Con un nombre como Rodrigo Rodríguez uno no se espera un músico entrenado en los canones de la música clásica occidental y menos aún a un artísta argentino-español transformado por la ejecución del shakuhachi, la flauta de bambú japonesa tradicional asociada a la práctica del Zen y la meditación. Su discografía es un verdadero puente cultural y musical entre tradición y modernidad
Nació en Argentina a finales de la década de los 70 pero a la temprana de edad de seis años se trasladó a Mallorca, donde estudió música clásica y guitarra hasta sus veintiún años. Esos estudios se vieron de alguna manera interrumpidos por su primer contacto con el shakuhachi ocurrido a los veinte años, cuando quedó cautivado por su sonido y expresividad. Esa fascinación se tradujo en numerosas viajes a Japón para profundizar en la técnica y cultura del instrumento. Estudió en la International Shakuhachi Kenshu‑kan School, primero con Kakizakai Kaoru, discípulo de Katsuya Yokoyama, y desde 2009 con el Kohachiro Miyata, maestro, compositor y figura emblemática del shakuhachi contemporáneo en Japón.
La filosofía detrás de la música shakuhachi está asociada con el budismo zen, particularmente en el concepto de suizen (soplo o respiración zen). Durante siglos, el shakuhachi no fue solo un instrumento musical; fue una herramienta espiritual utilizada por monjes budistas zen errantes, conocidos como komusō (sacerdotes de la nada) quienes usaban la flauta como forma de meditación y un medio para alcanzar la iluminación y la autorrealización que son los fines metafísicos pero aún terrenales del budismo.
La filosofía de Rodrigo es combinar el respeto por el arte tradicional japonés con una toque personal y contemporáneo. Su estética tambien se sustenta en la búsqueda espiritual. Para él, el shakuhachi no es solo música, es respiración, silencio y contemplación. A través de su discografía y su función como instructor para la Conselleria de Educación y Cultura de las Islas Baleares, ha contribuido decisivamente a la difusión del shakuhachi en España y más allá. Podríamos decir que su suizen ya ha empezado a soplar en muchas otras latitudes.
Es innegable que lo que Rodríguez está haciendo es crear un puente musial y cultural entre dos tradicciones bastante diferentes. Desde 2006 con Inner Thoughts y Across the East, su música ha navegado entre el New Age, la World Music y la música contemporánea. Su primer álbum captó la atención de la discográfica estadounidense Gemini Sun Records. Ha publicado más de 37 trabajos, incluyendo interpretaciones de Kohachiro Miyata y álbumes como Zen, Shakuhachi Meditations y Shakuhachi Classics. En Zen (2022), combina shakuhachi con instrumentos tradicionales asiáticos como koto, guqin, yanqin y gayageum en un universo sonoro meditativo. Por otro lado, Shakuhachi Classics presenta adaptaciones del repertorio clásico occidental —Bach, Albinoni, Schubert, Brahms— transformadas por su sensibilidad íntima y técnica musical del shakuhachi, incluyendo el uso expresivo del muraiki, un susurro emotivo de aire controlado típico del instrumentista japonés.
Los origenes del shakuhachi se remontan a la era Nara y a los monjes komusō de la secta Fuke, para quienes tocarla era un suizen. Su sonido se caracteriza por sus tonalidades aireadas, tempi libres y el concepto japonés de ma (espacio dentro del sonido), esta flauta se distingue del flautín occidental por su vínculo directo con la introspección y el silencio. Rodríguez ha expandido las fronteras tradicionales del shakuhachi cultivando su lado melódico y emocional, adaptándolo a nuevas sensibilidades sin perder su esencia ni su conexión cultural Japonesa.
Entre la obras más destacadas del repertorio de este músico heterodoxo encontramos The Road of Hasekura Tsunenaga (2013): álbum dedicado al primer embajador japonés que visitó España, incluido como regalo oficial al Príncipe Naruhito durante el Año Dual España-Japón. Adaptaciones medievales y clásicas, como cantigas de Alfonso X el Sabio o el Adagio del Concierto de Aranjuez, reinterpretadas con shakuhachi y guitarra clásica; así como también colaboraciones artísticas recientes con obras cinematográficas, bandas sonoras de videojuegos y piezas épicas con carácter narrativo y emocional como Ambient Sketches, inspiradas en sonido drone y música atmosférica post-Covid.
Para mayor información del trabajo y los futuros recitales de Rodrigo Rodríguez, pueden visitar su página electrónica. Y para una selección de sus vídeo en YouTube pulse aquí
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