tengamos las fotos que hizo de García Márquéz, Cortázar, Vargas Llosa y Fuentes pero también de sus predecedortes sin quienes ese Boom no hubiese sido posible: Borges, Paz, Rulfo y Neruda. Al igual hay fotos de Juan Carlos Onetti; Alejandra Pizarnik, una de las mejores voces de la poesía del siglo xx en cualquier idioma; de Agusto Roa Bastos, autor de una de las más complejas e impresionantes novelas jamás escritas en castellano: Yo el supremo y de Ernesto Sábato, el fisíco atómico convertido en escritor existencialista.

Una de las fotos más memorables de todos los escritores que Facio nos dejó para la posteridad fue la de Gabriel García Márquez cuando el novelista colombiano estuvo en su primera y única visita a Buenos Aires en 1967 con ocasión de la publicación de sus Cien años de soledad. Es una imagen lúdica, con Márquez sosteniendo en su cabeza un ejemplar de la primera edición de ese libro irrepetible publicado por Editorial Suramericana y que cambiaría la manera cómo el mundo nos iba a leer de ahí en adelante.
La foto es muy diciente ya que plasma la manera en que Facio fotografiaba a los escritores. Después de las obligatorias imágenes para las contraportadas o solapas de los libros y la publicidad editorial, ella los invitaba a su estudio en la Plaza Vicente López donde “los aburría” y dejaba que ellos hicieran lo que se les antojase. Sabato es fotografiado sopensando su tedio mientras estira las piernas sentado en un banco del parque; Roa Bastos aparece meditativo al final de una hilera de máscaras mientras que Carlos Fuentes parece estar recuperándose de una resaca de la noche anterior. Son fotos un tanto mundanas pero no por ello reveladoras en más de una manera, en particular si hemos tenido el privilegio de haber leído a estos autores.
Sara Facio siempre se definió como argentina y fotógrafa, en ese orden. En esa afirmación hay mucha modestia pero también un deseo inalienable de no ser encajonada dentro algún tipo de ideología o de postura política. Quizá haya sido la convulsionada historia de su país la que la hizo asumir una posición de verdadera artísta del obturador. Ella nos dió las fotografías y es a nosotros a quienes nos toca intepretarlas empleando o alejándonos de nuestros propios prejuicios. La responsabilidad de cómo respondemos a las expresiones artísticas es siempre nuestra. Sara Facio, estoy segura, nunca dejó de tenerlo así de claro.
Jennifer Smith is a regular contributor of our magazine. She lives in Yorkshire, England, with her two cats
Hermosa nota, meticulosa, me acuerdo ahora que empecé a amar a Cortázar por las fotos que no sabía que eran de Facio y la de GGM co el libro arriba que yo plagié.
Creo que hay un error en la foto de García Márquez. Es la misma que está atribuida a una fotógrafa catalana llamada “Colita”. Podéis verla en la exposición del CENTRO Niemeyer, ciudad de Avilés, España. Una sutil diferencia es que en una está un poco sonriendo tipo Gioconda. En la otra está más serio.