A manera de complemento de la reseña de A Complete Unknown, la película sobre la conversión eléctrica de Dylan en una noche dominical de 1965, hemos decidido compartir con ustedes interpretaciones de su música con tres temas diferentes. Todas de agrupaciones rock muy conocidas y populares. Un tanto paradójico si recordamos que el rock es un género musical que Dylan mismo nunca ha apreciado mucho
In My Time of Dying: Led Zeppelin
Dylan está en boga. Se dice que su biografía fílmica está expandiendo su fama a un gran número de personas que hasta ahora ha permanecido indiferente al mesianismo de sus letras y su voz de búho exhausto. Es un bardo hablándonos en parábolas religiosas sobre retribución cósmica y purga de almas. Lo curioso es que el primero de los temas es de un grupo que muy pocas personas asociarían con Bob Dylan. Lo harían sin problema alguno con figuras del delta del Misisipi, pero no con la música de un personaje que habla en metáforas bíblicas.
En la cúspide de su fama, a mediados de los 70, Led Zeppelin produjo un álbum doble bajo su propio sello. Physical Graffiti fueron un par de vinilos hechos con retazos de varias canciones grabadas con antelación. No así, hubo tres canciones que fueron centrales en la producción inicial de ese álbum: Kashmir, In My Time of Dying y In The Light. La segunda de esas canciones usa la métrica y la letra, palabra por palabra, de Bob Dylan aunque en el álbum la composición es atribuida a Jimmy Page y Robert Plant. Es una de las canciones más largas grabada por Led Zeppelin en un estudio. Hay quienes no están convencidos de que sea uno de sus mejores momentos, aunque cuando se grabó Page al parecer pensaba lo contrario. El tema empieza con un lamento de guitarra para luego adquirir bastante brío, pero luego parece perder un poco de tempo en la segunda parte hacia el final. Plant le canta al Arcángel Gabriel, a Jesús y de alas que caen en pleno vuelo, no muy zeppelinesco la verdad. Al menos el pedal de Bonham y la guitarra de Page hacen que el tema sea escuchable hasta el final.
Knocking on Heaven’s Door: Guns And Roses
Guns and Roses fue una agrupación que disfrutó de un ascenso meteórico a la fama, pero cuya realidad interna fue poco menos que patética. Apareció a mediados de los 80 y tan solo cinco años después ya eran historia con la llegada de Nirvana. Mucha de su energía creativa se disipó en disputas internas, en querellas con su público y con promotores por retrasos y cancelaciones en más de una ocasión. Eran excesos no justificados. Ellos siempre fueron más “guns” que “roses” pues estaban dispuestos a protagonizar los mismos excesos de la década anterior de bandas como The Who, The Rolling Stones y Led Zeppelin. Era el ya trillado circo de rock repitiendo los mismos errores y malgastando oportunidades. Knocking on Heaven’s Door es la canción de un alguacil moribundo que se escuchó por primera vez en la banda sonora de la película Billy the Kid de 1973. Líricamente, hay que decirlo, la banda acribilla una de las composiciones más icónicas del repertorio dylanesco reduciéndola a solo un coro. Quizá les dio pereza cantar más de un verso del tema original. Axl Rose, su cantante, afirmó que la razón para grabar este tema fue un violento encontrón con un oficial de policía que lo dejó tendido en una cama de hospital por varios días. Fue una refriega tan desafortunada que Rose se obsesionó con la canción y tras conversar con Slash, su guitarrista, decidieron grabarla dándole una sección rítmica de balada rock con algo de sol californiano, musicalmente hablando. Es un tema que ha sido interpretado por numerosos artistas, pero esta versión de Guns and Roses es una de las más populares y se convirtió en una de las piezas centrales del grupo. Escuchándola, se da uno cuenta por qué.
All Along the Watchtower: The Jimmy Hendrix Experience
Si hay una canción que un artista se haya apropiado de ella y la haya convertido en suya musical, estilística y espiritualmente, es esta. El vídeo aquí reproducido por IA amerita él solo la publicación de este artículo, aunque se me instruyó que encontrara por lo menos tres o más temas, todos diferentes, de otros artistas interpretando a Dylan. Harto documentado es el hecho que Dylan estaba tan impresionado con esta versión que declaró que la canción no era suya sino de Jimmy Hendrix. Tras el fallecimiento del guitarrista, Dylan la siguió interpretando en vivo solo como tributo a Hendrix. Aquí el mejor guitarrista de la historia del rock toma una composición que habla de una fatalidad inminente -“dos jinetes se acercan a la torre y el viento comienza a aullar”- y la convierte en algo diferente: una descarga sónica con una guitarra explosiva llena de distorsión y reverberación. La forma en que Hendrix la canta hace que se convierta en un grito libertario y en un conjunto de imágenes en contra del autoritarismo. Algo totalmente diferente a la versión original y la que con el paso del tiempo se ha convertido en la versión definitiva. Ojalá disfruten, igualmente, del vídeo.
Teo Dunaljo es un escritor y crítico musical afincado en la ciudad inglesa de Birmingham. Es un colaborador habitual de Perro Negro y es autor de una colección de cuentos bajo el título Deja que la luna no salga.
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