Por Isabel F Bussy
¿Se han percatado que la literatura está llena de poemas, odas y cuentos a gatos pero que lo mismo no sucede con los perros, siendo estos más cercanos a eso que es humano demasido humano? Desde Buenos Aires, nuestra joven y apreciada colaboradora nos muestra como sí se puede escribir prosa de laude canino con una sensibilidad genuina e inteligencia poética. Su nombre, si se lo preguntan, es Tina
Ojalá supiera cómo escribirte. Qué arrogancia la mía, intentar poner en palabras algo —alguien— que ni siquiera alcanzo a entender. Duermes a mi lado cada noche; lo sé porque mis sueños se aferran a la simetría de tu aliento, al soplo templado que escapa tu nariz.
Te busco en mis pesadillas, encontrando mi mano sobre tu espalda, sobre tu pelaje teñido de estigia indistinguible en la oscuridad. Espero, porque no me queda otra, a que inhales un par de veces antes de volver a dormir… como si la Noche te reclamara para sí y te hubiera llevado en silencio.
A veces pienso que me imitabas, con las orejas acostadas y la correa tirante, temiendo incomodar hasta el viento. Rodeabas esquinas, avanzabas sin detenerte siquiera a olfatear las flores que asomaban del asfalto, a encarar al gato que te bufaba o, al menos, mear sobre el zapato de algún ajeno. Nunca hiciste un sonido, ni siquiera la sombra de un gruñido. Era como si el sonido pudiera retroceder, devolverse, y no pudieras tragar el eco de tu propia voz. Solo entonces me di cuenta de que yo también había estado en silencio.
Formamos pactos únicamente en los vacíos que se entrelaza entre cada luz del día: el cascado de mis cordones al atarse, tu jadeo atrapado en tu lengua, las llaves revolviéndose en mis bolsillos, el suspiro que exhalas justo antes de dejarte llevar por la penumbra del sueño.
Encontré tus ojos de luna llena, rasgados e impenetrables, debajo de mi cama con frecuencia de sobra. Me miraban, demasiado anclados como para compartir espacio con algo más que no fuese duda. Intenté salvarme salvándote. Intenté salvarte salvándome… como si ningún número de jazmines florecientes, ningún Mishima ni Soseki pudieran salvarnos a ambas del suicidio.
Tal vez por eso suspiras tan a menudo, con ese tipo de suspiro que parece recordarte respirar. Porque me esperaste, con paciencia y con la misma piedad que desearía haberte otorgado desde el principio.
Isabel F Bussy es una joven escritora argentina, traductora y estudiante de medicina que hasta hace poco residía en Florida y ahora esta afincada en Buenos Aires. La terquedad de su generosidad la ha convertido en una colaborada esencial y multifaceta de nuestra revista. Esta es su quinta entrega original para Perro Negro sin contar sus transcripciones y traducciones de ensayos y notas filosóficas de Alfonso Reyes y Estanislao Zuleta.
Hermosa poesía……