Por Miravel Ladino
Su nombre real es Florence Welch y en 2007 saltó a la escena del rock britanico con un gusto, un brío y una voz que veinte años más tarde no ha perdido en nada su potencia. Nuestra crítica musical estuvo en la O2 Arena de Londres para ver su último espectáculo músical en vivo
Es un martes por la noche y la Jubilee Line del Tube de Londres está llena de mujeres, mujeres solas y también muchas otras con parejas. Y a pesar de lo concurrido del vagón donde viajo, las charlas son animadas pausadas y casi inaudibles, nada de la explicita agresividad masculina que se siente y se oye camino a un partido de fútbol y un concierto de rock duro. Pero rock es lo que Florence Welch (también conocida como Florence and The Machine) canta y lo hace con una vehemencia y una convicción tal que lo que presenciamos en Greenwich fue una comunión espiritual que solo se puede experimentar en conciertos de rock. Aquí he de hacer la excepción con otros tipos de música pues a pesar de lo sublime que sean el Concierto para Violín o la Sinfonía Número 4 de Brahms, son composiciones musicales que no provocan el éxtasis de 20 mil y más personas saltando, absorbiendo y aplaudiendo en unison cada nota cantada por una artísta cuyo histrionismo parece, en momentos, amilanar el poder musical que posee.
Inglaterra ha producido varias divas del rock. La indisputable número uno es Kate Bush, pero con el mismo aliento que se le menciona también se pueden mentar los nombres de P.J. Harvey, Siouxsie Sioux y hasta la ahora enmudecida Dido. No obstante, de todos estos nombres solo Dido y Florence son el epítome de la hermandad femenina; chanteuses cuyo poder vocal, harmonias y letras evocan a la vez el poderío y la vulnerabilidad de la mujer. Es posible que esta contradicción explique el secreto de su éxito y la devoción de sus seguidoras.


Si Miss Welch hubiera nacido en Nueva Inglaterra a finales del siglo XVII lo más probable es que hubiese sido ahorcada por pelirroja y por poseer un aura de hechicera. Y esta hipótesis la hago por que el tema de la marginalidad feminina es el leitmotiv de su obra musical. La marginalidad de la mujer por ser emocionalmente más apta que el hombre, por estar más a tono con la naturaleza y sus ciclos, por ser el ser sensual y reproductor. La otra marginalidad que se evidencia en las canciones de Florence es la de la inestabilidad mental. No es gratuito entonces que en el pasado mujeres con enfermedades mentales fuesen “acusadas” de posesión diabólica. Este es un tema recurrente en sus composiciones, así Which Witch, Seven Devils y el nuevo tema Witch Dance son parte de la lista de canciones en esta gira. Fue una noche en que Florence fue muchas cosas a la vez: pitonisa, sacerdotiza descalza, modelo de pasarela (la forma en que más de una vez camina onduleando su esbelto cuerpo), soprano suprema y estrella de rock pre-rafaelita con esa larga cabellera y su vestido rojo.
Tras siete álbumes y numerosas canciones reconocibles, el repertorio de la noche bien puedo haber sido una larga lista de temas conocidos. En cambio lo que se escuchó fueron la mitad de las composiciones de su último elepé: Everybody Screams, Music by Men, Sympathy Magic y One Of The Greatest en el que aparece invitado el guitarrista Mark Bowen. La velada obviamente incluyó canciones del pasado como Dog Days Are Over, Shake it Out y Cosmic Love.
En su música, su apariencia física e inclusive en la existencia de The Machine que la ha apoyado desde un comienzo, hay una cualidad de permanencia, una continuidad palpable; es como si los últimos veinte años no hubiesen pasado en absoluto. Su arte es The Old Religión en la cual bebemos del caliz de un género musical que ya le pertenece a todas las generaciones bajo todas las banderas y en todos los idiomas. Lo que Florence and The Machine nos sigue ofreciendo es, en estos días aciagos, tan bienvenido como la leche o el perfume.
Miravel Ladino es una de las escritoras de planta de nuestra revista que escribe sobre música. Ella es madre de familia y profesora de música en una escuela secundaria de Nottingham. También es autora de libros infantiles.
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