Muchos desconocen que el autor de Así habló Zaratrusta y Humano demasiado humano no solo ponderó y epigramó sobre la música, sino que también compuso piezas para piano y, ocasionalmente, violín. Y aunque sería un despropósito compararlo con Wagner y Brahms, sus coterráneos contemporáneos, su música está más allá del bien, ya que no está nada mal. Aquí una breve nota genealógica acompañada de una selección musical para que juzguen por ustedes mismos
Una de las máximas nietzscheanas más citadas es su aforismo número 33 en El ocaso de los dioses donde Friedrich, siempre reprensible y ebrio de romanticismo, sentenció: “Sin música la vida sería un error.” Una frase bastante ostensible dirán algunos. No así, desde las matemáticas melodiosas de la harmonía universal escuchada por Pitágoras en su “música de las esferas” hasta nuestros días, filósofos han reflexionado sobre ese arte tan indescifrable y han especulado sobre su jerarquía en la escala de emociones y experiencias humanas. Pero sucede que en el caso de Nietzsche, él no solo reflexionó sobre la naturaleza y el papel de la música en nuestras vidas sino que también compuso.
Si hemos de hacer una breve genealogía de filosofía y música, debemos comenzar con el ya mencionado Pitágoras, quien sentó las bases de la teoría musical de Occidente con base en relaciones matemáticas. Luego Platón, muy influenciado filosóficamente por aquel, le otorgó a la música un efecto directo sobre el alma y la “ley moral” que según él debería gobernarla. Su discípulo, Aristóteles, siempre menos idealista y más pragmático que su maestro, le confería a la música un valor público, ya que ayuda al “crecimiento” personal y al “desarrollo” moral a través de actividades de ocio. Seis siglos y medio más tarde, San Agustín entendió la música como una poderosa herramienta de elevación espiritual mediante los cantos religiosos, pero el gran obispo de la cristiandad también confesó su lucha personal contra el deleite sensorial que podía causar, buscando siempre que el placer estético no superara el propósito espiritual.
Un poco más cerca a nosotros, Kant creyó haber solucionado la dicotomía entre empiristas y racionalistas y le asignó a la música -de manera predecible- un papel menos transcendental e importante. En el discurso kantiano la música es un arte del placer pero inferior a la poesía o la pintura ya que opera sobre las sensaciones, aunque, según él, carece de contenido conceptual. Kant veía la música como “un juego de sensaciones” capaz de evocar emociones e ideas estéticas mediante sus estructuras, pero menos idónea para transmitir pensamientos realmente profundos en comparación con otras artes.
Eine Sylvesternacht fur Violin und Klavier (Una noche vieja o de San Silvestre – 1863).
“Es solo mediante un fenómeno estético que la existencia y el mundo están eternamente justificados” –
El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música
En El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer, filósofo del pesimismo, sucesor de Kant y maestro inspirador de Nietzsche, arguye que la música es “el arte por excelencia al cual aspiran todas las otras artes” y un lenguaje universal que expresa la esencia y emociones del mundo de una manera que es a la vez fácil de entender pero igualmente inexplicable. Hegel, ese otro postkantiano, a quien Schopenhauer detestaba y consideraba su rival parece ejecutar una acrobacia dialéctica cuando categoriza la música. Se aleja inicialmente de Kant para, en segunda instancia, corroborarlo. Hegel vio la música como un arte altamente subjetivo, profundamente anclado en el tiempo, el sentimiento y la intimidad del ser. Él equiparó su brevedad y temporalidad a la naturaleza humana y la vio capaz de expresar emociones sin un contenido específico, permitiendo de esta manera tanto la transcendencia como la generación de un significado subjetivo. No obstante, Hegel creía que aunque la música alcanza su más alto potencial de manera independiente, su naturaleza abstracta le impide determinar significado alguno sin la ayuda del lenguaje, ubicándola de esta manera en “una jerarquía del desarrollo de las artes” donde el lenguaje o las ciencias son las únicas capaces de proveernos de formas de expresión más completas.
Heldenklage (Lamento de héroe – 1862)
“En la música, las pasiones disfrutan de ellas mismas”
Más allá del bien y el mal, aforismo 106
En estos escrutinios sobre la música, no deja de ser notorio e irónico la postura utilitarista de aquellos pensadores sistemáticos como Platón, Aristóteles, San Agustín, Kant y Hegel comparada con la de los pesimistas Schopenhauer y Nietzsche para quienes la música no solo es un escape y antídoto del sufrimiento humano sino asimismo el fenómeno estético más glorioso en la afirmación de nuestra existencia.
Pero ¿qué decir de la música compuesta por Nietzsche? Desde un punto de vista meramente técnico y como compositor musical, él es un aficionado talentoso. Estrictamente musical, sus obras son generalmente consideradas modestas y derivativas de la época. Aunque no hay que olvidar que el tiempo que le dedicó a sus composiciones musicales fue bastante breve (entre 1858 y 1864 en la gran mayoría de ellas). De ahí que no nos deba sorprender que su filosofía sea mucho más conocida que su música pero sí nos debe alegrar que contemos con una faceta mucho más íntima, personal y reconfortante; en especial de un pensador que nos enseñó a celebrar la vida en toda su plenitud, incluyendo, por supuesto, el de su sentido trágico. Así que hemos de seguir bailando, tan frecuentemente como sea posible, para regocijarnos de estar con vida mientras nos sabemos dichosos que algún día pereceremos.
Si deseas escuchar todas las composiciones para piano de Nietzsche, pulsa aquí. Y si deseas comparar la Zigeunertanz de Nietzsche con una danza húngara de Brahms lo puedes hacer aquí.
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